Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Alessandra Simoes

Cadu

Anita Schwartz Galeria de Arte

Partiendo de dos conceptos distintos, una ratonera y el avión Concorde, el artista Cadu construyó una expresiva imagen poética del mundo. Con decenas de obras inéditas expuestas en su primera individual en la Anita Schwartz Galeria, este paulista radicado en Río mostró una vez más su obsesión por explorar múltiples lenguajes, en una búsqueda incesante de las relaciones de la naturaleza, de los materiales y de las máquinas, y de estos con el ser humano. Con una producción que abarca dibujos, pinturas y esculturas resultantes de largos períodos de investigación, el artista ocupó dos pisos de la galería, con cerca de treinta obras.

Exposición Individual: Cadu — imagen 1
Cadu y Virgilio Bahde. Craca Ganga 6 (Percebe mezclilla 6), 2019. Madera, níquel, cobre, malaquita y ágata. 12 x 34 x 24 cm (4 23⁄32 x 13 25⁄64 x 9 29⁄64 pulgadas). Cortesía: Mari Morgado y Antônio Rezende.

El título de la muestra curada por Marcelo Campos, Fábrica de Ratoneras Concorde, llevó a una serie de asociaciones a partir de “una relación entre dos creaciones del ingenio humano”, afirmó el artista. Si por un lado hay un objeto simple y rudimentario, para el control de plagas, por otro, una aeronave que representa “una desobediencia a los dioses de la ambición industrial”, comentó. Diferentes en sus tamaños y funciones, los objetos revelan, entretanto, la idea de ingeniosidad que traspasa buena parte de la trayectoria del artista. Obsolescencia, esquemas de distorsión del espacio, circuitos cerrados y rejas componen trampas visuales, en las que conviven paradójicamente composiciones matemáticas con pinceladas abstractas y coloridas, materiales diversos, planos bi y tridimensionales, en un conjunto particular que mezcla organización y caos.

La muestra se convirtió en un vibrante conjunto creativo que reunió dibujos, pinturas, esculturas y dos obras interactivas, llamadas Chinese Whispers y Pantógrafo, ubicadas en el primer piso de la galería, junto con la serie Fábrica de Ratoneras Concorde, nueve pinturas sobre papel de diversos tamaños. En Chinese Whispers, el artista retrató el juego popular del “teléfono sin cable”. Se convidaba al público a mover un lápiz conectado a un sistema desarrollado por el artista que reproducía el dibujo hecho, generando versiones aumentadas, disminuidas o distorsionadas del dibujo original. Otra artimaña artística, el Pantógrafo, permitía a los visitantes hacer un pequeño dibujo en el lado de una mesa que, en el lado opuesto, aparecía ampliado ocho veces.

En el segundo piso de la galería, cuatro series ocuparon el espacio: Ganga, Craca Ganga, Ágata y Walden. La serie Ganga, hecha conjuntamente con el artista y joyero Virgilio Bahde, consta de diez esculturas: ganchos de metal que pasaron por procedimientos de meses y resultaron en aglutinaciones en las estructuras, asemejándolos a los corales. La Craca Ganga, también en compañía con Virgilio Bahde, reunió ocho esculturas hechas de diversos materiales, entre ellos, madera, níquel y piedras semipreciosas, conformando una construcción de orígenes variados, como mineral y vegetal. 

La serie Ágata constaba de catorce trabajos de pintura al óleo sobre chapas de aluminio que reciben aplicación de piedras semipreciosas brutas, como ágata, granate y cuarzo. Las obras confunden al espectador porque parecen un collage, en el que no se sabe con certeza si la pintura está por debajo o por encima de las piedras. La serie Walden, con tres grabados en relieve sobre papel, fue creada a partir de páginas de un libro parcialmente destruidas por el comején. Para que el ácido creara en las chapas de cobre el dibujo deseado, el artista realizó dos años de investigación y trabajó con el maestro grabador Agustinho Coradello.

Con casi dos décadas de carrera, Cadu ha participado en varias bienales y otras exposiciones en Brasil y en el exterior. En 2013 conquistó el premio PIPA. Su práctica está marcada por un abordaje transdiciplinario. Cada proyecto surge según características conceptuales, sin preescogencia de lenguajes o técnicas. En su repertorio conviven performances, instalaciones, dibujos, pinturas, objetos, esculturas, videos y fotografías, influenciados por temas vinculados a sistemas, repetición, juegos, tiempo y circularidad.

Sus obras celebran la relación entre el hombre y la naturaleza, lo racional y lo instintivo, el caos y el rigor. También se revelan en sus obras especificidades sociales, económicas y ambientales de los lugares a donde va, convidado, para vivir por periodos de tiempo. También hay cierto abordaje etnográfico, especialmente a partir de procesos coparticipativos y de disolución de la autoría, como en la obra Soy Mandala (2014-2016), en Ciudad de México, como parte de su residencia en Insite/Casa Gallina, organización que busca colaboraciones entre artistas residentes y la comunidad local del barrio Santa María La Ribera, como un grupo de danza, formado por señoras, y un colectivo activista que trabaja con el tejido tricot. No hay límites para la creatividad de Cadu: estructuras que sistematizan lecturas del comportamiento del viento en forma de dibujos, hojas de papel vegetal que sufrieron quemaduras resultantes de la exposición a la luz del sol en sus superficies, banderas blancas que bailan a merced de las bocanadas del aire. Son recursos de una mirada múltiple que inscribe su potencia poética en la diversidad misma.

ALESSANDRA SIMÕES

Cadu, por Alessandra Simoes | artnexus