Graciela Kartofel, historiadora, investigadora, curadora y profesora de arte contemporáneo. Argentina de nacimiento, mexicana por adopción y mujer universal por mérito.
Su pasión fue fomentar el arte latinoamericano, no solo de artistas consagrados, sino también emergentes, dejando un legado invaluable con su labor en la formación de nuevas generaciones. Siempre buscando oportunidades para exponer y difundir el trabajo de los cientos de artistas que conoció y apoyó, de Colombia, Venezuela, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Chile y Brasil, además de México y Argentina, en galerías, museos y bienales tanto en Latinoamérica como en Norteamérica, Europa, Australia y Asia.
Tenía el don de ser una gran comunicadora, tanto en sus clases como en sus conferencias; Graciela no dictaba cátedra, sabía transmitir su conocimiento de una forma coloquial, muy humana, explicando no solo el qué y cómo, sino el quién y el porqué de cada artista, no por ello menos preponderante; de manera que tanto los niños como académicos y público en general quedábamos cautivados con sus intervenciones.
Autora de más de cincuenta libros y catálogos e innumerables presentaciones de diferentes artistas plásticos. Colaboró en la integración de publicaciones mexicanas con la biblioteca nacional de Francia; la biblioteca del MoMA (Museo de Arte Moderno) de Nueva York y la librería del Congreso en Washington D.C., EE. UU.
Creó la cátedra Arte Moderno y Contemporáneo de América Latina en la Universidad Nacional Autónoma de México y fue figura clave en la creación del área chicana, del Centro de enseñanza para extranjeros de la misma institución. Colaboró con el Instituto Cultural Mexicano de Nueva York, además de apoyar el arte de artistas indígenas y migrantes.
Participó en distintos medios para difundir el arte, desde su programa en Televisa en México hasta sus colaboraciones en las revistas Vogue y Magenta (revista de diseño) de Guadalajara, México; ArtNexus Magazine (Colombia y Estados Unidos), donde colaboró desde 1990, contribuyendo con valiosas crónicas y artículos y visiones, a través de sus cartas desde Nueva York; sus artículos en el periódico Excélsior (México), en la radio y podcasts, además de impulsar el arte para niños y familias, como “Domingo con barro para familias”.
Tuve la gran fortuna de trabajar con ella; la conocí a principios de los ochenta del siglo pasado, y en este siglo, los últimos veinte años realizamos varios proyectos juntas, al grado de llegar a tener una amistad más profunda. Graciela no solo fue una mujer muy brillante y profesional, fue un ser humano excepcional, viajera incansable, generosa, la mejor esposa, madre, abuela, maestra y amiga. Era una persona luminosa que, sin saberlo ella, a través de su luz nos hacía brillar a todos. Tenía un gran amor por lo que hacía; frecuentemente me la encontraba en exposiciones y museos.
En donde quiera que estés, querida Graciela, descansa en paz. Tu legado sigue vivo en todos los artistas que motivaste y apoyaste con tu disciplina y tu curiosidad.

