No diferenciaremos lo verdadero de la falso, buscaremos lo más falso que lo falso: la ilusión y la apariencia. Jean Baudrillard, Las estrategias fatales
“Analogías de la realidad”, exposición de Norton Maza, se abrió a inicios de agosto en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) ante un enorme público. No era para menos. La impresión suscitada por la instalación que nombraba la muestra superaba cualquiera expectativa escuchada sobre esta obra monumental del artista chileno. En el hall principal del edificio neoclásico afrancesado, rodeado de un doble patio de columnas y bajo la cúpula central, un camión antidisturbios se hallaba suspendido –literalmente– en el espacio. En un punto de equilibrio imposible, como si el tiempo hubiese colapsado, la masa gris parecía colisionar en los remanentes de una barricada poblada de objetos cotidianos caseros.

Tal como lo define Baudrillard: “Si el éxtasis es la cualidad propia de todo cuerpo que gira sobre sí mismo hasta la pérdida de sentido (entonces) la simulación es el éxtasis de lo real” (1). El objeto nos atrapaba y el impacto era casi redundante al éxtasis, pues nos tomaba por sorpresa el simulacro de algo más real que lo real. Lo que es lo mismo, aquellas formas vacías atraían y arrastraban, a pesar de saber, más allá de lo imaginado, su verdadero peligro. Más bien, diría que estábamos frente al espectáculo de una hiperrealidad escapada de la calle, en la forma de un objeto introducido mágicamente al recinto del MAC, para quedar ralentizado como imagen en 3D. ¿Es eso parte de las estrategias fatales?
Para hacerlo más intrigante, en el remate superior del vehículo, dos guacamayos azules –especie en peligro de extinción– permanecían posados tranquilamente. La pregunta que surgía era: ¿acaso son artefactos pertenecientes a cierta distopía o acontecimiento post-apocalíptico en un espacio y temporalidad paralelos? Al acercarnos, lo que pretendía ser una barricada, más bien era un lugar residual, como si la esperada colisión fuera en el basurero de una casucha. Quizás, la presencia de pozas de agua y el aparente abandono habían atraído a los pájaros. Paralelamente, en otra galería, Fragmentos de un impacto, realizado con pedruscos y restos recogidos de las protestas, fueron cubiertos por fragmentos simulados de paisajes idílicos, como islas que flotaran en el espacio, algo que me recordó el filme Solaris del ruso Tarkovsky. ¿Sobre qué hiperrealidad estaríamos entonces discursando que no fuera la de una catástrofe resultado de un conflicto político-social, ecológico, o una imagen casi arqueológica desenlace del Antropoceno? Cualquiera de las versiones planteadas, creo que serían perfectamente viables.
Para Norton Maza, un artista bastante anómalo en el contexto chileno, sus “maquetas” a escala 1-1 son parte de ese juego lúdico para atraer a los espectadores con su mezcla de historias y realidades (2). Diría más bien que estos simulacros y juegos con lo real plantean otro tipo de tensiones en el contexto artístico y la realidad política-social de un Chile remecido desde el “Estallido” del 18.10.2019. Se han vivido momentos históricos, con protestas masivas de casi millones de personas por las calles de Santiago y otras ciudades del país. Ha cambiado el gobierno. ¿Pero, en realidad, ha colapsado el sistema que generó tanta violencia e inequidad?
Un objeto como esa tanqueta antidisturbios, colisionando en la institución museo, más allá de la estrategia postmoderna del simulacro, apunta a otro tipo de táctica muy utilizada por algunos artistas latinoamericanos. Comparte la habilidad de utilizar materiales frágiles y de low cost para camuflar la imagen espectacular por representar. Sin eludir el vaciamiento de formas extáticas, diría que son maniobras de apropiación y simulación travestidas totalmente por la tensión entre la materialidad y la multiplicidad de sentidos. De esa manera, Norton Maza demuestra su fuerte filiación a la escena cubana de los ochenta, lugar donde estudió artes, al compartir prácticas objetuales de artistas formados en esa década, como los exintegrantes de Los Carpinteros, Esterio Segura, Kcho, por mencionar algunos.
Me parece más pertinente la noción que desarrolló José Luis Brea sobre el barroco, para referirme a la totalidad de obras de Norton Maza. Una es sobre el antihistoricismo en el espacio de la representación, al abarcar y desplegar en el acontecimiento, simultáneamente, su “actualidad y memoria, su pasado y su futuro” (3). Por otra parte, en su afán de saturar la imagen con palimpsestos de referencias y citas icónicas cruzadas, la hace aparecer como una explosión agónica de significados. Ambos criterios pueden aplicarse en todas sus series de fotografías con maquetas construidas –como los artefactos de Thomas Demand, pero sin su frialdad–, desde su Estudio para la sinfonía del poder eterno (2007) hasta sus instalaciones monumentales, como El rapto (2016).
Podría plantearse, finalmente, si acaso la tragedia que anuncia “Analogías de la realidad” (2022), no es precisamente el sueño mismo del modelo barroco, sino, más bien, la re-presentación del colapso-catástrofe (4) como espectáculo que disfrutamos en sustitución de lo real. En todo caso, Norton Maza hace cuestionarnos de nuevo el sentido de la imagen, en tiempos de incertidumbre. Con su juego de apariencias detona, subliminalmente, la presencia palpable de ese presente eterno que pareciera colapsar un posible futuro, en el momento de la mirada.
NOTAS
1. Baudrillard, Jean (1984). Las estrategias fatales. Barcelona: Editorial Anagrama. Pág. 8.
2. Preguntas realizadas al artista el 13.09.2022.
3. Brea, José Luis (1989). “Por una economía barroca de la representación”. En Los manifiestos del arte posmoderno: textos de exposiciones (1980-1995). Edit., Anna Maria Guasch. Madrid: Ediciones Akal. Págs. 225-227.
4. Me refiero a la acepción que desarrolla Baudrillard sobre catástrofe, al comentar que: “… es el evento bruto máximo, también en este caso el más eventual que el evento –pero el evento sin consecuencias y que deja al mundo en suspenso”. Ibíd. pág. 15.
DERMIS LEÓN
