La obra de Lucía Pizzani (Caracas, 1975) se estructura a partir de las relaciones entre el cuerpo y la naturaleza, los procesos de vida y muerte que surgen entre ambos; las migraciones, las metamorfosis de la piel y la fragilidad del tiempo. La exposición “Tiempo membrana”, con curaduría de Lorena González, reúne cerca de cincuenta piezas, distribuidas en series, obras individuales, un mural de arcilla realizado in situ y registros de performances. En sala, no se dispuso un ciclo cronológico o lineal, sino que siguió un recorrido circular de relaciones entre las obras y las series, de acuerdo con los materiales y conceptos utilizados en cada una de ellas. Los catorce años que recorren la exposición revelan una trayectoria sólida y coherente, de talante poético y a la vez doloroso, que se despliega entre membranas traslúcidas, cuerpos redimidos, cuerpos lacerados, surcos, hendiduras, especies botánicas, cortezas de árboles, capullos, larvas, barro consagrado, tierras orgánicas, hojas, semillas, o pieles en transmutación.

Los procesos de migración han sido experiencias muy cercanas a Pizzani desde la infancia, y ese estado de estar en un lugar, pero pertenecer a otro, esa condición de ser-en-el-otro, de mudar de ciudad y mudar de cuerpo y espacio, cruza el desarrollo de las obras presentes en esta exposición. Se expresa, por ejemplo, en Cortezas e Híbrida, de 2021, una serie de fotografías del cuerpo de Lucía Pizzani envuelto en una doble piel elaborada en cerámica. El cambio de piel que vemos en los animales como un recurso de regeneración y sanación, lo proyecta esta artista en el ser humano, cuando abandona una antigua piel que entra en mutación. El performance Ritual circular, de 2022, insiste en la creación de la doble máscara, segunda piel. La idea se encuentra anclada en la obra de Pizzani desde hace algunos años, integrando corazas animales y revisando rituales mesoamericanos como el del dios azteca Xipe Totec, quien vestía la piel del guerrero vencido para marcar el inicio del cultivo de maíz, la vida que nace de la muerte. La doble mano, o el doble rostro, son una clara alegoría a la transmutación que conduce a una nueva vida. La expresión de la vida que brota de las entrañas, se aprecia también en Cuenca, de 2013, una serie de cuatro fotografías que registran el nacimiento de la vida, que surge de enormes vasijas elaboradas con técnicas tradicionales, en una población de mujeres alfareras. El cuerpo de la artista que abandona el barro y sale a la vida da cuerpo a las vasijas, que, a su vez, tienen forma de caderas y dan luz al nacimiento, la transformación en el acto de nacer.
Esta metáfora de la transformación y la renovación, la vemos en su mayor esplendor en la instalación Mariposario, compuesta por cerámicas esmaltadas que semejan capullos de mariposas, colocadas en la pared, entre plantas, a la espera de su nacimiento. Estos capullos se concentran en torno al Video Cronógrafo Monarca: doce capullos de mariposas monarca, organizadas en el sentido de las agujas y las horas del reloj, fueron grabados en tiempo real hasta el desprendimiento de cada mariposa, que nace de su capullo y toma vuelo al nacer. El registro en video, que finalmente reveló nueve nacimientos, dos muertes y una desaparición, es una nítida representación de la fragilidad y la fuerza de la vida que despega, pero también de la migración, de lo que se transforma. Las cerámicas de los embriones, con numerosas capas de esmalte –a punto de perecer para alumbrar la vida de la mariposa–, fueron llevadas a escala humana en forma de capullos textiles, habitados por mujeres, quienes, en medio de un bosque, intentaban salir de aquella piel. El video de esta acción recurrente a una segunda piel, forma parte de la exposición, bajo el título de “Las cáscaras”, de 2013, así como una edición de grabados de los capullos en pequeñas placas de colodión húmedo.
La experimentación y el empleo de técnicas alternativas en la producción de la obra son otros de los recursos con los que Lucía Pizzani fortalece su compromiso con el medioambiente y la defensa de la ecología. Lo vemos en Membranas solares, de 2022, una serie de tres piezas, donde utiliza la impresión solar con tinta fotosensible sobre muselina, para grabar las huellas de las vainas cargadas de semillas de los guajes, una planta local de Oaxaca, donde realizaba una residencia. Pintó sobre la impresión y, con las sombras dejadas por las plantas, realizó figuras antropomórficas y otras abstractas, como un homenaje a la Estrella Solar que hace posible la vida en la Tierra. La suavidad de la muselina permite que las obras floten en los espacios de la sala de exposiciones y se transformen nuevamente en otra piel, en otra membrana. Bajo ello, yace una conexión simbólica con la naturaleza, lo femenino y el ambiente. Esto indica cómo los ejes conceptuales primordiales de la narrativa de Pizzani, se manifiestan con igual capacidad expresiva y de investigación, en diferentes medios, escalas y estrategias de representación.
MARÍA LUZ CÁRDENAS
