Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Fernando Castro R.

Elsa Gramcko

Sicardi Ayers Bacino Art Gallery

En la década de los sesenta, varios artistas venezolanos produjeron arte de ensamblaje. Uno de ellos fue Elsa Gramcko (1925-1994). Una breve exposición retrospectiva de su obra en la Galería Sicardi Ayer Bacino, The Invisible Plot of Things (La trama invisible de las cosas), trazó el desarrollo de sus obras desde su primer periodo creativo, 1954-1955, hasta, e incluida, su serie Bocetos para un artesano de nuestro tiempo, 1974-1978. El título de la exposición estuvo bien escogido, ya que lo que está implícito en sus obras más interesantes que incluyen “cosas” es quizás más revelador que lo que está a simple vista.

Exposición Individual: Elsa Gramcko — imagen 1
Elsa Gramcko. No 2. De la serie Bocetos para expresar nuestro tiempo, 1976. Madera y diversos materiales sobre madera. 45 x 35 cm (17 23/32 x 13 25/32 pulgadas). Cortesía Sicardi Ayers Bacino art gallery.

Gabriela Rangel, curadora de la muestra, escribió: “En 1954, Gramcko tomó clases de arte en la Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas de Caracas, dirigida por Alejandro Otero, un pionero de la abstracción geométrica [...]”. Otero se hizo amigo y mentor de Gramcko. No mucho después de su formación con Otero, ella fue invitada a participar en la exposición colectiva Artistas de la Cuenca del Caribe, presentada en el Museo de Bellas Artes de Houston, en 1956; y en 1959 tuvo una exposición individual en el Museo de Arte de las Américas, en Washington D.C.

Para Gramcko, la tumultuosa década de los años sesenta comenzó con un año en el que exploró nuevos medios. Rangel escribió, “La llegada del Informalismo a Venezuela en 1959 también coincidió con las breves exploraciones de Jesús Rafael Soto y Alejandro Otero en el ensamblaje y el collage, según lo modificó el Nuevo realismo francés. [...] Gramcko inició una serie de pinturas negras (R), en las que cuestionó metodologías artísticas tradicionales con el uso de una serie de materiales industriales como arena, pigmentos y pegantes, con el fin de producir texturas áridas con una cualidad táctil”. Tal es el caso de R37, de 1960, que, puede decirse, es una de las obras más elegantes de Gramcko, y quizás esté entre sus primeros movimientos decisivos hacia el Informalismo. R37 presenta el tipo de técnica que enfatiza la materialidad del medio predilecto de artistas informalistas como Pierre Soulages o Alberto Burri.

Curiousamente, Gramcko rechazó de manera categórica alinear sus obras con el Informalismo. En una entrevista de 1976 con Juan Calzadilla, afirmó: “Ni una sola de mis obras es informalista en el sentido estricto del término”. Un rasgo importante del Informalismo podría explicar la obstinación de la artista: el automatismo, el proceso creativo incorporado a la práctica artística por artistas dadaístas y surrealistas. Incluso, su obra en apariencia más casual está lejos de ser automática o gestual.

La controversia acerca de la adhesión o la indiferencia de Gramcko al Informalismo no debería impedir la discusión sobre cuál podría decirse que es el periodo más interesante de su obra, en el que sus creaciones giraron de manera definitiva en dirección al ensamblaje y, desde el punto de vista temático, hacia una reflexión sobre las “cosas”. Aunque la artista tenía una personalidad reservada, no les tenía miedo a las ideas. Rangel se refiere a la influencia que los pensadores alemanes Carl Jung y Martin Heidegger tuvieron en sus decisiones estéticas.

Gramcko misma narró la anécdota de que su giro estético hacia el ensamblaje con objetos encontrados surgió después del providencial descubrimiento de un ruinoso automóvil del que ella recogió algunas partes. No está claro con qué criterio empezó a reunir chatarra (baterías para automóvil, componentes para iluminación, piñones, cerraduras, etc.) que podía utilizar en sus ensamblajes. La palabra “chatarra” significa partes metálicas viejas desechadas que pueden utilizarse como materiales para algo más. Aunque algunos de sus ensamblajes denominados Chatarras son divertidos, no son placenteros. Su opaca paleta de tonos ocre, óxido y sepia es más bien apagada. Sin embargo, son sugerentes, y al principio, al menos, expresan una actitud positiva acerca de sus “cosas”. En estas obras el significado surge de la materia informe de manera gradual buscando la estructura de cosas encontradas como partes de máquinas.

Gramcko, con valentía, se adhirió a su propia visión artística, a pesar de una retórica del arte que se estaba haciendo cada vez más política. En una carta que le escribió a Otero en 1961, dice: “Día a día, cualquier cosa que no sea acción política o social es menos importante, y la situación parece tan caótica que todos sentimos que estamos en vísperas de una catástrofe. Y yo estoy un poco alejada, sin duda, puesto que, a pesar de este clima, he estado involucrada en mi obra más que nunca antes”.

En los sesenta, Gramcko elaboró muchas obras con puertas, incluida Una pequeña edad (1964). Incluso, una simple descripción de esta parece una interpretación sicológica porque, una vez que las puertas son parte de una obra de arte, de inmediato se nos vienen a la mente dicotomías implícitas como abierto/cerrado, adentro/afuera, privado/accesible. Todo esto se incorpora a la noción de que Gramcko fue quizás menos reactiva y más reflexiva que muchos artistas de su entorno.     

Fue quizás durante este fructífero periodo que abarca la década de los setenta que Gramcko elaboró la serie Bocetos de un artesano de nuestro tiempo. La frase es ingeniosamente ambigua, entre “un artesano que pertenece a nuestro tiempo” y “sus bocetos son de nuestro tiempo”. Al menos dos cosas fueron diferentes en las obras de esta nueva serie. Primero, el tipo de cosas que usó en sus ensamblajes (principalmente tablones de madera desgastados). En segundo lugar, introdujo palabras en algunas de las obras como si fueran “cosas”. En Número 2 (1976) las palabras TECNOLOGÍA, ENGRANAJE, alienación, soledad, HUMANIZACIÓN, amor y AMAR están inscritas en pequeñas tablas de madera desgastadas. El hacer de las palabras un punto clave de una obra de arte se estaba convirtiendo en una práctica común alrededor de 1976, como quedó reflejado en las obras de Robert Indiana, Ed Ruscha, Jenny Holzer y Barbara Kruger.

Implícito en las “cosas” de los ensamblajes de Gramcko de los años setenta, había un cambio de actitud sobre lo que la artista quería que sintiéramos y pensáramos acerca de ellas. Con la serie Chatarras nos hace reflexionar sobre las partes mecánicas y empatizar con ellas. Con la serie Bocetos, tenemos que aceptar el hecho de que los tablones de madera de sus ensamblajes fueron moldeados por artesanos, cuyo trabajo no es muy diferente del de ella. En una entrevista, Gramcko afirmó una vez: “una sociedad contemporánea completamente mecanizada, en la que el hombre es solo una conexión en la maquinaria que pone la tecnología por delante del individuo, es la mayor amenaza para nuestra identidad”. Sin duda, sus percepciones sobre un mundo industrial mecanizado desde hace décadas, antes de la época de las computadoras, la robótica y la Internet, son más relevantes hoy.

Elsa Gramcko, por Fernando Castro R. | artnexus