Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Raúl Zamudio

Geles Cabrera

Americas Society

Geles Cabrera es testimonio de la pluralidad del modernismo latinoamericano, evidenciada en unos pocos ejemplos de su abundante corpus: ya sean su Wilfredo Lam y su cubismo de inspiración afrocubana; la conjugación de astrología, tarot y lúdicos arquetipos policromáticos de Xul Solar, o las abstracciones geométricas prehispánicas de Joaquín Torres-García, el arte de Geles Cabrera también contribuye a la heterogeneidad del modernismo.

Exposición Individual: Geles Cabrera — imagen 1
Geles Cabrera. Sin título, 1971. Tejidos y hierro. 95 × 45 × 45 cm (37 13/32 x 17 23/32 x 17 23/32 pulgadas). Colección privada, Ciudad de México. Cortesía Americas Society.

Su exposición individual, diestramente curada y presentada en la Americas Society, subrayó esto último. La muestra consistió en alrededor de cincuenta esculturas en diversos medios, incluidos varios tipos de piedra, madera, hierro, bronce y fibra; había también objetos efímeros de carácter biográfico y reproducciones de exposiciones previas que la artista misma diseñó. En cierto sentido, lo que se presentó parecía una retrospectiva, que ofreció un panorama detallado de una artista importante que necesita más contextualización dentro del escenario de sus colegas de las Américas y aquellos al otro lado del Atlántico. Geles Cabrera, nacida en Ciudad de México en 1926, es considerada la primera mujer mexicana escultora, y aunque es tentador situarla dentro de ese importante hito, sería poco inteligente ubicarla solo a través de la singularidad de ese lente. Más interesante es ver cómo ella, de un modo muy sagaz, se abre paso por entre innumerables temas y retos formales que resolvió en diversas formas, al igual que sus contemporáneos artísticos de las Américas y Europa. El amplio ámbito de investigación material y formal que la exposición reveló con aplomo fue sorprendente: esculturas de metal con extrema angulosidad geométrica hacían alusión a la abstracción continental; otras parecían oscilar de manera poética entre el arte figurativo y el no figurativo. Luego, por supuesto, está la diversidad de fuentes, cifradas a través de una estética distinta. Sin embargo, el fundamento temático de Cabrera ha sido una exploración de la forma humana. Y, debido a que elimina los significados con el fin de que sus esculturas sean transculturales y difíciles de ubicar en cualquier referencia cultural o histórica determinante, estas logran metas temáticas mucho más altas. Ella incluso logra esto cuando su tema es más ubicuo: algunas obras pueden ser claramente maternales, por cuanto parecen ser una figura femenina con un niño; la ternura que la artista evoca en estas parejas no es sentimental, sino humanística y arquetípica. En este sentido, nos hablan de un modo diferente, lo que es un signo revelador de inteligencia artística, y ella lo articula a través de una interacción estilística de abstracción y un mimetismo ambiguo.

Ha habido y hay muchos artistas que trabajan con dicotomías de representación y abstracción, pero el enfoque de Cabrera, sin embargo, considera asimismo la materialidad como más que solo un elemento formal. Por ejemplo, el tipo de piedra en el que trabaja no se selecciona estrictamente solo por razones estéticas; su material escultórico también tiene una historicidad que le permite a Cabrera representar sus obras en un nivel atomístico con significado. Esto, también, es un indicador de una artista compleja que piensa más allá de los confines visuales de la obra que ella manifiesta. Y, debido a que la artista tiene noventa y seis años, referirse a sus contemporáneos artísticos implica un increíble arco histórico para ubicarla. Tomemos, por ejemplo, a su compatriota Gabriel Orozco: cuando este trabaja en ciertos materiales como la cámara de los neumáticos de un camión y los transforma en una escultura esférica, se podría enmarcar como respuesta por igual al minimalismo y a las obras de arte en caucho de Robert Morris y Eva Hesse, pero también a las culturas hispánicas mesoamericanas que utilizaron pelotas de caucho en sus juegos. Así, el que Cabrera use roca volcánica es cuestión tanto de su porosidad, que la liga a colegas como Isamu Noguchi o Gonzalo Fonseca, que exploraron la característica de este material, así como puede también referirse a las obras monumentales de los olmeca. Una prolongada vida artística que continúa en la actualidad, y que se inició con su primera exposición, en 1949, ha llevado a un compromiso con sus colegas como un quién es quién de la historia del arte: Louise Bourgeois, Sarah Lucas y Eva Hesse son solo unos pocos de los muchos artistas con los que ha dialogado. Aunque esto puede ser un punto de debate con los críticos de hoy, y también con los historiadores del mañana, en lo que sí hay consenso es en que no se pueden pasar por alto sus logros como escultora, a pesar del género. Pero esta metafórica montaña que ella ha escalado también refleja los obstáculos que una mujer afronta, independiente de dónde y cuándo comienza y se desarrolla su trayectoria artística. Así, una vez el crítico o historiador reconoce esta inequidad, se puede proceder a ver su obra de una manera más crítica, externamente en su contextualización, y también desde adentro, es decir, viendo que su obra, al igual que la de sus colegas, puede ser temática y además personal; del momento, así como puede estar dentro de un linaje histórico del arte, el de aquellos que pueden haber trabajado en registros conceptuales y formales similares. No cabe duda de que la sombra artística de Giles Cabrera ocupa un lugar destacado y subraya la necesidad de reconsiderar el canon del modernismo para darnos una visión del pasado más amplia y más completa. Y la exposición de la Americas Society nos dio un vistazo de eso pero subrayó, más que nunca, que todavía hay mucho por hacer con relación a una artista tan inimitable como Geles Cabrera.

RAÚL ZAMUDIO

Geles Cabrera, por Raúl Zamudio | artnexus