Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Katherine Chacón

Amalia Caputo

Art and Culture Center/Hollywood

Durante los meses de septiembre y octubre de 2019, se presentó la instalación Transferences 2.0 de la artista venezolana Amalia Caputo, en el Art and Culture Center de Hollywood (Florida). Este trabajo —la segunda versión de una obra similar que fue instalada en Caracas en 2012— se inscribe dentro de las preocupaciones que persistentemente, y desde diversos enfoques, esta artista ha venido manifestando sobre la naturaleza de la memoria y los mecanismos subjetivos que intervienen en su construcción.

En esta ocasión, Caputo acude de nuevo a la colección de pequeños y sencillos objetos o “recuerdos” que ha ido reuniendo y atesorando por años. La obra se instaló en una sala en la que se colocó un largo mesón central, sobre el que la artista dispuso zapatos, frascos de esmalte para uñas, juguetes, fotos, postales, monedas, tickets de algún espectáculo, ornamentos, viejos documentos, lápices, y muchas cosas más de su particular memorabilia. Los espectadores fueron invitados a escoger y llevarse cualquier objeto de la mesa. En las paredes de la sala, y a manera de un gran álbum mural que flanqueaba el mesón por ambos lados, se exhibieron los registros fotográficos que la artista ha realizado de cada uno de los objetos. Al fondo, se dispuso un video que mostraba en sucesión estas imágenes por escasos segundos.

Exposición Individual: Amalia Caputo — imagen 1
Amalia Caputo. Transferences 2.0 (Transferencias 2.0), 2019. Instalación. Dimensiones variables. Foto: ©Oriol Tarridas Photography.

El ejercicio de preservación de su propia memoria a través de pequeñas cosas ha estado presente en la vida de Caputo desde niña, ligado a los momentos que le ha tocado experimentar, sobre todo a hitos importantes como mudanzas y despedidas. Al dejar su natal Caracas en 1999 para ir a vivir a Nueva York, y en sus posteriores desplazamientos hacia Barcelona y Miami, los objetos atesorados se fueron convirtiendo en testigos mínimos del pasado. Eran puentes físicos hacia la subjetividad, cuya existencia y revisita conjuraban el desarraigo. El primer estadio de esta instalación se ubica allí, lejos de la sala, en ese proceso de acopio y preservación, íntimo y metódico. 

El registro fotográfico de los objetos provino del interés que Caputo ha mantenido en la construcción de archivos visuales. Surgido en principio desde la necesidad práctica de desembarazarse físicamente de una parte de su copioso cúmulo de recuerdos, preservándolos a través de la imagen, su realización vino acompañada de una reflexión sobre las pulsiones dicotómicas del preservar y el desechar, sobre la naturaleza de la fotografía como herramienta para “rememorar”, para “congelar” el tiempo, y sobre las dinámicas que la fotografía digital dispara en el mundo contemporáneo.

Para Caputo, la producción y el consumo desmesurados de imágenes fotográficas a través de las redes sociales vienen propiciando la creación de “vidas fotográficas” que transcurren paralelamente a las existencias reales. En este sentido, uno de los centros conceptuales de su archivo digital de imágenes parte de la observación e integración de este proceso, en el que un archivo físico-real es sustituido por una colección de fotos digitales (que son solo información traducida en bits) que actúan como una especie de espejo platónico de nuestra era. Esta idea es acentuada en el video, donde las imágenes son mostradas en intervalos cortos y regulares, que apenas dejan campo para pensar en lo que se observa. Este incesante flashback despierta asociaciones inconscientes y crea una atmósfera al mismo tiempo punzante y conmovedora.

Por otra parte, el archivo fotográfico le permitió establecer una segunda capa de mediación memoriosa, al crear un conjunto de “recuerdos” de “recuerdos” y decidir, por tanto, “dejar ir” algunos objetos físicos. La idea de permitir que el público tomara los objetos, fue generar un intercambio de significaciones, memorias y contenidos subjetivos. Caputo reflexiona sobre la relación que guardan las cosas con la existencia de las personas, interesándose en la carga emocional y hondamente psíquica que depositamos en ellas. También quería apuntar a la valoración con la que el público podría revestir a los objetos tomados de la mesa, al provenir estos de una exposición realizada en el espacio sacralizador de un museo. 

El trabajo fotográfico de Amalia Caputo plantea siempre un “pensar la fotografía” como medio. ¿Cuál es su naturaleza?, ¿para qué sirve?, ¿cuáles son sus fines?, son algunas de las interrogantes que aparecen dentro de la amplia reflexión que su obra propone sobre el carácter eminentemente subjetivo de la imagen fotográfica y sobre las numerosas capas de significación que su mediación provee.

Transferences 2.0 es una obra rica, inteligente y conmovedora. La instalación construye un espacio poético para “decir” la memoria, en el que cada objeto, cada imagen y cada intercambio de los muchos que suscita hablan desde el callado espacio de un pasado inasible, irrecobrable. Objetos y fotografías quedan entonces como atisbos para reconstruir las ficciones memoriosas, propiciando su surgimiento como tejidos sutiles nutridos por lo inmaterial.

KATHERINE CHACÓN