El Museo de Arte de São Paulo presentó, de abril a julio de este año, la exposición “Volpi Popular “, con la curaduría de Tomás Toledo, curador-jefe del MASP.
La muestra integra un proyecto del museo que se enfoca en artistas modernistas brasileros, en cuya obra se registra la dimensión de lo popular en la cultura. En la exposición de Volpi, se presenta al público un conjunto de 96 trabajos del artista, en los que registra, justamente, su interés por la cultura popular.
Alfredo Volpi era italiano de nacimiento (Lucca, Italia, 1896-São Paulo, Brasil, 1988). Su familia, de origen humilde, emigró al Brasil, estableciéndose en São Paulo, ciudad que, desde el final del siglo XIX, acogió inmigrantes procedentes de diferentes países, entre ellos, un gran número de italianos.

Volpi se inició como autodidacta en la pintura en 1911. Después, frecuentó el Liceo de Artes y Oficios de São Paulo, una escuela profesionalizante. Con esta formación, comenzó a trabajar como “pintor-decorador”, realizando pinturas de frisos y murales, en residencias de familias de la sociedad. Nació la pulsión estética y el artista empezó a producir sus primeras telas. Son composiciones todavía apegadas a la tradición realista.
Solo más adelante, cuando se aproximó a la llamada “segunda generación de artistas modernos”, surgida en el decenio de 1930, Volpi se interesó por investigaciones que buscaban el lenguaje moderno. Frecuentó el Grupo Santa Helena, que se constituyó entre 1935 y 1937. Con ese grupo se ejercitó en el dibujo de modelo vivo y participó en las andanzas por los arrabales de la ciudad para pintar paisajes directamente del natural.
En el decenio de 1940, comenzó su interés por las temáticas populares. Abordó, entonces, los festejos tradicionales como las fiestas de junio y trabajó temas religiosos. Más adelante, surgirán las fachadas y sus famosas “bandeirinhas” (banderitas). En realidad, todos estos temas eran apenas motivo para investigar asuntos de forma y espacio pictóricos. En la historia del arte latinoamericano, podemos comparar lo que acontece en su experiencia plástica con lo que se verifica en el proceso creativo del mexicano Tamayo, en composiciones en las que este pintor utiliza el tema de la sandía para sus naturalezas muertas. Se trata del desarrollo de un pensamiento visual enfocado hacia el espacio plástico. Volpi dialogará, un poco después, con los concretistas de São Paulo y creará un vocabulario de formas y colores que lo identificarán en el contexto del arte brasilero.
El artista buscó, intuitivamente, el asunto formal, así como el colorido que lo destaca y da musicalidad a sus composiciones. El artista trabajaba con la témpera; rescató los antiguos métodos renacentistas y prerrenacentistas; manipulaba pigmentos y creaba tonalidades personales, que confieren fuerte identidad a su obra pictórica. Por la poética de las formas y los colores, sus telas encantan a los críticos de arte que observan su producción.
La exposición de Volpi en el MASP permite observar todos estos asuntos de su investigación. La muestra está dividida en módulos temáticos: escenas urbanas y rurales; santas y santos; retratos; marinas y temas náuticos; fachadas, banderitas, mástiles y bandas; temas lúdicos.
Según Tomás Toledo, el interés por lo popular aparece en la obra del artista a partir de la década de 1940. Él observa que Volpi tuvo la experiencia de vivir en ciudades del interior: frecuentó Itanhaém, en el litoral, donde su mujer tuvo que vivir para curarse de una enfermedad que la acometió, y vivió en una granja en Mogi das Cruzes, pequeña ciudad del interior paulista, próxima a la ciudad de São Paulo, capital del estado. En Mogi residió durante varios años, y, probablemente, fue allí en donde tuvo un contacto cercano con las fiestas populares. En Itanhaém, el impacto fue el de las fachadas de las casas e iglesias de la arquitectura colonial. Itanhaém, ciudad situada en el litoral sur del estado de São Paulo, le trajo también la motivación para la producción de paisajes marítimos.
En el segmento de la exposición que focaliza el tema religioso aparece con frecuencia la Madona con el Niño Jesús en los brazos. Incluso hay una Madona negra, lo que es poco común en la época (obsérvese que su mujer era negra). Están presentes santos y santas de la devoción popular, como san Antonio y san Francisco. Se dice que la temática de los santos surgió como “pago de una promesa” por la cura de su mujer. En esas telas, la simplificación formal y cromática son características para tener en cuenta.
En el decenio siguiente (1950), Volpi se dedicó a composiciones con fachadas, mástiles y banderitas. El curador observa que en la obra de Volpi de esa época, la práctica de la repetición constituye un factor importante. Se puede decir que es su manera estética de investigar la forma y la construcción del espacio plástico.
Desde la década de 1930, Alfredo Volpi estuvo presente en el circuito de arte moderno brasilero. Participó en los primeros salones de arte abiertos al público, como los Salones de Mayo, los de la Familia Artística Paulista y los del Sindicato de los Artistas Plásticos. Y después participó en la muestras de los museos de arte que surgen en São Paulo y en Río de Janeiro, entre el final del decenio de 1940 y el inicio de los años de 1950. Volpi estará igualmente en algunas muestras de la Bienal de São Paulo, desde su creación, en 1951. Recibirá el premio ex aequo, con Di Cavalcanti, en el segundo certamen de esta bienal, que conmemoraba el IV Centenario de la fundación de la ciudad de São Paulo. En 1958, recibió el premio Guggenheim, y después, también, otros premios como el otorgado por la Asociación Brasilera de Críticos de Arte. Participó en exposiciones en Nueva York y en Tokio. Participó en las bienales de Venecia de 1952, 1954, 1962 y 1964, además de diversas exposiciones de arte brasilero que se realizaron en el extranjero.
Retrospectivas de su trabajo tuvieron lugar en el decenio de 1970 en el Museo de Arte Moderno de São Paulo y en su homólogo de Río de Janeiro. Para la ocasión, se publicaron ensayos críticos importantes.
La exposición realizada por el MASP, en el 2022, permitió rever la obra del pintor y observar los aspectos fundamentales de su recorrido estético. La muestra motivó, igualmente, el pensar en la producción de este artista a la luz de las teorías anticolonialistas en boga, uno de los fundamentos del programa del museo que tiene la dirección artística de Adriano Pedrosa.
LISBETH REBOLLO GONÇALVES

