El hombre es el único ser obligado a construir un entorno para poder habitarlo. Así, para redefinir el ser del hombre es necesario redescubrir las claves de su estar. Conviene entonces desplegar una mirada que (re)crea su relación con la arquitectura, el paisaje y la urbanidad, entendidos como las figuras que definen el construir de un habitar. Esta es una de las estrategias discursivas más urgentes dentro de la problemáticas del arte contemporáneo más actual.
Y es dentro de este contexto discursivo desde el que debe abordarse la obra de Juan Ricardo Mejía, a través de una exposición como De-Construcción Construcción (2019). Aquí se articula una serie de obras en las que, aun sin ser preponderante la poética abstracta geométrica, tiene esta un visible protagonismo. Hay obras escultóricas, pero hay también en formatos instalativos como Alfabeto urbano (2018), donde, en ambos casos, destaca la naturaleza objetual y geométrica constructiva de estos trabajos. Igualmente, destaca en la tridimensionalidad de estas esculturas el empleo de materiales como el acero cortado y plegado con pintura electrostática, a lo que se suman impresiones fotográficas. Son los casos de una serie como Genius loci. Modelos. El color de la sombra No. 2, 3, 4, 5, 6 (2015). Aquí y en otras series, Mejía es un artista con un lenguaje cuya sintaxis nos remite, por una parte, al empleo del recurso del abstraccionismo más puramente geométrico, donde se manifiesta, entre otras características, la obsesión por la dimensión compositiva de la obra orientada a encontrar equilibrios entre el orden y la geometría. Por otro, se percibe a un escultor que, también, maneja en la construcción de sus esculturas una modularidad como elemento distintivo de la poética minimalista.

Mejía viene del mundo de la arquitectura, y esto es un elemento que se expresa en su trabajo, tanto en la perspectiva poética como en la discursiva. En lo poético, por ejemplo, cuando vemos muchas de estas obras, es perceptible la inspiración en el oficio del dibujo; es rastreable también la vocación por proyectar imágenes de los objetos en el espacio. Es perceptible todo un proceso de racionalización, de ordenamiento emanado del dibujo como capital simbólico que “traduce” lo imaginado al orden tridimensional, que concreta la riqueza caligráfica del dibujo técnico artístico en objeto escultórico. Y ello resulta distintivo de su trabajo. Pero lo que resulta más curioso aún es que, tanto en la serie antes mencionada como también en El color de la sombra (2015), o la serie Interiores íntimos. Lugares de luz (2017), el entrelazamiento de los elementos abstractos geométricos y minimalistas está habilitado por una conciencia poética de claros ecos posconstructivistas. Apariencia que, de algún modo, viene dada por ese particular toque de ensamblaje que presentan las obras y la concepción del espacio, que se arma y construye a partir de una especie de caligrafía de planos, cuya proyección lámina y secciona las dimensiones espacio-temporales.
En la perspectiva discursiva, el trabajo de Mejía reflexiona sobre la particularidad que alcanza el paisaje de la ciudad, más allá del ordenamiento constructivo y urbanístico, más allá de su calculada racionalidad en el diseño tanto del espacio público como del privado. Diríase que a Mejía le interesa justamente lo contrario. Le interesan la indeterminación de las periferias, lo inestable de las estructuras, esas fronteras donde pueden converger la construcción fabril y el habitar humano. Lugares donde el espacio de trabajo y el de ocio, la vida diurna y la actividad nocturna, se superponen, creando otros planos de la cotidianeidad. Es un habitar que, en su precariedad, vive y se reproduce gracias a las “rupturas” de las reglas constructivas y urbanísticas tradicionales, organizado por los protocolos de la modernidad.
No es casual entonces en la obra de Mejía (El color de la sombra), esa proliferación de planos lanzados hacia arriba, o hacia abajo, desde el horizonte de las obras. O esos verticuetos de oquedades expandidas y ondulantes, producidas por la superposición de estructuras (Lugares de luz). Obras cuyas partes proyectan sombras sobre el plano, capaces de ensamblar espacios a través de las distancias que los separan. Son esculturas discursando simbólicamente sobre un régimen constructivo que reproduce las condiciones desestructuradas o informes, donde el habitar del ser vive bajo un estado de excepcionalidad permanente de la existencia.
DENNYS MATOS
