En alianza con SPAZIO ZERO Galería, la Sala TAC, Trasnocho Arte Contacto, presentó “Michelena Medusa. José Vivenes”, entre el 9 de abril y el 12 de junio del año en curso. Esta propuesta se inscribe dentro de las posturas revisionistas en las que el autor ha indagado consecutivamente en sus producciones de los últimos años, como puede apreciarse en las muestras “Basta de falsos héroes” (2018), “Historia de una infamia” (2018), “Hartazgo de la fauna” (2021) y “Doblepensar” (2021). En esta individual, conformada por sesenta y tres piezas, confluyen dos vertientes principales que caracterizan el trabajo del artista monaguense: lo pictórico como expresión plástica y lo narrativo como proceso de reflexión crítica.

Con una mirada acuciosa, Vivenes (Maturín, 1977) explora los discursos hegemónicos, desmonta las iconografías oficialistas y escudriña los relatos propagandísticos que han sido idealizados –y cristalizados– a lo largo del tiempo como testimonios inamovibles, bien sea sobre la historia patria, la historia del arte o la cultura. Óleos, lienzos, collages y ensamblajes mantienen un hilo conductor –que incluye apuntes, bocetos y anotaciones– revelado en facetas, gracias a un montaje espaciado y una calculada combinación entre técnicas y formatos de distintos tamaños.
Procedentes de la tradición visual occidental, las temáticas desarrolladas en este recorrido se relacionan mayormente con la obra del gran pintor venezolano del siglo XIX Arturo Michelena (estado Carabobo, 1863-Caracas, 1898), cuyo legado configura el epicentro a partir del cual Vivenes extrae los motivos que reelabora en una secuencia de retratos ecuestres, personajes, sucesos heroicos, corridas y cacerías. Las escenas representadas por Michelena son el referente que forma parte de la memoria personal y colectiva; de ahí que se constituya en la fuente de inspiración con la que gestiona diferentes significaciones, vinculadas con el acontecer político y social de la actualidad, lo que plantea un juego de temporalidad entre pasado y presente.
La vara rota, ejecutada en 1892, es una de las composiciones del célebre creador decimonónico que detalla el trágico desenlace en un ruedo taurino, donde el toro ataca al caballo frente al estupor del público asistente. Vivenes parte de la acción inmovilizada, disecciona el conjunto, separa los elementos y los dispersa para darles vida propia en nuevas y renombradas telas, tal como se observa en Simple abertura de la boca, de 2015, cuyos trazos, imbuidos de degradaciones blancas, marrones y negras, dibujan el cuerpo yacente de un corcel en agonía. Asimismo, ensaya otras interpretaciones sustentadas en ese mismo ejemplo, tituladas Un acontecimiento pintoresco, de 2021; Algo pintoresco, de 2021; Aparentemente pintoresco, de 2021, y Desdoblamiento, de 2021; estos encuadres se vislumbran como una suerte de revisitaciones –o más concretamente, como “un tema con variaciones”– que redimensionan la pintura original, lo que le permite sugerir diversas lecturas estéticas. Fecundo en sólo el instante que deja el campo libre a la imaginación, de 2021, es un óleo que describe dos caballos, uno de cuerpo entero, montado por una semifigura esbozada al dorso, y el otro, con solo la cabeza asomada desde el margen extremo izquierdo, ambos dispuestos en medio de un fondo amarillo-ocre que cubre el entorno paisajístico. La pincelada gestual señala la precipitación desenfrenada de los cuadrúpedos, que aluden al monumental lienzo –700 x 433 cm– de Michelena conocido como Pentesilea, de 1891.
Con esa misma gestualidad realiza Naturalidad, de 2022, basada en el retrato de La joven madre, de 1889, que ilustra a una hermosa y distinguida dama blanca ataviada con un vestido rosado, con su hijo en el regazo, sustituida ahora intencionalmente por la imagen de una mulata con su niño sobre las piernas; lo que induce a pensar acerca de los paradigmas de identidad promovidos por los gobernantes de turno, en su intento por privilegiar los sectores menos favorecidos de la población. En Camino de estacas, de 2022, se advierte un enfoque interesante respecto a la utilización del collage, en cuanto práctica artística; aquí, la visión fragmentada –desmenuzada y atomizada– de las reproducciones convierte el cuadro en una superficie de aspecto “pixelado”. Los continuos desgarramientos y superposiciones de los papeles pegados al plano tienden a confundir la mirada, pues los contornos desmembrados y entrelazados unos con otros se perciben como un tejido estructurado en múltiples contrastes, que se expande más allá de los límites del marco. La dificultad para reconocer el contenido inicial, transformado aquí en una especie de “desfiguraciones”, exige un ejercicio óptico agudo, dado que las formas alteradas simulan transitar por un estado de descomposición constante.
Para Luis Enrique Pérez Oramas, curador de la exposición, el “efecto fundamental de la pintura de Vivenes sobre el repertorio de Michelena es, literalmente, de cierta asperidad: Vivenes parece sincerar brutalmente la iconografía de Michelena, cuya exquisita elegancia formal apenas disimula la persistencia de temas tanáticos, instancias de muerte y holocausto en sus imágenes […]”.
GLADYS YUNES YUNES
