Teresita Fernández: Elemental es una exposición retrospectiva que cubre la producción de esta artista desde la mitad de los 90 hasta este año, mostrando una excelente selección de dos décadas de su trabajo. Reúne más de cincuenta piezas, entre instalaciones de gran formato, esculturas, técnicas mixtas, y hasta dibujos. Estos últimos se incluyen pocas veces en sus exposiciones; sin embargo, resultan parte vital de su proceso creativo y nos permiten ver su metodología de trabajo desde la etapa conceptual hasta la conclusión de la obra. La muestra es un esfuerzo conjunto del Pérez Art Museum Miami y del Phoenix Art Museum, y una colaboración de curadores de ambas instituciones.
Fernández, quien vive y tiene su estudio en Nueva York, nació en Miami, y se educó en Florida International University, y en Virginia Commonwealth University. Durante su exitosa carrera ha recibido numerosos premios y distinciones, entre ellos el prestigioso Guggenheim Fellowship for Creative Arts (2003) y el MacArthur Fellows Program (2005). Es conocida por sus instalaciones interactivas in situ, varias de las cuales están actualmente de forma permanente en prominentes espacios públicos.

La obra de esta artista se inspira en la naturaleza y se apoya en el tradicional tema del paisaje desde un punto de vista estético, y de sus interpretaciones en la historia del arte. Sus piezas se destacan formalmente por un juego de luz, sombras y texturas, que visualmente crean la ilusión de haber sido hechas de un tipo de material, pero cuando nos acercamos, es otro completamente diferente e inesperado. El uso de materiales es clave para entender la obra de Fernández, y se define por su carácter experimental en la búsqueda de una solución formal para expresar una idea determinada.
La apreciación de su obra se basa en la percepción y el diálogo íntimo que construye con el público. Conexiones que se establecen entre cada obra y cada espectador a partir de experiencias e interpretaciones personales.
Sus piezas son visualmente muy atractivas y tienen un sentido evocativo. En varias de sus instalaciones, al igual que en otras obras, se apoya en el efecto óptico que genera la acumulación y repetición de elementos con los que las crea. Una obra como Fire (Fuego) (2005) es un ejemplo de este tipo de solución. Vista desde lejos, como su título indica, simula un fuego. Construida en una forma circular, las “llamas” están representadas de modo alterno, unas más cortas y otras más largas, replicando lo que puede ser una fogata, y reproduciendo el efecto real de este fenómeno. Al acercarnos, podemos comprobar que la pieza está hecha de miles de hilos de seda, en los que el color cambia entre el naranja de la parte de abajo (fuego) y el blanco de la parte superior (humo). La delicadeza del hilo de seda, que puede moverse suavemente al acercarnos, es perfecta para representar las llamas ondulantes de algo que puede ser tan trágico, y a la vez hipnótico, como puede ser el fuego. Las asociaciones y lecturas de la pieza son tan individuales como personas la vean, desde destrucción total hasta la posibilidad de un renacimiento como el del ave fénix.
Una de las piezas más impresionantes de la muestra es Drawn Waters (Borrowdale) (Aguas dibujadas. Borrowdale), de 2009. Hecha totalmente con grafito, nos muestra una fuente de agua, como una cascada en caída hacia una cama de piedras. Parte del título hace alusión a la región de Cumbria, en Inglaterra, conocida por su histórico depósito de grafito. Según la propia artista, para ella, esta obra es una escultura que hizo como si fuera un dibujo, inspirada en los dibujos de aguas de Leonardo da Vinci, también hechos con grafito. Esta obra, igualmente, tiene influencias del Land Art, en el tema y en la escala.
En la muestra hay varias piezas de ese mismo año y del siguiente, en las que continúa explorando el uso del grafito para representar paisajes, sobre todo escenas nocturnas. Estas piezas son más una “construcción” de un paisaje, que un dibujo, como se ha hecho tradicionalmente con grafito. Fernández opta por un trabajo de texturas con este material, con el que recrea las formas del paisaje en las superficies, a través de varias capas en diferentes configuraciones.
Sus últimas piezas se van alejando de la interpretación del paisaje con un interés estético y como una experiencia personal, y lo utiliza como una excusa para adentrarse en aspectos sociales y políticos contemporáneos. En obras como Charred Landscape (America) (Paisaje carbonizado. América), de 2017, y Fire (United States of the Americas) (Fuego. Estados Unidos de América), de 2017-19, se cuestiona situaciones críticas como los cambios climáticos y las polarizaciones políticas del país. En la última, al presentarnos un mapa de los Estados Unidos totalmente carbonizado, nos remite a la esencia y al carácter urgente de estos problemas.
IRINA LEYVA
