Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Nancy Friedemann-Sánchez

Utah Museum of Contemporary Art - UMOCA

Nancy Friedemann-Sánchez fue galardonada este año con el Premio Doctorow de pintura contemporánea, otorgado por la Jarvis and Constance Doctorow Family Foundation, en colaboración con el Utah Museum of Contemporary Art. Como ganadora, fue invitada a realizar una exposición, la cual se inauguró en septiembre y estará abierta al público hasta el 2020.

La muestra parte de un cuerpo de trabajo que comenzó en el 2011. Según explica la artista, se trata de una novela visual que inició a raíz de su mudanza de Nueva York a Lincoln (Nebraska). En ese momento se preguntó, si fuera escritora, cómo armaría su nueva casa y, más importante aún, su vida. Dedicó mucho tiempo a la lectura, e incluso tomó una clase de literatura chicana y latina en la universidad, la cual la inspiró a salirse de los códigos que hasta el momento había manejado como artista visual.

Exposición Individual: Nancy Friedemann-Sánchez — imagen 1
Nancy Friedemann-Sánchez. Morisca, 2019. Tinta sobre Tyvek, máscara y peineta. 203.2 x 101.6 cm (80 x 40 pulgadas). Foto: Larry Gawel.

La exposición incluye dos capítulos de esa “novela”. El primero está representado por un enorme bodegón sobre fondo negro, titulado Cornucopia (2016), basado en la investigación que la artista realizó sobre el barniz de Pasto. Esta técnica, autóctona del Sur de Colombia, su país natal, ha sido utilizada por generaciones de artesanos para decorar objetos de madera con la resina obtenida de la planta silvestre conocida como Mopamopa. Los delicados diseños que descubre en el taller de una restauradora en Bogotá la llevan a cuestionar los orígenes de esta expresión artística híbrida, y, sobre todo, preguntarse hasta qué punto esta expresión artística popular refleja la opresión y la resistencia de la cultura indígena por parte de los colonizadores. Los diseños de Mopamopa y su simbología funcionan perfectamente en el marco de su obra pictórica, en la que patrones de delicados encajes, ornados bordados, retratos coloniales y dibujos botánicos, dan pie a la exploración de nociones de identidad, memoria, hibridación y apropiación.

Al igual que sus series anteriores, esta obra tiene un trasfondo feminista. Las flores del bodegón tienen una iconografía muy particular estrechamente ligada a relaciones de clasificación y jerarquía. Al representarlas en lienzos monumentales, la artista engrandece y enaltece el trabajo manual relacionado con las labores femeninas y del hogar. En los símbolos que la artista representa en Cornucopia se encuentran además otras narrativas. Todas las flores representadas están inspiradas en diseños tomados de piezas de Mopamopa, que la artista documenta en un archivo iconográfico. Camuflados entre las flores, aparecen minúsculos hombrecitos con armas y drones que simbolizan no solo la tecnología que se utiliza en la guerra, sino también el hecho de estar siendo observados o vigilados permanentemente por los avances de la tecnología digital.

El segundo capítulo de la “novela” trata temas como la memoria, la migración y la búsqueda del sueño americano, y se inspira en las pinturas de castas realizadas en el siglo XVIII. Como parte de las reformas borbónicas, los españoles clasificaron la composición racial de la población americana según los distintos cruces de “razas”. De los tres grupos originarios –español, indio y negro– surgieron distintas mezclas que fueron documentadas por artistas de la época, principalmente en los virreinatos de Nueva España y Perú.

Friedemann-Sánchez utiliza este marco cultural y las convenciones de las pinturas de castas para realizar dieciséis lienzos, a través de los cuales hace un comentario crítico sobre el racismo, la clasificación social, e incluso la xenofobia, situaciones que están más vigentes que nunca, especialmente en lo relacionado con la migración, la marginación y el desplazamiento.

La exposición presenta nueve de los dieciocho cuadros que componen esta serie. Para realizarlos, la artista invitó a distintas mujeres de origen latino a que posaran manteniendo los brazos alzados, como cuando pasan por los equipos de seguridad de los aeropuertos, o al verse en peligro y gritar ¡no disparen! Las figuras, suspendidas en ese instante, están pintadas sobre fondos negros, y decoradas con meticulosos estampados realizados en tinta y flores cuidadosamente dibujadas. Además, cada pintura está adornada con una máscara tallada y pintada, decorada con una peineta española, que representa una característica relacionada con la casta o clasificación de raza mixta que da título a la obra.

Para Friedemann-Sánchez, estas imágenes simbolizan la obsesión que existe por el estatus social, la complejidad que resulta de la mezcla de múltiples etnias y culturas, y las relaciones de poder que estas generan. De igual forma, la exposición constituye una crítica al legado histórico y la continuación moderna de las jerarquías raciales y las clasificaciones según la apariencia física de los individuos, una práctica que desafortunadamente sigue vigente y afecta las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas a nivel mundial.

La muestra será expuesta en The Columbus Museum, en Georgia, en 2020.

FRANCINE BIRBRAGHER-ROZENCWAIG PHD

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