De regreso al Museo de Bellas Artes de Santiago, después de más de diez años, Carlos Altamirano viene con una retrospectiva de sus pasadas creaciones y presenta su obra actual: O si no.
Si bien es cierto que han pasado los años en que expuso en este mismo recinto, la obra de Altamirano permanece incólume, tal como se puede apreciar en esta exposición. Sus obras están ancladas en el pasado, y este no cambia. Lo importante es ver el efecto que causa en las nuevas generaciones que no vivieron la época en que fueron concebidas. Es así como una simple obra, consistente en una impresión de desnudo de una pareja, un hombre y una mujer, que cuelgan del techo, hace que el público reaccione de diferentes maneras. Antes y ahora, la gente reacciona, ya sea con un abierto rechazo; otros, con una mirada asolapada; algunos, con una manifestación de alegría, de jolgorio o de comicidad. Puede que Altamirano no busque presentar una obra de calidad en términos de su composición, color o luz, para lograr esta provocación del observador y permitir un comentario de este: ¿Esto es arte? La respuesta está en suspenso y cada uno podrá manifestar su opinión, y, de esta manera, lograr el objetivo último de la obra.

El resto de las obras que componen la época pretérita del artista son una clara demostración de la existencia de una línea personal de materializar en sus instalaciones sus vivencias, siempre reales, como lo es la cotidianidad de la vida en sociedad, y sus consecuencias.
Antes de ingresar a la sala Roberto Matta, para observar O si no, hay una leyenda que dice:
“Si el que entra aquí no está dispuesto a entrar en contactos peligrosos, manténgase alejado”.
La advertencia a los posibles observadores manifiesta, de parte del artista, tal vez que lo que están dispuestos a ver; puede que no esté de acuerdo con sus pensamientos políticos, o que la intención sea llamar la atención y predisponer al observador para tener cuidado con elementos de la instalación, que pudiesen provocar accidentes.
O si no constituye una regresión, una búsqueda en el pasado de situaciones que marcaron a nuestro país. Es el rescate de hechos muy significativos para sectores de la población que les dejaron una huella imborrable, y Altamirano devuelve los hechos, en una dimensión espacial de su instalación, utilizando objetos interpretables simbólicamente. Es así que se presentan retratos de personas detenidas, cuyo estatus final fue ser parte de los miles de desaparecidos, frente a un país, muchas veces indiferente y en reconstrucción permanente, donde nada es lo que es; con un bello jardín de flores alineadas, la instalación es rica en términos de significado, una visión múltiple de parte de los que observan, con los correspondientes matices de luz y color.
Para entender más en profundidad su obra y el porqué de su juego con el tiempo, debemos recurrir a lo expresado en su Obra completa, libro editado en agosto del 2007. En ese documento expresa lo siguiente: “Una vez en el norte de Chile, un amigo de bar me dijo que para los aymaras, el pasado se encuentra al frente de uno, ante los ojos, y el futuro, invisible, se acarrea en la espalda. Al oírlo pensé que describía, con inalcanzable sencillez, mi anhelo de trabajo artístico un deambular por mi imaginario, donde el pasado está a la vista, consumiendo, durante el trayecto, el contenido de mi mochila. Desprovisto de certezas, excepto la de estar ahí, ese recorrido sin proyecto transcurre sobre el inconfiscable lugar de quien recuerda lo que vio y dice lo que ve, como uno entre muchos, único y laico, que testifica civilmente, sin himnos, y construye con la libertad de un pintor de domingo el relato de una historia intransable: la mía”.
Para la instalación O si no, Altamirano ha construido un jardín muy singular en medio de la Sala Roberto Matta, compuesto de 1.044 flores de alambre. ¿Este será un número cabalístico? Primera interrogante. Luego, los retratos y relatos de personas detenidas, y después, desaparecidas. Y los escombros y las gentes caminando. Tarea para el observador. Sumar estos tres conjuntos e interpretar. ¿Pasado, presente y pasado? O tal vez la necesidad de buscar en los escombros, esos desaparecidos, para enterrarlos en ese mar de flores. Bonito juego para el observador.
ERNESTO MUÑOZ
