Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Susana Benko

Carlos Qintana

La Caja 1, Centro Cultural Chacao

Carlos Qintana (con apellido escrito intencionalmente sin la U) siempre nos sorprende. Su trayectoria artística se ha mantenido sólida, revelando una capacidad muy particular de trabajar el objeto escultórico, ya sea en ensamblajes o, como en etapas anteriores, creando figuras con metal recortado, algunas muy jocosas y plenas de humor.

En su proyecto más reciente, la materia –con la cual se conforman sus nuevos objetos– constituye, tal vez, el eje protagónico de su última exposición individual, titulada MMXIX. Esta fue realizada en La Caja 1 del Centro Cultural Chacao, en alianza con el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia y la Fundación Govea-Meoz. La curaduría estuvo a cargo de Patricia Morales y Verónica Liprandi.

Exposición Individual: Carlos Qintana — imagen 1
Carlos Qintana. MMXIX, 2019. Instalación (maderas encontradas). Dimensiones variables. Foto: Carlos Germán Rojas.

La materia, entonces, constituye el elemento expresivo por excelencia. Se trata en su mayoría de objetos –o alusiones a objetos– hechos, unos, con trozos de madera, y otros, con carbón. Los segmentos generan formas que revelan precisamente cuán expresivos estos materiales pueden llegar a ser, sobre todo en partes donde la madera se muestra al natural. En tal sentido, cabe señalar la manera como el artista ha asumido el trabajo con estos materiales. Primeramente, como lo acabamos de decir: mostrándolos tal como ellos naturalmente son. En segundo lugar, haciendo uso de “objetos encontrados” susceptibles de ser considerados como objetos de nostalgias y de memorias contenidas por su aspecto desgastado y fragmentado, algunos con huellas de la pintura con la que fueron originalmente pintados. En tercer lugar, creando combinaciones de formas a partir de estos fragmentos para sugerir objetos de diversa naturaleza. Finalmente, componiéndolos linealmente para concebir cinco instalaciones que parecen conectarse formal y semánticamente entre sí. Lo cierto es que esta composición lineal bordea toda el área de la sala en su totalidad, con excepción de un jardín de madera en el centro de esta, colocada en el piso, que, en relación con las demás, adquiere una connotación especial.

Cada objeto o segmento de madera o de carbón, vistos individualmente o en conjunto, puede ser interpretado con entera libertad, pues no se trata de dirigir al espectador hacia alguna interpretación determinada. Señalan las curadoras que Carlos Qintana “nos propone una intervención de la sala donde ensambla objetos derivados de la cultura material con la que establecemos relaciones ambiguas y a la que podemos otorgar múltiples interpretaciones, organizando ideas y resignificando una historia fragmentada”.

El espacio expositivo se convierte en “la hoja en blanco” siendo las paredes el soporte de las obras. Estas actúan como “escrituras visuales”, con la particularidad de que son tridimensionales. Su “lectura abierta” da pie a que se despierten sensaciones tales como el desgaste y la nostalgia por esta condición de “objeto envejecido por el paso del tiempo”. Pero, asimismo, hay una belleza particular en la materia, por su impacto espacial y su sintaxis. La disposición lineal de estos fragmentos y su combinatoria tienen una connotación discursiva innegable, pues un elemento se enlaza con el siguiente conformando una narrativa visual con un ritmo y un tiempo determinados: precisamente el tiempo que transcurre en toda lectura. En definitiva, estas instalaciones son “textos objetuales” (o como decíamos antes, “escrituras visuales”), cuyos sentidos se van “narrando” a medida que vemos los objetos en línea horizontal a lo largo de cada pared, e incluso en ángulos de la sala.

Con los carbones se produce un efecto similar. Como la propuesta instalativa supone la posibilidad de ser interpretada libremente, en este caso vimos una suerte de escritura o pentagrama (sin sonido) resuelto plásticamente por medio de veladuras, claroscuros y juegos tonales que suscitan lecturas rítmicas tan solo con estos trozos de carbón.

En otros casos, las formas punzantes “agreden” y expresan violencia. En El Gabinete de Dorángel, una pieza aislada del conjunto justamente por poseer un referente definido, vemos una serie de fragmentos de madera que remiten a una cocina, a muchos cuchillos y a una serie de formas que parecen embutidos de todo tipo. Se trata de una instalación que convierte el espacio ocupado en un recinto de subversión y de denuncia acerca de un hecho abominable ocurrido durante un motín carcelario en Venezuela. Algunos reos fueron víctimas de canibalismo a manos de un preso llamado Dorángel. Denuncia o alerta, en cualquier caso, este es el recordatorio de un hecho infame silenciado por la indiferencia y la falta de justicia.

En conclusión, toda escritura implica el enlace de contenidos, y, en este caso, la percepción de los elementos yuxtapuestos es sucesiva y temporal. Así vimos y leímos esta exposición y, como señalan Morales y Liprandi, la muestra “trasciende la condición material de los objetos develando el poder de lo intangible, de la energía inmaterial que poseen. Nos remite a lo verdadero y lo falso, al mito de la verdad que suele ser más cruda que las historias ficticias, y cómo estas últimas suelen triunfar en la historia de la humanidad”.

Las formas y los objetos de Carlos Qintana son, en tal sentido, poderosos “contenedores de sentidos”.

SUSANA BENKO

Carlos Qintana, por Susana Benko | artnexus