Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Marta Rodríguez

Liliana Durán

Espacio Continuo

Vivimos en un mundo ruidoso, un mundo saturado de sonidos urbanos y plagado de información. Voces contradictorias y polarizadas nos llegan a través de los medios especializados y de las redes sociales; muchas de ellas aluden al cambio climático y provienen tanto de quienes pretenden ignorarlo como de quienes, impotentes, claman por un cambio. Recientemente, con horror, vimos cómo ardía la selva amazónica bajo la mirada indiferente del presidente de Brasil; hemos visto a un oso polar aferrado a un débil trozo de hielo, y diariamente accedemos a imágenes de zonas devastadas por la deforestación causada por la explotación de los recursos naturales: el oro y el petróleo, así como por el narcotráfico; el dinero y el poder prevalecen sobre el derecho a la vida. A pesar de las innumerables protestas, las acciones que atentan contra la vida del planeta continúan haciendo un daño que parece irreparable. Liliana Durán, desde hace muchos años, cuando el tema aún no era tan candente, venía haciendo señalamientos en defensa de la naturaleza. En la década del ochenta, con sus alumnos de la Escuela de Bellas Artes de Cali, efectuó acciones diversas con un gran sentido ecologista y desde tiempo atrás ha continuado esa defensa en su obra personal.

Exposición Individual: Liliana Durán — imagen 1
Liliana Durán. Montaje, 2007-2009. Sumi-e sobre papeles chinos de arroz con laminilla dorada, plateada y rojos. 230 x 300 cm (90 35⁄64 x 118 7⁄64 pulgadas). Foto: Fernando Cruz.

En su última exposición, titulada Silencio, curada por María Elvira Ardila, reunió un conjunto de dibujos y pinturas realizados en los últimos años. Como lo señala la curadora, esta se dividió en tres secciones: las obras inspiradas en el I Ching, el libro oracular chino; los trípticos de paisajes y animales, y los rollos de dibujos que se extienden desde el techo hasta el piso, en los que, a través de un proceso meditativo, se trazan líneas y grafismos de manera continua utilizando la técnica del sumi-e. (Una manera de dibujar originaria de China, apropiada por los japoneses y por los monjes budistas para escribir y dibujar. Esta técnica, además de pinceles especiales, requiere mucha precisión y debe antecederla un estado meditativo que permita plasmar, no la apariencia, sino la esencia de lo pintado).

El título de esta muestra parece hacerle contrapeso al ruidoso mundo contemporáneo, y con él, Liliana Durán les pide a sus espectadores una actitud silenciosa para relacionarse con la obra, en un acto contemplativo donde no medien las palabras. Por otra parte, el proceso de estas piezas también obedece a un acto silencioso, meditativo, que se vincula con actitudes propias de la cultura oriental, donde hay algo ceremonial, más cercano al gesto que a la palabra.

En su estudio, un lugar alejado de la ciudad, en completa soledad, y en contacto directo con el paisaje natural, surgió uno de sus trabajos más significativos: Homenaje al planeta (2009), conformado por 365 dibujos de pequeño formato, en los que mostraba cómo, día a día, languidece la vida: paisajes llenos de color y detalle, en una larga sucesión, iban palideciendo hasta extinguirse. Su obra, a partir de entonces, parece estar marcada por esta obsesión, que, lejos de ser un producto de la imaginación, se ha convertido en una dramática y apremiante realidad. El tríptico de los animales que hizo parte de Silencio, a mi juicio, la obra más importante de su producción reciente, alude a las especies que están en peligro de extinción. En el primer lienzo, trabajado sobre lino crudo sellado con cola de conejo, lo que le confiere un brillo muy sutil, se delinea con tinta negra, con mucha precisión y detalle, cada uno de ellos. En la siguiente tela, los animales ocupan exactamente el mismo lugar, pero los rasgos de su fisionomía van desapareciendo, y en el tercer cuadro tan solo prevalece un débil trazo de sumi-e que deja una huella casi imperceptible de su existencia. El tamaño de esta obra, que va del techo al piso, el dominio del dibujo, y la idea que lo impulsa, realmente hacen que en silencio, y poéticamente, en ausencia de las palabras, asistamos a la aniquilación de cientos de especies y experimentemos nuestra impotencia ante el devastador panorama que presenta el mundo de hoy.

Este tríptico, además de su potencia, revela un exquisito refinamiento que está presente en las obras restantes: en los delicados dibujos del I Ching con los que se conformó una especie de mural, la mitad trazados sobre papel blanco y la otra parte sobre papel naranja, ambos ejecutados con la técnica del sumi-e, sugieren una especie de ceremonia que denota largos días de trabajo. En los trípticos del paisaje prevalece un lenguaje que combina la laminilla de oro con el peso implacable del carboncillo y la tinta negra, obras austeras y exquisitas. Cualidades que también están presentes en los rollos larguísimos que son antecedidos por un acto de meditación que permite que una especie de liberación se manifieste a través de un grafismo continuo que evoca tanto la caligrafía oriental como aquel momento en que los artistas occidentales, hastiados de los desastres de la Segunda Guerra Mundial, miraron, como lo hace Liliana Durán, otros mundos, otra espiritualidad y otra cultura.

El día de la clausura, se montaron algunos dibujos de la serie Homenaje al planeta, que fueron donados a todo aquel que llevara un árbol para luego ser plantado en la sabana de Bogotá, una manera de resarcir el daño ocasionado durante tantos siglos de dominación que el hombre ha ejercido sobre la naturaleza. Esta exposición se impuso como un acto silencioso, un acto de resistencia refinado y contundente ante la ruidosa destrucción que amenaza la fragilidad de la vida.

MARTA RODRÍGUEZ

Liliana Durán, por Marta Rodríguez | artnexus