Beatriz González: una retrospectiva es la primera exposición a gran escala dedicada a la trayectoria de la artista colombiana Beatriz González (Bucaramanga, 1938) en Estados Unidos. La muestra, organizada conjuntamente por The Museum of Fine Arts - MFA (Houston) y el Pérez Art Museum Miami, donde se exhibió inicialmente, ofrece una mirada exhaustiva de la obra de esta pionera del arte contemporáneo en América Latina. Organizada por Mari Carmen Ramírez y Tobias Ostrander, la retrospectiva ofrece al público la oportunidad de hacer un recorrido a lo largo de casi seis décadas de labores, representadas por aproximadamente 150 obras provenientes de la colección personal de la artista y de colecciones públicas y privadas de Colombia, Estados Unidos y Europa.

La exposición comienza con una serie de cuadros realizados siendo estudiante en la Universidad de los Andes, en Bogotá, entre los que se destacan dos versiones de La rendición de Breda (1962-1963), basadas en la pintura del mismo nombre ejecutada por Diego Velázquez. González se inspira en una reproducción que decora las paredes del salón de clases, escoge un fragmento y lo representa utilizando una pincelada suelta y gestual que revela la influencia de su profesor Juan Antonio Roda. Esta serie es fundamental en el desarrollo de su trabajo posterior, pues al hacerla descubre que para ella tiene más sentido trabajar a partir de la reproducción, que del original. Por otra parte, esta primera apropiación da pie a una línea de trabajo que ejecuta posteriormente, inspirada en obras maestras de la historia del arte occidental, así como a la compartimentación de zonas de color que anteceden el uso de planos cromáticos. De esta época data, entre otras, la serie de las Encajeras (1963), inspirada en la obra del mismo nombre de Johannes Vermeer.
En 1965, Los suicidas del Sisga, basada en una fotografía publicada en un periódico local, la hizo merecedora del segundo premio especial de pintura del XVII Salón de Artistas Nacionales y marcó el inicio de una trayectoria cuya temática ha estado estrechamente relacionada con la realidad social y política de su país. La foto mostraba una pareja compuesta por un jardinero y una empleada doméstica que se habían retratado antes de suicidarse para salvarse de vivir en un mundo pecaminoso. Los suicidas del Sisga, de los cuales hay tres versiones en la exposición, es uno de los primeros trabajos en los que González resuelve su búsqueda de un lenguaje propio, no solo a nivel estilístico, mediante el uso de planos de colores que recuerdan los tonos de su natal Bucaramanga, sino a nivel temático, al inspirarse en personajes populares.
La obra gráfica ocupa un papel primordial en la trayectoria de la artista. Al regresar de Róterdam (Holanda), donde cursó Grabado en la Academia Van Beeldende Kunsten (1966), se inspira en fotografías de prensa, en particular, de crónica roja y de las páginas sociales, para realizar dibujos y heliograbados, los cuales son presentados en la exposición junto con los facsímiles de las fotos originales. Estos recortes también inspiran trabajos en óleo, como los cuadros que representan a la reina Isabel de Inglaterra África adiós (1968) y La reina Isabel se pasea por el puente de Boyacá (1968), en cuyo título se percibe el agudo sentido del humor de la artista.

Paralelamente, comienza a utilizar superficies y materiales no tradicionales en sus pinturas. Las primeras obras que realiza sobre metal con esmalte industrial son dos medallones que muestran bustos de los próceres de la independencia de Colombia Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Posteriormente se da cuenta de que uno de sus cuadros encaja perfectamente en el marco de una cama metálica y realiza su primer “mueble”, Naturaleza casi muerta (1970), en el que representa al Señor de Monserrate. Esta propuesta plástica da pie a una importante serie de obras en las que utiliza objetos tales como bandejas, televisores, cajas de cigarros, mesas de noche, camas, cunas, armarios y mesas, no con la idea de realizar esculturas tridimensionales, sino de establecer relaciones de sentido utilizando el objeto como marco. A nivel temático, González recurre a la historia del arte y la imaginería religiosa y política, como puede apreciarse en dos de las obras de la muestra pertenecientes a la colección del MFA, Gratia Plena (Peinador) (1971) y Mutis por el foro (1973); en la hermosa toalla decorada Botticelli Wash and Wear (1976), inspirada en la obra de Sandro Botticelli El nacimiento de Venus; y en La última mesa (1970), una apropiación de La última cena de Leonardo da Vinci pintada en la superficie de una mesa de metal, las cuales muestran, además, cómo la selección del soporte está estrechamente relacionada con el personaje o la escena representados.
Entre las piezas más impactantes de la muestra se encuentran varios telones de grandes dimensiones, tales como 10 metros de Renoir (1977), inspirado en la obra de Pierre-Auguste Renoir Bal du Moulin de la Galette, la cual vendió por metros –lo cual ha hecho en repetidas ocasiones–; Telón de la móvil y cambiante naturaleza (1978), basado en la pintura Le déjeuner sur l’herbe de Édouard Manet, que vio reproducida en la portada de una revista Salvat; y Mural para fábrica socialista (1981), una apropiación del Guernica de Pablo Picasso. Esta última sirve de transición al tema político, que a partir de la década de los ochenta pasa a un primer plano en la obra de la artista.
Según González, era imposible no sensibilizarse ante la situación que vivía Colombia en ese momento. Mientras que la población era víctima de una sangrienta guerra civil, los políticos se divertían en cocteles y eventos documentados en las páginas sociales de la prensa capitalina. A modo de crítica, González realiza su primera obra abiertamente política titulada Decoración de interiores (1981), una serigrafía sobre tela de varios metros de largo colgada como si fuera una enorme cortina, en la que aparece el presidente Julio César Turbay cantando en una cena en su honor. La retrospectiva incluye varias obras icónicas de esa época como el díptico Zócalo de la comedia (1983) y Zócalo de la tragedia (1983), Plumario colombiano (1983) y Señor Presidente, que honor estar con usted en este momento histórico (1987).

