william cordova nació en Pueblo Libre (Lima, Perú), en 1969. Entre los siete y ocho años viajó a Estados Unidos con su familia. Le gustaba leer, escribir —principalmente historias de ciencia ficción y poemas— y coleccionar cómics. A principios de los ochenta se mudaron a Opa-locka (Florida), una ciudad en la que había mucha violencia, por lo que inconscientemente se aisló. Según recuerda, “a la edad de trece o catorce años hacía ‘afiches políticos’ anónimos y los colocaba en la calle. Aunque me agradaba dibujar no tomaba clases de arte, entre otras cosas, porque los cupos para esos cursos en Westview Middle School y Miami Central High School siempre estaban llenos. Tomé una clase de arte experimental con Maggie Vidal, en Miami Central, pero me retiré a los cuatro meses”1.

Al terminar la secundaria comenzó a cursar psicología en Miami Dade Community College, North Campus, siguiendo los pasos de su madre, quien había obtenido un título de Contabilidad en la misma institución. Como no tenía dinero, trabajaba y tomaba una clase a la vez. No contempló aprender arte porque, según él, “no tenía ejemplos que me indicaran la posibilidad de ser profesional en ese campo”2. Interesado en lo que escribía en los trabajos que realizaba para la clase de Historia del Arte, su profesor de Art Appreciation, el pintor Pat DeLong, le sugirió que tomara una clase en el departamento de Bellas Artes. cordova se inscribió en el curso de Cerámica dictado por Elmer Craig. La experiencia fue decisiva, no solo por lo que aprendió, sino porque Craig apoyó incluso lo que hacía fuera de la academia.

Entre 1991 y 1994 tuvo varios profesores que influyeron en su formación —incluidos Robert Thiele, Charles Hashim y Pat Johnson—, y le recomendaron salir de Miami. Aunque consideró aplicar al School of Visual Arts en Nueva York, decidió ir al School of The Art Institute of Chicago, lo cual pudo hacer gracias al esfuerzo y al apoyo financiero de su madre. Allí estudió con amigos de Miami, como Luis Gispert y Yanira Collado, y tomó cursos, entre otros, en técnicas de video y performance. Según él, “intentó pintar, pero no era lo suyo”3. Siendo aún estudiante, cordova presentó un proyecto curado por Ed Maldenado, en el Chicago Cultural Center. La muestra Cartas para Josefina (1997), cuyo título estaba inspirado en el libro del poeta español Miguel Hernández e incluía 400 postales, revelaba su interés por la escritura y las historias marginadas de la cultura contemporánea que desafiaban y trascendían el orden social establecido. El uso de materiales comunes como la postal, al igual que palabras y textos con múltiples sentidos y lecturas, se convierten en elementos constantes en su obra. También es importante destacar su interés por coleccionar objetos y documentos como parte del proceso de recuperar historias y revisitarlas desde nuevas perspectivas reivindicadoras.

Al regresar a Miami en 1998, se instaló en un estudio en el Art Center South Florida, en Miami Beach, y luego, en el 2000, se mudó a North Miami. En agosto del 2002 viajó a New Haven (Connecticut), para cursar una maestría en Yale University. Siendo estudiante, fue seleccionado para participar en la muestra Utopia Station, curada por Molly Nesbit, Hans-Ulrich Obrist y Rirkrit Tiravanija, para la 50ª Bienal de Venecia, en el 2003. En esta ocasión, presentó el video you’re all a bunch of fucking idiots (2002), un loop de un minuto de duración, en el que se escucha música de la banda The Doors y la voz del icónico rockero Jim Morrison diciendo la frase que sirve de título a la obra, que cordova sacó de una grabación ilegal realizada en el Dinner Key Auditorium de Coconut Grove, el 1 de marzo de 1969. A nivel visual, la obra muestra bailarines de breakdance de la década de los ochenta, de un video en VHS que el artista encontró en una tienda de segunda mano en North Miami. En aquella época, estos representaban la “contracultura”, y por ello, su arte era tergiversado y vilipendiado. A través del video, cordova exalta sus coreografías liberadoras y enaltece su mensaje de resistencia. La referencia a personajes históricos con cargas simbólicas significativas es una estrategia recurrente en su obra.

