Dos artistas, dos momentos, dos abstracciones, pero como bien lo dice el título de la muestra a la que hacemos referencia, un objetivo fundamental. Los límites del vacío, sin lugar a dudas, es una exposición que nos ayuda a encontrar relaciones cercanas entre dos artistas que han venido trabajando de forma paralela desde hace cincuenta años, cada uno por su lado: John Castles, en Colombia; Jordi Teixidor, en España. Desde sus inicios, la abstracción, o incluso, el gusto por las formas geométricas, ha sido incondicional. El primero, desde la escultura; el segundo, desde el plano bidimensional, desde la pintura.
Empecemos por el vacío. Un concepto tan complejo y tan abstracto a la vez. ¿De qué forma es el vacío? ¿Qué origina la idea de ese vacío?

Nada, nada puede ser tan insondable, o incluso tan inasible, como lo es el vacío. ¿Salvo la muerte? ¿Acaso sean parientes entre ellos? ¿Acaso se parezcan por su carácter amorfo, inestable y profundamente indefinible? Procuremos acercarnos a un ejemplo concreto que se acerque medianamente a ese vacío, a esa muerte: la nada detrás del universo. El momento continuo en que el universo amplía sus límites hacia el infinito. Se nos dice que el universo tiene unos límites y que ellos colindan con la nada, con un vacío insoportablemente lleno de nada. No hay luz, no hay espacio, no hay nada. ¿Sería entonces ese el límite del vacío, aquel lugar en el cual el universo colinda con la nada? ¿No es eso que llamamos nada una suerte de dios creador, de estructura mística que ha ayudado a formar religiones y que apacigua nuestra confrontación permanente con el vacío?
Las formas que aparecen en esta muestra son definitivamente señalamientos de lugares que dejan entrever su contrario: no lugares, espacios vacíos, contraposición desequilibrada e injusta de pesos. Una vez se abren los espacios pictóricos de Teixidor, se refuerza la idea de que se trata de una lucha entre la forma y la antiforma, entre el vacío y el deseo del cuerpo por contenerlo, por apropiárselo.
Si disponemos una de estas pinturas con una escultura de Castles, veríamos que se trata de anunciar características similares: la forma no existe si no existiesen sus límites, y los límites no existen si no hay algo más allá de ellos. Ese más allá es el que se ha catalogado como el vacío. Un choque entre dos estructuras conceptuales que se rigen bajo la abstracción. Seguramente esa confrontación sea su esencia en la geometrización. La búsqueda de articular planos que sugieren fuerzas de poder que terminan por dejarle al espectador un señalamiento ontológico angustiante.
En lo anteriormente descrito hay dos asuntos relevantes que podríamos citar en este momento y que pueden ayudar a plantearnos una pregunta sobre el sentido humano que ronda la exposición: la escala y lo político.
Si bien se han mencionado las fuerzas que rondan y que determinan las formas en Teixidor y Castles, no deja de ser interesante ver que hay algunos rezagos minimalistas que apelan a la corporeidad; a la escala humana, a la relación del cuerpo con la obra. Indudablemente se trata de obras, en ambos casos, que suceden teniendo en cuenta el cuerpo de la persona que las habita y el espacio de exposición en el que se encuentran. Allí hay una relación intrínseca que nos habla de la escala, de la arquitectura y, por ende, de cómo unos cuerpos definen espacios que anteriormente no existían. Su relación con el vacío, con el universo o con lo místico, trata exclusivamente de una intención de no dejarse nombrar porque sus límites siempre han sido móviles y extraños.
Por otra parte, al tratarse de formas que se extienden y se confrontan, su apelación a esos espacios que se crean hace que la reflexión se pueda dar hacia la búsqueda de una “toma de poder”. El color negro en Teixidor, las curvas seductoras pero a veces incisivas de Castles, nos llevan a entender que estas obras, dentro de su profunda abstracción, son campos de permanente lucha entre la forma y el vacío, entre el universo y el infinito, o entre el ser humano y su naturaleza discontinua, su saberse mortal. El negro profundo de Teixidor, definido incluso en un plano mínimo o en una vasta superficie, se antepone con otros cuerpos, o acaso otras formas, que, dentro de su geometría, se vuelven inestables. Los cuerpos de Castles surgen de un plano de hierro que se retuerce, se corta, se desgarra, volviéndose una lucha entre dicho plano y el espacio que crea.
Ambos crean espacios a partir de la nada, sugiriendo que definitivamente, como lo decía Heidegger, el espacio no existe sin la forma que lo construye. Aun así, tenemos espacios que empiezan a existir más allá de estas formas, porque se trata de espacios que van mentalmente expandiéndose como lo hace mentalmente el universo o los dioses que lo rigen.
ANDRÉS GAITÁN T.
