En su sexta edición, el programa “Cara a Cara”, que presenta arte cubano desde 2018 en la Fundación Brownstone de París, reunió del 9 de abril al 7 de mayo del 2022 a Humberto Díaz (Cienfuegos, 1975) junto con el renombrado artista Abraham Cruzvillegas (Ciudad de México, 1968).
Con instalaciones especialmente diseñadas para el espacio, ambos dialogan en torno a temas como la naturaleza, el medio ambiente y la identidad, pero a partir de una crítica de los valores estéticos. El encuentro entre estos dos creadores no es fortuito. A través de objetos, instalaciones e intervenciones arquitectónicas, los dos artistas aluden a facetas sociales y políticas del entorno.
El visitante se encuentra frente a elementos dispersos, pero no disociados, que inducen a la integridad, las tensiones y los desafíos entre significados y objetos. Una naturaleza ficticia, imbricada, arborescente, pero que hace referencia a los factores de producción contemporáneos.

Humberto Díaz dirige su práctica hacia la instalación y el objet trouvé. Primero, con técnicas ancestrales como la cerámica, y luego, con sus intervenciones in situ.
“Mi trabajo anima al espectador a reconsiderar las implicaciones de la relación entre el hombre y la naturaleza y los métodos por los cuales los medios de comunicación influyen en nuestra noción de la vida moderna y la tradición”, afirma el artista.
Je t’aime, je te hais (Yo te amo, yo te detesto) es el título de la instalación compuesta por cables negros que ocupa parte del centro del espacio. Con bandas de cintas entrelazadas y soportes en madera, el artista intenta generar sorpresa en el espectador, que vive atrapado en una estructura similar al ADN, de un mundo globalizado y postindustrial. En un juego de contraposiciones, Dark Light y Soleil de Paris (Sol de París), se destacan como partes fundamentales. Las obras, realizadas especialmente durante las tres semanas de residencia, desafían al espectador. El conjunto producido en forma de instalación juega con las nociones antagónicas de equilibrio e inestabilidad y en el punto límite de la resistencia entre objetos.
En un nuevo ensamblaje efectuado con maderas y cintas negras en cruz, Dark Light es una instalación desplegada independientemente: una especie de big bang invertido.
Mientras que Sol de París, en una perpetua circularidad con la mecánica simple de dos ruedas de bicicleta y cables entrelazados, induce a la agilización del sistema. Todo el conjunto, incluidas las cintas y las ruedas, constituye una pieza.
Y para no dejar duda de que se trata de una realidad sostenida por la ironía, Como dedo en culo está compuesta de material plateado metalizado: de tamaño pequeño, induce un objeto masivo extralimitado. Más rollo que película está compuesta con alambres y un guante sostenido de una viga de hierro.
En su complejo mensaje, el cubano dialoga con la realidad, y en su selección de formas propias, implementa una diversificada materia artística. No le falta sensibilidad al detalle, y, en relación con los elementos, provoca una imagen poética sin desuso.

Abraham Cruzvillegas despliega separadamente A semiotic selfie - 2018-2021, donde intervinieron los estudiantes entre 2018 y 2021. Una tarea colectiva entre pintura y mensajes escritos (acrílico y marcadores sobre cartón reciclado, de dimensiones variables) dispuestos a la manera de sus Blind Self-portraits (Retratos ciegos). Estudiantes de atelier13 (en ENSBA, en París) escribieron palabras aleatorias en los diagramas de Venn pintados en materiales de embalaje reciclados. Estos diagramas constituyen la primera representación gráfica de deducciones lógicas dentro de una colección limitada de componentes. Son tres las regiones de superposición posible. La intersección está formada por los elementos comunes a ambos conjuntos. El artista, con esta representación, se propone provocar empatía en el espectador invitándolo a concebir nuevas relaciones sociales.
Con respecto a Facing faillibilis in France (Enfrentando el falibilismo en Francia), de 2018-2021, Cruzvillegas expresa: “La obra está compuesta por tres conjuntos de experiencias acumuladas durante cuarenta meses en París: escuchar música, encontrar amigos y beber tequila”. Diversos casetes, con segmentos grabados de manera aleatoria por Cruzvillegas, contienen motivos y sonorizaciones que compuso, desde 2008 hasta ahora. Los distintos tipos de música y estilos se ven interrumpidos por muy breves momentos en la pieza sonora, compuesta de cintas y magnetofones colocados en el suelo.
Un principio fundamental en la obra de Abraham Cruzvillegas es la “Autoconstrucción”. “Trato de deshacerme de mí mismo y de mis propias experiencias, quién soy, quién creo que soy y de dónde vengo. La ‘Autoconstrucción’, se trata de personas, comunidades que construyen juntas… Se trata de estar con las comunidades locales para aprender de la gente local”, sostiene.
La obra de Abraham Cruzvillegas, ya sea performativa, escultórica o pictórica, es la expresión de diversos aspectos de la realidad humana. Se emparenta con la de Humberto Díaz, en cuanto a lo inestable, impredecible, pero también poderosa, en cuanto a la elección, el acto y el hacer mismo en evolución. Ambos artistas comparten e intercalan sus resultados. Son obras que en un proceso de construcción identitario constituyen un paradigma de la crítica y reflejo del sistema. Aplican también en la sugerencia la escucha activa, que consiste en comprender al interlocutor sin juzgar sus argumentos. Este puede, así, sentirse escuchado y respetado. Puede usar los silencios y mostrar empatía. La obra puede ser considerada como una herramienta analítica universal. Desafiando los límites del esteticismo, ponen de relieve las contradicciones del sistema. Las limitaciones y lenguajes del capitalismo avanzado y sus meollos, interpretados como reflejos de los medios de masa. Y entre ambos produjeron una nueva intersección compleja y formal.
SUSANA SULIC