Ese mismo año, presentó la exposición individual No More Lonely Nights, curada por Bonnie Clearwater, en el Museo de Arte Contemporáneo (MOCA), en North Miami (2003-2004). La muestra consistía en una instalación monumental construida con andamios y una gran cantidad de parlantes que encajaban perfectamente y recordaban la arquitectura de sitios incaicos como Machu Picchu y Ollantaytambo. Igualmente, incluía una serie de dibujos expuestos en las paredes del pabellón que albergaba la exposición. El parlante o la bocina son un símbolo representativo en su obra. Siendo niño, cordova recorría las calles de Miami con su padre y creía que los parlantes abandonados en los arrumes de basura eran tambores o “cajones”. Posteriormente decidió recolectarlos y crear con ellos la escultura que presentó en el MOCA, y que luego incluyó en su tesis de maestría en Yale University. La instalación Machu Picchu After Dark (2004) hace referencia no solo a la arquitectura incaica, sino también al pensamiento colectivo y a la forma como una persona percibe a otra, cómo se conoce o se desconoce una realidad, y cómo esa realidad está cargada de múltiples capas. Por otra parte, el parlante simboliza la música, otro aspecto fundamental en su obra, y la cual, junto con los textos, le permite conectarse con el público. Esta pieza icónica ilustra una de las estrategias constantes del artista: proponer temas en los que combina lo actual con referentes históricos, en este caso, andinos y africanos, para darles nuevos significados.

Los trabajos en papel incluidos en la muestra del MOCA hacían parte de una serie de cien dibujos que estaba realizando en Yale, basados en el libro World-Famous Paintings de Rockwell Kent (1939). La publicación incluía cien obras de la historia del arte occidental, impresas de manera que podían ser arrancadas para ser expuestas individualmente. cordova utilizó cada una de ellas como base para hacer sus propios dibujos y collages, a través de los cuales criticó y a la vez trascendió el carácter excluyente del libro. La serie completa, titulada World Famo Paintings (2002-2005), fue presentada en el Studio Museum, en Harlem, y adquirida posteriormente por la Colección Berger, en Alemania.
Si bien cursar la maestría en Yale fue fundamental y le brindó un sinnúmero de recursos y oportunidades, también le mostró aspectos negativos, como experimentar el racismo en carne propia. Según recuerda, “me rompí el brazo y fui al hospital. Me trataron como un janitor [empleado de limpieza]. Pensaron que no hablaba inglés y que era un trabajador, no un estudiante. Tuve que esperar dos horas hasta que me atendieron”4. El haber sido discriminado acentuó su sentir por las causas que aborda en su trabajo.

Al finalizar la maestría, optó por realizar residencias artísticas, en lugar de radicarse en un sitio fijo. Entre el 2004 y el 2014 participó en catorce residencias, entre las que se destacan A.I.R. Program, The Studio Museum (en Harlem, Nueva York, 2004); The Core Program, Glassell School of Art, Museum of Fine Arts Houston (en Houston, Texas, 2006); y American Academy (en Berlín, Alemania, 2013).
En el 2008, fue invitado a participar en la Bienal del Whitney Museum of American Art, en Nueva York, curada por Henriette Huldisch y Shamim M. Momin. cordova presentó la instalación the house Frank Lloyd Wright built for Atahualpa, Fred Hampton and Mark Clark (2008). La obra era un laberinto de madera al que el espectador podía acceder, y en el que combinaba geometría, arquitectura y geografía. También tenía un elemento espiritual, aunque no era evidente, relacionado con los objetos colocados en una estantería a la que los visitantes no tenían acceso. Lo que a primera vista era una estructura sencilla, tenía una fuerte carga conceptual. Al mencionar a Frank Lloyd Wright, uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX, cordova hacía alusión al interés de este último por el Trascendentalismo del siglo XIX y sus perspectivas sobre justicia, espiritualidad y medioambiente, que influyeron en los movimientos de derechos civiles y el ambientalismo. Al leer el título de la obra el espectador se preguntaba: ¿Qué tiene que ver Lloyd Wright con el cantante argentino de música popular Atahualpa Yupanqui o Atahualpa, el último emperador inca, asesinado por Pizarro en 1533, o con los miembros del movimiento Black Panther Party Fred Hampton y Mark Clark? Todos eran activistas, y Atahualpa, Hampton y Clark, al igual que Lloyd Wright, murieron asesinados. Los cinco fueron vilipendiados, y los más contemporáneos, acusados de comunistas y criticados por sus ideales. La instalación era un modelo del apartamento que compartían Hampton y Clark, basado en un plano real. Se trataba de un laberinto de transformación que, según el artista, honraba la memoria de los personajes y, en un plano más amplio, invitaba a reflexionar sobre la carga significativa del espacio. Al respecto, cordova recuerda una cita del ensayo de Octavio Paz El laberinto de la soledad: “No hay nada peor que un laberinto sin un centro”5.

