Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Victoria Verlichak

Fabio Kacero

Ruth Benzacar

Durante el confinamiento obligatorio a causa de la crisis sanitaria por la pandemia del COVID-19, que en Argentina fue muy estricto para los ciudadanos, la galería Ruth Benzacar agrandó su espacio, sumando metros de una casa adjunta. De este modo, la sala principal, antiguo galpón de grandes dimensiones, se complementó con otras dos más pequeñas que suelen albergar muestras de distintos artistas. Pero, a veces, como en la exposición “El campeón de los fantasmas”, un solo artista ocupó todas las instalaciones con diversos registros. Es que la inteligente propuesta de Fabio Kacero (Buenos Aires, 1961) incluyó dibujos en colaboración con artistas vivos y muertos, una pintura monocroma del siglo XVII y un video que transmitió una sola noticia de continuo.

Exposición Individual: Fabio Kacero — imagen 1
Fabio Kacero. Firmas, 2016. Marcador sobre papel. 22 x 31 cm (8 21/32 x 12 13/64 pulgadas) c/u. Vista de la exposición El campeón de los fantasmas en Ruth Benzacar Galería de Arte. Cortesía Ruth Benzacar Galería de Arte.

Según el curador Francisco Garamona, escritor y editor al frente de la editorial Mansalva, donde Kacero publicó tres volúmenes de poesía y novelas, esta “muestra pueda verse […] como la continuación, por otros medios, del último libro publicado por el artista, un año atrás”. Se trata de Antología del sueño argentino (2021), fantasía en la que un joven habla con un guardia de seguridad de una casa de subastas. El guardia le entrega el catálogo de esta, diciéndole “que se acaba de vender el cuadro más caro del mundo. El protagonista busca imágenes de obras famosas y ve que página tras página recoge solo firmas, que a su vez están firmadas con una misma firma en el ángulo inferior derecho. […] La anécdota urdida por Kacero escritor inspiró a Kacero artista plástico”. Su interés por las artes visuales y por la literatura viene de lejos; en esta exposición, logró unir ambas pasiones. Aunque su primera opción fue por el arte, años atrás confesó que “las palabras suelen influenciarme más que las imágenes, […] son lo que más me han transformado”.

En efecto, en El campeón de los fantasmas Kacero desplegó una colección de firmas de artistas, curadores y críticos. Enmarcados, los autógrafos sobre pequeños papeles, a su vez, estaban rubricados por el artista, en el costado inferior derecho. La exposición se iniciaba con un listado de las firmas presentadas, con una explicación acerca de cómo las obtuvo (a los vivos, se las solicitó en ocasiones sociales, y, para las de los “del más allá”, recurrió a otros previsibles medios), y con una aclaración sobre las ausencias de otras firmas que recolectó y no estaban exhibidas. Se podría hacer un listado de los 128 firmantes –que mayormente pertenecen al ecosistema del arte argentino–, pero resultaría monótono. Entre las rúbricas “del más allá” se hallaban los sospechosos de siempre, como Picasso, R. Mutt (la firma de Duchamp en su urinario), y compañía. La mejor manera de apreciar el conjunto, más allá de las firmas reconocibles, fue verlo como un enorme y sutil dibujo abstracto distribuido por el enorme espacio blanco de la galería. Entre firma y firma, interesa cotejar la del artista, que se presentó con variaciones; los expertos quizá hayan detectado, en las desviaciones de los trazos, algunos rasgos del temperamento de Kacero: perceptivo y sensible, excéntrico y solitario.

En una de las salas pequeñas, se exhibió una deteriorada pintura rosa del color de un pálido amanecer del siglo XVII, inexplicable y presuntamente salvada de las llamas. Esquivo y misterioso, el lienzo se presentó junto con el relato El monocromo del molinero –disponible al público en papel y por medio de un código QR–, que daba cuenta del origen de la pieza. El texto contaba cómo un molinero, que trabajaba arduamente durante todo el día, tuvo una extraña revelación. Se le encomendó pintar ciertas presencias de otro mundo. Así, comenzó el espontáneo artista con su doble vida. Pasaba el día en el molino y pintaba todas las noches guiado por los innominados seres espirituales. Nunca mostró su trabajo hasta que su indiscreta mujer difundió el secreto de las pinturas, que se acumulaban y que ella nunca había visto. Tras varios sucesos, que, incluso, involucraron a un reconocido artista de su ciudad, la mujer del molinero irrumpió en el improvisado taller. Al encontrar decenas de pinturas abstractas, decidió quemarlas todas aprovechando la fiebre que súbitamente derrumbó a su esposo. Es que a ella le pareció que las abstracciones de este eran obra de “espíritus malignos”. En ese camino, siglos después, los nazis denominaron “arte degenerado” a la abstracción, al arte moderno.

Misterio también en el gabinete adjunto, donde se exhibió el video Dear Friends (Queridos amigos). A la manera de un noticiero, durante una hora se sucedieron anuncios sobre las muertes de protagonistas locales e internacionales. Tras un exhaustivo trabajo de edición de múltiples programas de televisión, distintos presentadores transmitieron esa única noticia. Imágenes y voces dieron cuenta de la muerte de presidentes y humoristas, de Michael Jackson y de una estrella del cine porno, el hombre más alto de Bolivia, el Superman de Perú, y muchos más. ¿Por qué se llama “queridos amigos”? Nunca lejos del humor, el artista tiene la certeza de que –como es natural– muchos de los que escribieron sus firmas, exhibidas en la otra sala, habrán de sumarse más temprano que tarde a este boletín de noticias.

VICTORIA VERLICHAK

Fabio Kacero, por Victoria Verlichak | artnexus