Exposición Individualdic 2022 - may 2023· Por Elisa Rodríguez Campo

Alexander Apóstol

El Centro de Arte 2 de Mayo (Ca2M)

El Centro de Arte 2 de Mayo presenta “Postura y geometría en la Era de la Autocracia Tropical. Alexander Apóstol”, exposición de mediana carrera del destacado artista venezolano Alexander Apóstol (Barquisimeto, 1969), quien repiensa una importante selección de nueve de sus series y trabajos más representativos de las últimas dos décadas, un sólido cuerpo de trabajo que consigue ser reagrupado e instalado en un recorrido hilvanado con extraordinaria precisión sobre casi mil metros cuadrados de exposición. Es su primera exposición en una institución en Madrid, donde reside desde hace dos décadas. La curaduría corre a cargo de Manuel Segade.

Exposición Individual: Alexander Apóstol — imagen 1
Alexander Apóstol. Régimen: Dramatis personae, 2018. Impresión en papel de algodón. 140 x 100 cm (55 ⅛ x 39 ⅜ pulgadas) c/u. (72). Foto: Pedro M. Albornoz. Cortesía del Museo Centro de Arte Dos de Mayo.

Apóstol comienza su argumento a partir de la década del cincuenta del siglo pasado. El devenir de la historia confirmó que la construcción de un escenario moderno utópico, sobre las bases de un país tropical de efervescente economía petrolera, no era garantía del éxito. “El nuevo ideal nacional” de la dictadura militar perezjimenista construye un plató brutalista, attrezzo, hoy venido a menos; trofeos diseminados de una modernidad fallida, chirriante, desvencijada. Los cuatro jinetes (2005-2007) es una instalación de video que abre significativamente la muestra y que registra el tecnológico artilugio de Villa Planchart, una casa caraqueña domótica, diseñada por Gio Ponti en los años 50. Animales de caza quedan ocultos al girar un botón, para también exhibir piezas de arte abstracto. El arquitecto consigue esta “solución”, que satisface las disímiles demandas de los propietarios del inmueble. ¿Cómo deslocalizar y “encajar” el proyecto moderno en un contexto tropical?, es una de las cuestiones que Apóstol enfatiza en su discurso.

Alexander Apóstol se vale del video y la fotografía como herramientas fundamentales para materializar con luz los múltiples niveles argumentales de la robusta gramática crítica que lleva dos décadas desarrollando. Con enorme sensibilidad y la profunda implicación ética que caracteriza su línea investigativa, Apóstol insiste en acercarnos –desde múltiples y filosos ángulos– a la esencia de un país que por décadas ha necesitado releer su propia historia política, militar y sensorial para poder definirse.

En este sentido, las aportaciones de Apóstol se hacen imprescindibles para abordar la construcción de una compleja parafernalia estética al servicio del aparato político venezolano. Me gusta entender esta propuesta de Apóstol como una reflexión sobre la solicitación visual del arte cinético/óptico y su correspondencia con la propaganda política en Venezuela. “Hipnotismo” capaz de hacer titilar una luz blanca y otra verde alternativamente hasta hacernos percibir inesperadamente el color rojo (los partidos de oposición de la era democrática verde/blanco vs. rojo, el actual régimen), como es evidente en un fragmento de la instalación de video Contrato colectivo cromosaturado (2012). En esta línea, Colour Is My Business (2012-1017) [“El color es mi negocio”] es una monumental instalación fotográfica, poética, un degradé de luces coloreadas y tamizadas, en conversación con sus abstracciones en campos de color, y su correspondencia con los tarjetones electorales de la era democrática (1958-1998) desaparecidos durante el actual régimen de Venezuela.

Hipnotismo/artificio, presente en Documental (2005), video de una familia en un casa humilde, sin embargo presidida por un gran televisor, que transmite, con la voz de Renny Ottolina, un verdadero infomercial que promociona la modernidad venezolana.

En la primera sala hallamos otra metáfora retórica que contrasta dos series de fotografías, que señalan dos métodos persuasivos diferentes y desgranan la manipulación de orden militar: en Ensayando la postura nacional (2010), impecables fotografías recrean posiciones escultóricas de cuerpos turgentes de tres razas, arquetipos sensuales de nación que inmortaliza Centeno Vallenilla, pintor oficial del régimen de Pérez Jiménez. Por su parte, Partidos políticos desaparecidos (2018) es un registro fotográfico que señala la aniquilación de la disidencia y la sistemática desaparición de los partidos de oposición por parte del actual régimen. Así mismo, Apóstol insiste en reforzar la idea de sugestión política y comunicación visual, como parte de la agenda de los gobiernos de turno. Un conjunto de veinte fotos, aproximadamente, registra réplicas de vistosos logos depurados de partidos políticos desaparecidos, pintados en acrílico sobre tabla, fotografiados y luego destruidos. La vistosidad de dichos logos fue una estrategia para cautivar a la población analfabeta.

La muestra también nos permite rastrear las observaciones y los comentarios de Alexander Apóstol, a propósito de la retórica del arte, así como la implantación de cánones de género y raza. El artista se propone dar a entender, de manera dramáticamente estética, la existencia de cánones no binarios. Así consta en la incómoda solemnidad de la mencionada serie Ensayando la postura nacional o en el video Av. Libertador (2006), donde las travestis de Caracas son rebautizadas como los principales artistas plásticos del país. Enajenamiento extremo muestra el video Yamaikaleter (2009), en el que dirigentes políticos “marginales” quedan en ridículo tratando de leer una reproducción de la famosa carta de Jamaica redactada en perfecto inglés en 1815 por el Libertador, Simón Bolívar.

Alexander Apóstol responde creativamente a las construcciones orquestadas para cohesionar el “ideal de nación” e imponer una estética que politiza el cuerpo y lo hace su instrumento, como ocurre durante sendas dictaduras militares en Venezuela. Por un lado, el régimen de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) alegoriza y erotiza al “cuerpo nacional”; por el otro lado, el actual régimen retuerce, asfixia y desaparece al cuerpo disidente del país desde 1998. También hace evidente cómo se ignora a los grupos en riesgo de exclusión social en Venezuela. En medio de ambas autocracias, parecen desvanecerse cuatro décadas de alternabilidad y ejercicio democrático en Venezuela. El artista nos invita a acompañarlo en un extenso y agudo recorrido por sus respectivas reflexiones y a conocer los personajes arquetípicos venezolanos que ha detectado todo este tiempo y que conforman un maravilloso glosario. Tal y como precisa el texto curatorial, Alexander Apóstol detecta y desarrolla en sus propuestas una “erotización de la política y politización del cuerpo”. Esta última define la imponente instalación Régimen: Dramatis Personae (2018), producida durante las protestas contra el régimen (2017) mientras visita Caracas. Apóstol contacta con organizaciones no gubernamentales pro-derechos LGTBI+ y les pide interpretar frente a su lente múltiples personajes del panteón político que ha ideado. La serie fotográfica que levanta (a contrarreloj, y bajo el asedio del régimen) fue presentada en la XII Bienal de Shanghái. Y se ha convertido en una pieza emblemática del arte contemporáneo internacional.

Propaganda y censura, postura y artificio, imposiciones y ausencias, son pues parámetros fundamentales para el artista, a la hora de evaluar los modos de representación e imposición de la cultura visual y política de su país. La muestra contará con una publicación, con textos de Manuel Segade y Cuauhtémoc Medina, editada por Turner.

Alexander Apóstol, por Elisa Rodríguez Campo | artnexus