Al finalizar su residencia en Berlín en el 2013, decidió regresar a Miami y dedicarse a la labor curatorial. Su actividad como gestor cultural, al igual que la de escritor, había comenzado en 1994, pero se intensificó al radicarse permanentemente en la Florida. Para entonces contaba ya con una importante red de curadores, directores de espacios expositivos, escritores y una gran cantidad de artistas que, de una u otra forma, estaban excluidos del denominado main-stream. Desde entonces, ha dedicado gran parte de su tiempo a organizar exposiciones y proyectos, creando conexiones que no solo favorecen a los artistas, sino que también hacen parte de su propia práctica, si bien no suele incluir su obra en ellos. En los últimos dieciocho años, ha organizado más de veinticinco exposiciones en distintos espacios, incluidos Project Row Houses (Houston); MOCA (North Miami); Cindy Rucker Gallery (Nueva York); Florida A&M (Tallahassee); y Under the Bridge (North Miami).
Igualmente, ha seguido exhibiendo su obra en muestras colectivas como Pacha, Llaqta, Wasichay: Indigenous Space, Modern Architecture, New Art, en el Whitney Museum of American Art (2018), y la Bienal de La Habana (2019). Entre las exposiciones individuales amerita mencionar Now’s the Time: Narratives of Southern Alchemy, presentada en el Pérez Art Museum Miami (2018), una instalación retrospectiva organizada en forma de espiral, en la que invitaba al espectador a descubrir o revisitar más de sesenta obras en dibujo, pintura, escultura, fotografía, video e instalación (1995-2018)6.

Utilizar el espacio como parte de la obra es un aspecto fundamental en el trabajo de cordova, como pudo apreciarse en el PAMM y puede verse en las piezas que actualmente presenta en la colectiva In Plain Sight, en Henry Art Gallery, University of Washington. Se trata de dos esculturas de concreto monumentales que sintetizan elementos arquitectónicos de las ruinas de Tiahuanaco, en Bolivia; el Day Break Star Indian Cultural Center, en Seattle; y dos oficinas del Black Panther Party, también en Seattle. A través de ellas establece conexiones entre espacios y construcciones que tienen cargas simbólicas muy fuertes. Al utilizar como título la frase introductoria de la canción Voodoo Child de Jimi Hendrix —Stand-up Next to a Mountain (2019)—, cordova establece paralelos y relaciones entre distintas manifestaciones artísticas e históricas.

A nivel pictórico, sigue desarrollando la serie de collages y dibujos en papel de gran tamaño Rumi maki, la cual, según él, “está basada en la tradición de codificar información a través de patrones y textiles, un proceso utilizado y basado en nuestra civilización pasada y en la era digital. Los colores tienen varios significados simbólicos, según la geografía, la cultura y el universo. El título de la serie hace referencia a antiguas artes marciales andinas anteriores a la llegada de la presencia occidental u oriental en las Américas. En ellas, el ritual y el rendimiento son componentes esenciales en el desarrollo y formación de su carácter espiritual, cultural y religioso. El conjunto de collages sintetiza varios aspectos de geometrías sagradas vinculadas al desarrollo de la arquitectura, civilizaciones y narrativas históricas. Su forma es similar a la de los escritos del artista Beryl Korot en Radical Software y a los primeros trabajos realizados en video”7. A nivel curatorial, trabaja actualmente en varios proyectos, entre los cuales destaca una muestra que está organizando junto con el artista Rick Lowe, con motivo del centenario de la masacre de carácter racista perpetrada en el distrito Greenwood, en Tulsa (Oklahoma), la cual tendrá lugar en el 2021.

La obra plástica de william cordova, su gestión como curador y su labor como escritor, se combinan activamente en un complejo laberinto en el que priman la reflexión y la transformación basadas en investigaciones, lecturas, y su propia experiencia vivencial. En palabras de Lori Salmon, directora del Institute of Fine Arts Library de New York University, “la obra de cordova centra nuestra atención en la condición humana, transformando y reconfigurando los materiales, vinculando prácticas de creación de imágenes —desde la pintura y la escultura hasta la fotografía y el cine— a través de una trayectoria histórica”8.
NOTAS
1. william cordova, entrevista con la autora, North Miami, octubre de 2019.
2. Ibid.
3. Ibid.
4. Ibid.
5. cordova, william. Email. Octubre 24, 2019.
6. Francine Birbragher. “william cordova”. ArtNexus No. 110. 97-98.
7. william cordova. “Rumi maki”. Email. Octubre 10, 2019.
8. Lori Salmon, “Entrevista a william cordova”, Yawar Malku (royalty, abduction and exile), catálogo digital, 23.
FRANCINE BIRBRAGHER-ROZENCWAIG
Maestría en Historia del Arte y Ph.D. en Historia Latinoamericana. Historiadora de arte y curadora independiente.

