Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Sylvia Werneck

Ana Elisa Egreja

Museu de Arte Moderna da Bahia

La individual Fabulaciones de Ana Elisa Egreja, en el Museo de Arte Moderna da Bahia, marca el retorno a la institución en la que la joven artista paulistana ganó en la época su primer gran impulso. En el 2008, ella participó en el 5° Salón de Bahía, en el que fue premiada por la obra Naturaleza muerta con tres patos sobre tartán verde. En la época, su producción se concentraba en la creación de escenas con animales y la apropiación de estampas de diversos orígenes en composiciones algo surreales, como si imperase un mundo no habitado por humanos, o como si estos hubieran sido expulsados de las ciudades que construyeron, vencidos por la naturaleza. En Fabulaciones, entretanto, los animales aparecen apenas puntualmente, a veces en representaciones claramente originadas en dibujos estilizados. La pintura continúa siendo la investigación central en su trabajo, pero ahora son los elementos decorativos y la arquitectura de las casas los que ganan estatus como protagonistas.

Exposición Individual: Ana Elisa Egreja — imagen 1
Ana Elisa Egreja. Banheiro Amarelo (Casa Campo Verde/Rino Levi) [Baño Amarillo (Casa Campo Verde/Rino Levi)], 2018. Óleo sobre lienzo. 160 x 130 cm (62 63⁄64 x 51 3⁄16 pulgadas). Foto: Filipe Berndt.

La apropiación es una estrategia bastante frecuente en el arte contemporáneo, así como la reproducción de imágenes ya vehiculadas en gran escala en otros medios. La operación de Ana Lisa Egreja, sin embargo, no se sitúa como discurso sobre la transposición de imágenes o sobre cuáles serían los efectos de esta traducción. Hay, en algunas telas, algo de narrativa crítica como en Vista para el Río Negro (2019), pero la mayoría funciona como celebración del ejercicio de mirar y provocación de lo mismo por la extrañeza causada por la escena bizarra. El ejercicio de la pintura dialoga con referencias universales de la historia del arte occidental, como las pinturas de interiores y las naturalezas muertas, sacralizadas principalmente por la tradición pictórica del arte europeo. Pero, al contrario de esta, en el período reciente de la trayectoria de la artista no son las figuras, sean ellas personas, animales o frutas, los que serán privilegiados por su investigación. En vez de esto, lo que tradicionalmente serviría como fondo es lo que resulta ser el tema, minimizando o hasta excluyendo la presencia de seres animados.

Exactamente por esta escogencia, hay algo desolador en sus pinturas, una atmósfera de abandono, toda vez que late fuerte la evidencia de la ausencia humana - frutos caídos que ocupan el piso de un cuarto [Cuarto Livia (Casa Campo Verde/Rino Levi)], 2018 o la superficie de una mesa en un comedor (Copa Naturaleza muerta), 2017, un baño en donde se ven varios objetos de higiene personal [Baño Amarillo (Casa Campo Verde/Rino Levi)], 2018, más cuyo lavamanos está ocupado por pollitos. Se tiene la impresión de que este abandono ocurrió hace poco, dejando rastros de ocupación humana reciente. Estos escenarios se revelan, partiendo de ahí, a través de elementos arquitectónicos u objetos de uso cotidiano – utensilios domésticos entrevistos a través de un vitral, ventanas dejadas abiertas, plantas que ocupan el frente de un saliente con cortinas o juguetes de niño apareciendo por detrás de un box de ducha.

Además de las vistas proporcionadas por estas transparencias, cabe mencionar la importancia dada a las texturas y geometrías presentes en la mayoría de los trabajos. Los diseños de los azulejos, las rayas de los vidrios que causan refracción de la luz que los atraviesa, así como el diseño de las fachadas y pisos son fundamentales en la composición de las escenas, tal como sucedía en Naturaleza muerta con tres patos sobre tartán verde, también presente en la muestra. Hasta en las telas en las que tales elementos no tienen, en sí, este tipo de ornamentación, la atención a los patrones de diseño se configura por la propia composición. Los rectángulos de las ventanas basculantes de una cocina, el revestimiento del friso de un cuarto y el cuadriculado de una tina, o los marcos de las ventanas que se abren hacia patios y jardines funcionan como una especie de retícula, y reproducen el efecto de separación proporcionado por divisorias no clausurantes, como las rejillas de celosía que se conocen en el país como “cobogós”.

Justamente, central en esta exposición es la pintura e instalación Cobogós de 2019. Se trata de un políptico compuesto por 169 telas de 20 x 40 cm como es que, a través de este elemento transparente tan típico de la arquitectura brasilera (en realidad “intuido” por el espacio dejado alrededor de cada tela), se revela la fabulación de inundación de la Casa Campo Verde, proyecto del arquitecto modernista Rino Levi. En la muestra en el museo de Salvador, la obra está instalada en una estructura en el centro del espacio, dando al jardín retratado el aspecto de un portal hacia un pasado inventado que domina y da el hilo conductor de la exposición.

SYLVIA WERNECK

Ana Elisa Egreja, por Sylvia Werneck | artnexus