A raíz de los sucesos ocurridos el 6 de noviembre de 1985 –la toma del Palacio de Justicia por parte del grupo guerrillero M-19 y la incursión por parte de la Policía Nacional y el Ejército colombiano, que dejaron un saldo de 95 muertos y varios desaparecidos–, González comienza a transmitir en su obra su sentir frente a la irresponsabilidad de los gobernantes que están en el poder, la complicidad de los representantes de la Iglesia católica y la irracionalidad de las acciones militares. Una de las piezas más representativas de ese periodo es Los papagayos (1997). En ella, el presidente Belisario Betancur y la cúpula militar aparecen representados con los colores de las aves que dan título al cuadro, en una clara crítica al recrudecimiento de las acciones armadas, y como símbolo del compromiso de la artista de denunciar y documentar sucesos históricos.
A partir de ese momento, González se sensibiliza aún más y empieza a plasmar en sus obras las historias de los desplazados, los muertos en asesinatos masivos, los cadáveres no identificados y los desaparecidos, en su afán por reivindicar y honrar desde el arte a las víctimas del conflicto armado en Colombia. En 1997, realiza Autorretrato desnuda llorando, en el que se pinta a sí misma cubriéndose el rostro con las manos como símbolo de lamento y dolor. Las imágenes de mujeres con la cara tapada, llorando, se repiten en obras como Las Delicias 3 (1996) y Duelo con celular II (2018). Las víctimas del conflicto armado son representadas en obras como Túmulo funerario para soldados bachilleres (1986) y Los Predicadores (2000). El descubrimiento de fosas comunes y las imágenes impresas en los periódicos de los “cargueros” –personas que cargan los cuerpos desenterrados en bolsas plásticas y costales–, se convierten en íconos en cuadros como Cargueros de Bucaramanga (2006).
Por otra parte, la artista se identifica con las comunidades indígenas, rurales y desplazadas. En 1/500 (1992), un indígena remando hace alusión a la controversial celebración del quinto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América. Yolanda Izquierdo con libreta de apuntes (2008) se basa en la historia real de una líder campesina asesinada por denunciar los abusos de los paramilitares. La problemática de los desplazamientos, no solo a nivel nacional, sino también internacional, es ilustrada en obras como Zulia Zulia Zulia, Cenefa (2015) y Desplazados, papel de colgadura (2017). En todas estas obras, González denuncia y a la vez transmite el dolor individual y colectivo que genera cada una de las situaciones que las inspiran.
Finalmente, la obra Auras anónimas (2007-2009) –instalación en la que la artista cubrió 8.957 cavidades de los columbarios neoclásicos del Cementerio Central de Bogotá con dibujos de los “cargueros”, y que recientemente fue declarada patrimonio cultural– puede ser vista en un video producido por la Universidad de los Andes que cierra con broche de oro esta retrospectiva, que muestra tanto el carácter innovador e impredecible como la profundidad y la intensidad de un trabajo que debe valorarse no solo desde lo artístico, sino también desde lo más profundo del sentimiento humano.
*Catálogo Razonado Beatriz González. Cortesía de la artista y del Banco de Archivos Digitales de Artes en Colombia de la Universidad de Los Andes.
FRANCINE BIRBRAGHER-ROZENCWAIG
Maestría en Historia del Arte y PhD en Historia Latinoamericana. Historiadora de arte y curadora independiente.

