Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Max Hernández-Calvo

Katherinne Fiedler

Galería del Paseo

La muestra “Lo inmenso y lo pequeño” reúne una serie de fotografías, videos y una escultura de la artista peruana Katherinne Fiedler que abordan los tiempos del cuerpo, del deseo, del afecto y de la vida, a modo de naturalezas muertas y peculiares paisajes. De hecho, Fiedler habla del “deseo como paisaje”, idea que explora en sus videos, característicamente intrigantes.

En algún lugar (2021) nos muestra una serpiente deslizándose e introduciéndose dentro de una caracola de mar, mientras suena una composición musical que potencia la sensación de extrañeza del video. La cámara nos muestra acercamientos de este encuentro, que, al centrarse en el detalle de las texturas (la piel escamosa de la serpiente, la suavidad del nácar de la concha) y la cadencia del movimiento, impide tener un claro sentido de la escala. Por último, la cámara graba la concha entera, pero la serpiente nunca se ve por completo, al estar parcialmente inserta dentro de la caracola. En el video Habitar (2022), vemos a una serpiente albina recorrer unas formas curvas, también blancas. Se trata de moldes de yeso que han sido tomados del cuerpo de la artista, que recuerdan cascarones. La cámara hace acercamientos que resaltan la suavidad del movimiento y el roce de la piel del animal con el sustituto del cuerpo de la artista, destacando las texturas de ambos, para luego mostrar un conjunto de moldes apilados entre los que la serpiente se esconde.

Exposición Individual: Katherinne Fiedler — imagen 1
Katherinne Fiedler. Lo inmenso y lo pequeño, 2022. Impresión por inyección de tinta sobre papel de algodón Satin Photo Rag. 120 x 96 cm (47 ¼ x 37 51/64 pulgadas). Cortesía de Galería del Paseo y la artista.

En ambas obras hay un componente erótico, pero también algo misterioso y potencialmente aterrador. Porque, si bien vemos un encuentro, ¿qué clase encuentro es este? La cita que Fiedler pretende pactar aquí es entre lo animado y lo inanimado, algo que se hace patente en los acercamientos que contraponen el movimiento ágil de la serpiente a la inmovilidad de la concha o el molde. Pero más que la oposición entre animado e inanimado, lo que la artista despliega ante nosotros es una búsqueda: la danza de la serpiente con la concha marina, o de la serpiente con los moldes del cuerpo de la artista, apunta a conjurar, seductoramente, la aparición de un cuerpo ausente. A fin de cuentas, tanto la concha marina como los moldes de yeso remiten a un ser vivo que ya no está: por un lado, el molusco que generó la concha, y, por otro, el cuerpo al que le sacaron molde, asimismo ausentes de la escena. No en vano, la concha y los moldes muestran compartir ciertos rasgos formales en los videos de Fiedler.

Por otra parte, hay una pregunta tácita pendiente lanzada desde el título mismo de la muestra: ¿qué es inmenso y que es pequeño aquí? ¿Es acaso una escala determinada internamente, como una escala de los cuerpos y las respuestas físicas y emocionales que generan unos en otros? Por ejemplo, la inmensidad del deseo y el afecto y lo pequeños que pueden ser el tacto o los puntos corporales de estímulo. Pero también podría ser la inmensidad de la muerte.

Las fotografías parecen sugerir tal cosa. En dichas imágenes, vemos instantes de quietud, algo reforzado por el uso predominante de color blanco. Las fotos hacen referencia al deseo y la sensualidad, por medio de las formas y la presencia de elementos como flores, conchas, serpientes, etc. Pero dicha quietud desconcierta, porque es la de un instante detenido y, quizás, fuera del tiempo. Un ejemplo de ello es la obra Lo inmenso y lo pequeño (2022), en la que vemos la mano de la artista sosteniendo una flor (otro elemento orgánico que evoca partes del cuerpo humano). ¿Sostiene la flor o la estruja? ¿Caricia o agresión? Huésped (2022) muestra un ramo de flores y una tarántula que camina sobre ellas. Por su posición, percibimos la lentitud del movimiento de la araña, delicada, acechante, sensual, peligrosa. En el díptico Refugio I y II (2022), vemos una concha marina que tiene en su interior una cola peluda (acaso la de un zorro) y una serpiente enrollada, respectivamente. Aunque se sugiera la sensualidad del tacto, la protección de este refugio está habilitada por la muerte del molusco.

Esta alusión a la muerte es recurrente: las flores cortadas (No hay reposo, Filo oscuro, Huésped), las conchas marinas, o de forma más oblicua, los moldes de yeso. Pero también la serpiente y la araña, pues se trata de animales que consideramos potencialmente mortíferos. He ahí la dimensión de memento mori que tiene la obra de Fiedler, quien reelabora la pauta del género vanitas. Pero la artista introduce un giro, porque no solo remite a la muerte misma, sino a “la petite morte”, esa pequeña muerte, como llaman los franceses al orgasmo. Lo inmenso y lo pequeño acaso son ese instante de vida y muerte, ferozmente efímero, que nos recuerda que el encuentro con el otro puede trastornar y transformar nuestra vida.

MAX HERNÁNDEZ CALVO

Katherinne Fiedler, por Max Hernández-Calvo | artnexus