La obra de Sara Ramo (Madrid, 1975), artista hispano-brasileña de creciente proyección internacional, parte de la recuperación de objetos y materiales cotidianos (a menudo desechados u olvidados) que reconfigura, critica y poéticamente, en videos, fotografías, collages, esculturas e instalaciones, consiguiendo abrir otras vías y extraer de las ruinas la posibilidad de un nuevo origen. Sus evocadoras puestas en escena nos proporcionan también una aproximación singular al espacio que pone de manifiesto su interés por el teatro, según la artista, el lugar “donde podemos colocar todas las cuestiones, simular la vida”, introduciendo elementos sorpresivos que consiguen activar la conciencia y los sentidos del espectador.

En lindalocaviejabruja, proyecto realizado para el programa Fisuras del Museo Reina Sofía, el punto de partida es un video que recrea un peculiar teatro de cachiporra (guiñol), donde un telón, hecho a base de retazos de telas viejas, usadas, sube y baja en un inquietante contrapunto con la banda sonora, mostrándonos (solo de la mitad hacia abajo) distintas escenas, entre las que destaca un títere que repite constantemente el gesto de golpear a su mujer con un palo, como suele suceder en el espectáculo “clásico” de Punch and Judy. Titulado Una y otra vez (2019), el video alude de forma directa a cómo se ha naturalizado la violencia contra las mujeres a lo largo de la historia, y a la urgencia de un feminismo que sea, además de una idea, un hábito, una acción1.
La exposición continúa en la Sala de Protocolo del museo, donde una fregona que proyecta una lengua de jabón muestra con ironía la subversión de las típicas tareas asignadas a la mujer.
Seguidamente, en una habitación casi a oscuras, a medida que avanzamos y hurgamos por las rendijas de los armarios entreabiertos, vamos descubriendo objetos y pequeñas instalaciones que intervienen el mobiliario: un enjambre de caramelos, cuencos de arcilla, barras de labios, guantes de látex, tierra, sábanas apiladas, presencias extrañas y al mismo tiempo familiares que transmiten inquietud y cierto desasosiego, al reflejar el asfixiante entorno doméstico que aún determina la existencia de muchas mujeres, y, con ello, los procesos de exclusión, discriminación e invisibilidad social. Resuenan también esos estigmas asociados a las mujeres, activados desde el propio título: linda, loca, vieja, bruja. Frente a todo ello, como señala Silvia Federici, la figura de la bruja, podría verse aquí como “encarnación de un mundo de sujetos femeninos que el capitalismo no ha destruido: la hereje, la curandera, la esposa desobediente, la mujer que se anima a vivir sola, la mujer obeah que envenenaba la comida del amo e inspiraba a los esclavos a rebelarse”2.
La caída y otras formas de vida, la otra exposición que presenta Sara Ramo en Madrid, nos introduce de nuevo en un espacio otro, divergente, teatral, desplegado como forma de resistencia y llamado de atención sobre los tiempos que vivimos.
La propuesta gira alrededor de la idea de columna como elemento simbólico y estructural, cuya presencia marca la estructura y la memoria de la Sala Alcalá 31, antigua sede del Banco Mercantil e Industrial. La artista invierte el recorrido habitual, obligando al espectador a transitar un gran paneleado escenográfico o falsa pared que agrupa las obras, y donde tiene lugar, a modo de “cuento o fábula sobre el actual estado de cosas”3, un evocador diálogo-collage entre formas, tramas, colores, texturas, seres y personajes.
Una línea de sangre y una línea de oro rodean este bosque de columnas falsas y pilares reales intervenidos por la artista, hasta converger y ser absorbidas por un Buraco negro (agujero negro) que evoca críticamente las actuales tensiones políticas y sociales de Brasil y el resto del mundo. Se acentúan también conexiones y guiños distintos con obras y proyectos anteriores de la artista, a modo de collage o “caldero de bruja”, donde se mezclan ideas y formas en una especie de experimento continuo: columnas revestidas con recortes del Financial Times (Contrato vértebra) o con cintas, tiras de toallas y manteles de intensos colores, surcadas por una línea brillante de abalorios (Hendidura), coronadas por vidrios rotos y cemento (homenaje al escultor brasileño Ivens Machado) o formando una estructura trapezoidal con adobe (material típicamente utilizado para la construcción en Brasil que incorpora la herencia geométrica del arte concreto y neoconcreto), parecen conspirar y alzarse bajo el empuje de las sensaciones visuales, rítmicas y poéticas de la serie de collages Abre-alas o estandarte para apoteosis, situados en la planta superior.
Estos collages textiles, a modo de estandartes, trajes o cartas de oráculo, rodean el conjunto ofreciendo nuevos detalles y perspectivas. Cada uno se corresponde con una frase, componiendo una especie de poema o Marchinha de carnaval4 que se extiende por todo el espacio. Como los abre-alas de Brasil (comparsa que encabeza el carnaval) o los parangolés de Hélio Oiticica, estas capas y banderas para ser enarboladas o vestidas convierten al individuo en participante activo de la creación, encabezando un desfile de entidades o tótems que vertebra esa heterogénea colectividad que resiste y resurge para crear otras formas de vida.
NOTAS
1. Bea Espejo: “Sara Ramo: Hasta la fantasía tiene una instancia política”, El País, 10/09/2019.
2. Silvia Federici: Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva, Madrid, Traficantes de Sueñ os, 2010, p. 22.
3. Claudia Rodríguez-Ponga: “Sara Ramo. La caída y otras formas de vida” (Folleto exposición), Sala Alcalá 31 Comunidad de Madrid, en http://www.comunidad.madrid/sites/default/files/doc/cultura/expo.folleto_sara_ramo.pdf
4. Género de música popular brasileño, cuyo primer tema en la historia fue compuesto por la pianista Chiquinha Gonzaga, en 1889.
WENDY NAVARRO
