Kuri (México, 1970) utiliza la materia como hilo conductor para clasificar —literalmente— sus piezas, impregnadas de alto contenido conceptual. En un ejercicio por reinterpretar su propio trabajo desde la lógica del reciclaje de desechos, el artista consigue categorizar su trabajo en papel, plástico, metal y materiales de construcción, siendo estos los ámbitos propuestos para abordar su primera individual institucional en Bruselas, que reúne más de sesenta obras. Es curada por Zoë Gray.
Flujos de información, así como principios relativos al valor comercial y simbólico, son comprimidos a diferentes tenores en las piezas presentes en la muestra. Hábitos de consumo, tensiones físicas (entre la densidad y el peso de los materiales que ensambla), producen una desconcertante sensación de precario equilibrio.

El recorrido y espíritu de la muestra pueden vislumbrarse desde pulcros dispositivos que evidencian la simpleza de una idea y la contundencia de una metáfora, como la contenida en su papelera metálica de 2009, que visualiza en un diagrama circular cómo se puede compartimentar un desecho, cómo puede reordenarse.
Desvinculándose de una cronología lineal, Kuri ensambla no solo diferentes materiales, sino también ideas dispares que le han hecho atesorar diferentes objetos extraídos de diversas geografías. Detritos que han sido meticulosamente seleccionados por su valor estético o conceptual y que Gabriel Kuri realza, abriendo literalmente un camino reflexivo, como es el caso de la Donation box (2010-2019). Esta instalación permite al visitante abrirse paso en medio de sendas acumulaciones de arena infestadas de colillas y algunas monedas. ¿Cómo pueden las enormes masas oceánicas o los generosos bancos de arena hacerse cargo de nuestra inconsciencia?
Piezas como Tongues and Holes (2019) configuran erotismo, a partir de un objeto cotidiano como un dispensador de toallas de papel con aplicaciones en conchas marinas nacaradas, un objeto naturalmente asociado a lo femenino.
Kuri también subraya su discurso desde mecanismos desclasificados para contabilizar información. Tarjetas perforadas, entrañas de los primeros ordenadores, responden hoy a una época superada. Con las dos instalaciones Felt Data Cards B.1 y B.2 (2019), elaboradas en fieltro PET, incrustadas con frijoles negros, Kuri enfatiza en clave de humor, con un alto sentido estético y conceptual, cómo este método puede ser sobredimensionado y ridiculizado en cierta forma. No obstante, métodos elementales como contabilizar con frijoles vs. las complejas tarjetas de datos computarizados cobran una segunda vida útil, ya no para calcular, sino para complacer estéticamente. El fieltro sobre el cual son confeccionadas estas piezas connota la absorción del sonido, implicando una cualidad conceptual al material, tal y como Joseph Beuys también comprendió.
Siguiendo esta lógica de “entrañable inutilidad”, Kuri representa con Quick count 1 (2017) acumulaciones de frijoles negros, solo que esta vez representados gráficamente sobre cinco paneles de color negro, siendo prácticamente imperceptibles al mimetizarse sobre estos. Los tres conjuntos conforman una composición minimalista.
Box for four (2017) es una instalación que reflexiona sobre la acción de servirse de aquello que necesitemos. En lugar de un recipiente con pitillos o cañitas plásticas, cuya “inutilidad perniciosa” refleja en el contexto de otras piezas, esta vez el artista dispone dentro de los mismos dispositivos contenedores varios billetes clasificados por sus denominaciones. Un guiño a la ambivalente “necesidad” del papel moneda o la ambivalente necesidad de objetos descartables de plástico.
Descartable pero necesaria, es la docilidad de un preservativo de látex, que, hinchado con aire, no solo alude llamativamente a datos relativos a tasas de natalidad, sino a su relación con la distribución de la riqueza y su respectivo impacto en el planeta. La fragilidad que connota este material en contacto con formas amenazantes sirve para diferentes juegos conceptuales.
Las propiedades y la apariencia aséptica del metal inoxidable, unido a su valor estético, son recursos desde los cuales los ensamblajes de Kuri cobran diferentes dimensiones. Al contrastarlo con plástico, con látex, con un objeto oxidado, se originan diferentes resultados sensoriales. El metal asume la responsabilidad de la resistencia y la protección.
Looping Trajectory through Collapsible Mountain 01- 01 (2015) es una pieza en la que cintas de metal galvanizado en dorado y plateado conforman un bucle simbólico, una especie de cinta moebius sobre una compleja estructura caótica. Es una metáfora del flujo torpe que se confiere a la cadena de valor que ocupa los metales preciosos.
Podemos asumir Quick standards, de 2019, como una poética forma de protesta. Kuri se vale de mantas térmicas de emergencia sujetas, a modo de relucientes pancartas. El mensaje es tácito, pues estas “mantas” son una “solución práctica” con las que se arropa escandalosamente a los inmigrantes que escapan a la deriva de los desastres, producto de dicha cadena de valor alterada. Por eso, el artista también utiliza monedas como metáforas de excrementos, y también las hace inútiles en cartón.
El plástico “y sus usos” son enfatizados en Untitled (stages in an event line) (2019), instalación en la que la reconocible etiqueta de caducidad en las bolsas autosellantes es maximizada y fortalecida para dar soporte a una contundente estructura que conduce un hilo de nailon tensado a lo largo de la sala. Lamentablemente, el ritmo en la distribución y descomposición de un alimento insiste en tensarse y hacerse cada vez más rentable. Por otra parte, Thank You Clouds (2004) presenta bolsas comunes de supermercado con inofensivos mensajes al consumidor, que son adosadas a ventiladores insuflando un inquietante sonido.
La reinterpretación de piezas de papel descartables, específicamente facturas que reflejan índices de consumo cotidiano, confeccionadas en lana, da lugar a hermosos y controvertidos tapices. Dichas facturas no solo enfatizan el efímero flujo del dinero, sino que conforman una consistente serie que caracteriza el cuerpo de trabajo de Kuri y le permiten incluso abordar sus potencialidades plásticas al deshilacharlas, al mostrar errores en su impresión, al contrastar sus colores pálidos.
Los materiales de construcción acentúan el peso de la muestra y connotan los abrasivos procesos que agilizan la maquinaria constructiva, “civilizadora”. Estamos ante un espectáculo cotidiano que se deja entrever desde un precario telón Soft opening (2011), que nos invita a finalizar el recorrido.
ELISA RODRÍGUEZ
