César Segnini Villareal nació en Maracaibo (estado Zulia, Venezuela) y falleció en Miami, el 29 de agosto de 2022. Tremendamente conocido en importantes medios intelectuales, políticos y culturales de Venezuela, fue hombre de acción, solidario y generoso en varios ámbitos de su quehacer humano y profesional. Se ocupó de diferentes aspectos de la cultura, no solo en la ciudad capital, Caracas, donde abrió la famosa Galería Durbán, en 1970, sino también en otras ciudades del interior del país, hacia donde extendió la actividad de ese espacio expositivo.
Marcado por un decisivo y audaz liderazgo, desde muy temprano César se interesó por las artes plásticas, y, luego de una intensa actividad y amplia experiencia, con criterio de excelencia, respeto y profesionalismo, inicia su trabajo en una galería destinada a convertirse en ícono pionero en la escena de las artes plásticas del país como importante centro de arte y cultura.
Desde sus inicios, la famosa Galería Durbán despliega una intensa actividad en el campo de la plástica de Venezuela y América Latina. César inicia el “galerismo” profesional, lo que significó no abrir simplemente un espacio para colgar pinturas, colocar esculturas y vender; no fue “una habitación con clavos, alfombras y luces”, como dijo un periodista en ese entonces.
Esta historia comienza grande y poderosa, de acuerdo a una idea y el trabajo de César, para que la galería fuese capaz de responder a una simbiosis entre lo comercial y la acción cultural; se trató de realizar un proyecto de utilidad pública. Deseo logrado al convertir la Galería Durbán en un verdadero centro bullente y de efervescencia activa.
César no se estrenaba en el medio de las artes plásticas e intelectuales del país; había llevado una vida transitada dentro de un complejo laberinto existencial mezclado con lo político, lo cultural e intelectual, y la plenitud del arte de los años sesenta, con la abstracción geométrica, la nueva figuración, el informalismo, el cinetismo y el desarrollo del dibujo y otras renovadoras propuestas plástica; hubo espacio para todos, pero también una vida de guerrillas, del twist y los clubes nocturnos, de peñas tangueras y amigos escritores y poetas que se daban cita en los espacios de la Durbán, como fraternamente la llamábamos (y continúa llamándose en su sede en Miami), con sus animadas y profundas tertulias sobre la literatura y el arte. Así, durante todos sus años de funcionamiento en Caracas, se convirtió en un espacio amigable para conocer el trabajo creador, inaugurar exposiciones, bautizar libros en alegres festejos —muchas veces con la presencia de presidentes de la república—, siempre patrocinados por César, y algunos editados bajo el sello editorial financiado por él, para apoyar a poetas y artistas plásticos. Profesores universitarios, profesionales diversos, y hasta psiquiatras, protagonistas, de una bohemia creadora hermanada al nuevo espacio, ofrecían charlas divulgativas sobre su especialidad.
Pero César, como buen gerente y galerista, en el ambiente de una Venezuela que se abría hacia un fecundo desarrollismo y una espléndida democracia, organizó minuciosamente su trabajo. La galería debía funcionar como un tren sobre ajustados y aceitados rieles. Planificó las actividades de acuerdo a un estricto organigrama, formó una plantilla entre artistas y críticos de arte para colaborar en el éxito del proyecto. Un éxito que rápido se reconoció en toda Venezuela y fuera de sus fronteras.
César se ocupó de traer al país exposiciones de importantes artistas latinoamericanos y europeos, situándose a la vanguardia del acontecer internacional de las artes. Al lado de esto, fue el primer galerista en reconocer el valor del arte popular, al abrir sus puertas a un buen grupo de creadores, luego reconocidos en la historiografía del arte de Venezuela; como también fue pionero en mostrar por primera vez la producción de ceramistas que exploraron con éxito la escultura realizada con material cerámico; también se unió a proyectar la obra sobre papel dentro del conocido boom del dibujo en Venezuela.
En resumen, César Segnini fue un hombre de su tiempo que supo ajustarse a las necesidades del país ofreciendo mayores posibilidades para visibilizar la producción artística dentro y fuera de sus fronteras. Con carisma personal y sincera jovialidad, mostró amplia generosidad en su comportamiento como ser humano y galerista hacia amigos, clientes, y todos aquellos seres que lo necesitaron. En el fondo, fue un mecenas con una galería comercial que ha hecho historia.
Su figura y personalidad corresponden al emblemático profesional que no se olvidará porque forma parte de la proyección del arte de Venezuela. Historia que continúa hasta hoy en la Durban Segnini Gallery, a cargo de su esposa, Sulay, siempre cómplice y aliada desde 1975, y su hijo Gonzalo, ambos compañeros de vida y ruta.

