Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Nelly Perazo

Eduardo Medici

Galería Rubbers Internacional

Eduardo Medici expone su última serie, Malos tiempos, en el nuevo local de la galería, que ha ganado en amplitud y luminosidad.

Tanto a través del dibujo, la fotografía o la pintura, como en esta muestra, el mundo de Medici es una indagación desesperada sobre la existencia humana. 

Su obra siempre asombró por la profundidad de la problemática planteada.

Desde el primer momento, manifestó su interés humanístico con torturadas figuras que recordaban a Giacometti. Luego hizo explosión el color, y su investigación de la historia de la pintura como un campo de interrogantes dentro del cual tenía que insertar su propio lenguaje.

En él, nunca existió la oposición cuerpo-alma o espíritu-carne, presente ya en las antiguas “Disputas” medievales. Para él, nunca está separado el cuerpo de su parte espiritual, en una completitud que exalta la condición humana y da sentido al sacrificio. Sacrificio y ritual son temas que se vinculan a los del erotismo y la muerte, que son motivos de reflexión constante en su obra.

Exposición Individual: Eduardo Medici — imagen 1
Eduardo Medici. Sin título, 2018. Acrílico sobre tela. 120 x 180 cm (47 1⁄4 x 70 55⁄64 pulgadas). Cortesía: Galería Rubbers Internacional.

Actualmente está lejos de cualquier vínculo con la iconografía religiosa que lo acompañó en tantas obras anteriores.

Seres ingrávidos parecen deslizarse o flotar jugando –sobre un fondo unificado– buscando encontrar un equilibrio o un ritmo con paraguas negros, de distinto tamaño, no menos oscilantes y vulnerables que la figura que acompañan.

En algunas obras los paraguas flotan solitarios; en otra, de colores alegres, las figuras de Prometeo y el cuervo nos devuelven a la tragedia existencial.

Los paraguas, hipotético elemento de salvación, de refugio, aluden a posibles apoyos, más imaginarios que reales.

En un caos de colores y posibilidades naturalísticas, una cabeza femenina con un pájaro (Minerva con su lechuza, metamodernas), con mirada atenta y sabiduría, hace surgir cosas del caos.

Contrasta con estos espacios cubiertos de elementos vistosos, la soledad inmensa representada en tres obras. En una de ellas, sobre el fondo, se destaca una silueta oscura, sola bajo su paraguas. En otra, esta figura solitaria se opone a un fondo oscuro para nada homogéneo de perturbaciones y alteridades.

La visión fragmentaria de la tercera es una mujer a la cual el paraguas ya no alcanza a proteger de la lluvia agobiante y va desdibujando su imagen.

¿Aluden estas siluetas a una soledad íntima o se trata del anonimato de las redes sociales?

En esta muestra el artista nos asalta con dos citas de Velázquez: una que es exaltación del cuerpo femenino, su sensualidad luminosa, donde comienza el “estar con”, la díada de la cual nos habló Sloterdijk. Es la unión con el cuerpo de la mujer que permite librar batalla contra la muerte.

La otra cita, Las meninas, también de Velázquez, fue motivo de reflexiones sobre el espacio, hechas por Michel Foucault, de inteligencia y sutileza ilimitadas.

En un artículo escrito en colaboración con Alejandro Schianchi, nos preguntábamos, al ver el cuadro de Las meninas, ¿qué se hizo de la perspectiva tradicional –monocular y fija–, cuando vemos este increíble despliegue de espacios representados y virtuales entrecruzándose y desplazándose como en un torbellino?

Hay un intercambio de roles entre sujetos, objetos y espectadores. ¿Nos mira a nosotros Velázquez, o a los reyes, cuya imagen nos devuelve el espejo del fondo? ¿En qué espacio se ubican Las meninas? ¿Qué se abre con la aparición de la figura del fondo? 

Como dice Foucault, aparece una invisibilidad profunda de lo que se ve, solidaria de la invisibilidad de quien ve a pesar de los espejos, de los reflejos, de las imitaciones, de los retratos.

La representación adquiere aquí una ilimitada libertad, la cual va más allá de cualquier código o norma precedente.

Como ha señalado Guattari, ahora constelaciones singulares y dinámicas generan permanentemente modos de producción. Así, Eduardo Medici retoma Las meninas para transformarlas en un juego de temporalidad entre pasado y presente. Es una ficción por partida doble. Hay una representación de la representación velazquiana, donde Medici ocupa el lugar del pintor, y en la pared del fondo hace un alucinante recorrido de rupturas fulgurantes del arte del siglo XX: Duchamp, Magritte, los Becher, los artistas geométricos. También se ha duplicado la visión especular. Al espejo del fondo se ha añadido una superficie reflectante como punto de apoyo de los personajes.

La obra no es una cita, no es una referencia unidireccional, como es el caso, por ejemplo, de Picasso cuando realiza su versión de Las meninas. Medici –siguiendo el pensamiento de Guattari– heterogeneiza los universos de referencia y los utiliza para una indagación dinámica de la situación del artista contemporáneo.

Cuenta con ello nuestro artista para plantarnos en la multiplicidad del espacio y dejarnos flotando, inciertos, inseguros, plenos de preguntas sin respuesta como sus personajes.

Sí, Medici nos recuerda que ese desfasaje conceptual que se inició en el siglo XVI todavía nos acosa. Y se rehúsa a una contemporaneidad globalizada y banal, siempre en la superficie.

NELLY PERAZZO

Eduardo Medici, por Nelly Perazo | artnexus