Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Jaime Cerón

Alberto Baraya

La Casita

El espacio La Casita, ubicado muy cerca del barrio San Felipe, en Bogotá, expandió significativamente sus áreas de exhibición, de manera que al habitual espacio de proyectos temporales se sumó una amplia zona para la muestra de algunas de las piezas de la colección con la que está articulado este espacio. A mediados de septiembre abrió sus puertas de forma simultánea a la apertura del proyecto

La Granja de Alberto Baraya, que se propuso en diálogo con una obra de Bernardo Salcedo que hace parte de esa mencionada colección, como es habitual en este espacio.

El proyecto La Granja está conformado por pinturas, dibujos y grabados, que se acoplan al espacio de La Casita, como una gran instalación, y que el mismo artista describe como parte de un ejercicio de realizar Estudios Comparados de Paisaje.

Exposición Individual: Alberto Baraya — imagen 1
Alberto Baraya. Hipopótamo, Cebú y tres Gallinas en el Magdalena, 2019. Óleo sobre lino. 170 x 202 cm (66 59⁄64 x 79 17⁄32 pulgadas). Cortesía del artista.

Alberto Baraya ha trabajado durante más de dos décadas en la investigación acerca de los componentes culturales, sociales y políticos de la noción de naturaleza. Uno de los componentes más conocidos sobre este trabajo ha sido su Herbario de plantas artificiales, que se ha conformado por un amplio número de variables que han dado origen a piezas muy heterogéneas a lo largo de estos años. Durante este mismo periodo les ha prestado atención a otras dimensiones de la noción de naturaleza, tales como la idea de paisaje, que ha explorado incluso con el mismo proyecto del Herbario, pero que también ha tomado otros rumbos, tanto en video como en la misma pintura, dado que sustentó uno de los géneros artísticos más prolíficos dentro de la pintura romántica del siglo XIX, que fue precisamente el paisaje.

Los orígenes de este proyecto pueden ser rastreados hasta un viaje que realizó en 2008 a la hacienda Nápoles, en donde realizó in situ unos primeros ejercicios de documentación pictórica del paisaje circundante, muy distintos a los que se lograrían por medios mecánicos como la fotografía o el video. Cuando Pablo Escobar fundó esa hacienda, en la década de 1980, lo hizo para albergar, entre otras cosas, un zoológico de animales exóticos, cuyo simple ingreso a Colombia ya es una señal del poder desmesurado y la corrupción subsecuente que generaba el negocio del narcotráfico. Tras la captura del capo solo sobrevivieron algunos hipopótamos, que se han reproducido profusamente y que han comenzado a “colonizar” ciertas zonas del Magdalena Medio colombiano.

En La Granja se conjugan diferentes fantasías en torno a la idea de la naturaleza, en donde se sitúan, por un lado, el paisaje romántico y, por el otro, los animales, tanto los domésticos como los salvajes. Por esa razón, Baraya recurre a la pintura, el dibujo y el grabado, dado que traen consigo otras lógicas sociales, otras convenciones culturales y otras temporalidades. El sentido que emerge de ver estas diferentes escenas está relacionado con la carga cultural que trae consigo la representación pictórica, que permite que las fantasías que propone tengan la posibilidad de ser vistas como hipotéticamente reales en ese espacio imaginario que conforma históricamente la pintura. Por esas mismas razones, se citan en las pinturas paisajes ingleses y paisajes americanos, que comparten un mismo tratamiento estilístico, pero en ellos ocurren encuentros imposibles de situaciones distantes en el tiempo y en el espacio. Sin embargo, Baraya se encontró con un estudio sobre aguas residuales en cinco ríos británicos que buscaban la presencia de fármacos ilícitos, y entre todas esas sustancias, solo una estaba en los cinco ríos: la cocaína. Baraya también llama la atención acerca del hecho de que los paisajes representados en las pinturas románticas inglesas ya incorporaban huellas de transformaciones humanas por la agricultura o la ganadería, tal y como ocurre ahora, pero también hubo hacendados ingleses que, al igual que Pablo Escobar, se pudieron permitir caprichos similares al importar especies vegetales de otros lugares para sus haciendas.

Tomando como base un ejercicio previo de Estudios Comparados de Paisaje, en donde revisó los escenarios aledaños al río Hudson y al río Magdalena, Baraya propone escenas de fábula, en donde se encuentran diferentes animales, unos locales y otros exóticos, en composiciones muchas veces caprichosas, haciendo referencias cruzadas a distintas representaciones culturales, en donde los animales tienden a suplantar los comportamientos humanos. Es así como se incorpora una referencia al cazador de hipopótamos que contrató el Gobierno colombiano para asesinar uno de los primeros hipopótamos fugados, que está representado según las convenciones del romanticismo inglés, pero con un paisaje local. También se encuentra un hipopótamo con una vaca cebú, en una escena que, considerando las actuales circunstancias, sí podría llegar a ocurrir en un momento dado en el Magdalena Medio colombiano.

Apropiándose de la fábula de los músicos de Bremen de los hermanos Grimm, en donde un burro, un perro, un gato y un gallo se apilan para sobrevivir a las adversidades, Baraya compone escenas en donde animales heterogéneos de diferentes procedencias se apilan para explorar otras maneras de sobrevivir u otros modos de generar posibles mestizajes.

JAIME CERÓN