Exposición Individualdic 2019 - mar 2020· Por Mónica Kupfer

Adán Vallecillo

DiabloRosso

Un arte lleno de paradojas. Desechos con sentido estético, abstracciones que reflejan realidades, lo material convertido en pensamiento filosófico. Así son las obras de Adán Vallecillo (Honduras, 1977), un artista y sociólogo que se dedica a exploraciones arqueológicas en el presente y el pasado reciente, en busca de objetos que apropia e interviene para transmitir sus reflexiones y críticas. A través de los años, ha utilizado neumáticos descartados y viejas planchas litográficas para crear propuestas no objetuales; metros flexibles, niveles de construcción y candados a manera de metáforas; ladrillos desgastados y pigmentos extraídos de residuos como símbolos de la naturaleza humana y de inaceptables situaciones sociopolíticas.

Como en ocasiones anteriores, en su reciente exposición, titulada Hipercapnia, curada por Johann Wolfschoon y exhibida en la galería Diablo Rosso, Vallecillo mostró obras de arte que incorporan ironías y contrasentidos. La muestra se percibía inicialmente como una instalación minimalista, sofisticada y silenciosa en un clásico cubo blanco. Sin embargo, las nítidas piezas tridimensionales que presentó en las paredes y sobre pedestales conversaban unas con otras y, sin duda, interpelaban al espectador con una significativa propuesta conceptual.

Exposición Individual: Adán Vallecillo — imagen 1
Adán Vallecillo. Expandible IV, 2018. Dibujo sobre filtro de auto reciclado. 72 x 43 cm (28 11⁄32 x 16 59⁄64 pulgadas).

Hipercapnia (del griego hyper = por encima; y καπνός = humo) es el nombre de una enfermedad causada por el exceso de dióxido de carbono en el torrente sanguíneo. Además, el artista relaciona el vocablo con las variaciones tonales del dibujo, así como con el empleo de materiales hechos de carbono –como el grafito y el carboncillo– en las artes. El humo y el dióxido de carbono formaban parte integral de las obras en la exposición, todas ellas hechas con las membranas gastadas de filtros automotores, que se utilizan en los motores para tamizar el aire contaminado.

Vallecillo había comenzado a trabajar con filtros dos años antes, cuando participó en la edición de 2017 del programa llamado LARA – Latin American Roaming Art. La residencia artística (organizada en esa ocasión por el curador Gerardo Mosquera) tuvo lugar en Panamá, donde Vallecillo se interesó por investigar los desechos industriales generados por el proyecto de la recientemente finalizada ampliación del canal de Panamá. En la exposición final en el Museo de Arte Contemporáneo, presentó una serie que tituló Expandibles, que incluyó obras creadas con viejos filtros de aceite, que habían sido usados en la maquinaria pesada del proyecto canalero. Luego, durante una residencia en Flora ars+natura en Bogotá (cuyo director José Roca es curador de la colección LARA), Vallecillo descubrió una nueva alternativa creativa cuando empezó a visitar talleres de mecánica y recolectar los filtros usados de automóviles.

El proceso de eliminar las suciedades del aire para evitar que alteren la combustión en el motor de un carro deja manchas en tonos sutiles sobre los filtros. Con intervenciones en mayor o menor grado, principalmente a través del dibujo, Vallecillo logró dar vida a una colección de obras de apariencia abstracta, pero que son el producto de realidades específicas de la vida urbana. Los filtros son manufacturados en diversos colores, con numerosos pequeños dobleces en forma de acordeón, y, dependiendo del tipo de motor, existen en formato rectangular, cónico o cilíndrico. Tan pronto se saturan de suciedad, se reemplazan por otros nuevos.

En las obras de Hipercapnia, Vallecillo presentó el tipo de paradoja entre el arte y los desechos que ha caracterizado gran parte de su obra. Al fondo de la galería, un angosto acordeón (Saturación #1) colgaba de la pared blanca y se desplegaba verticalmente hacia el piso. Con una superficie que asemeja las variaciones de un grabado “a la manera negra” o mezzotinta, la obra parecía un libro abierto, mostrando una oscura intimidad desparramada. Sobre una pared cercana, se encontraba un filtro en tonos somáticos de rojo y gris (Expandible IV), presentado con la forma curva de un riñón, precisamente el órgano encargado de filtrar las impurezas en la sangre humana. Otras obras, en variaciones de amarillo o gris, tenían una forma rectangular que nos llevaban a imaginar persianas y la privacidad implícita de ventanas cubiertas. En el espacio principal de la galería, una instalación de piezas tridimensionales sobre un alargado pedestal blanco rememoraba, por sus formas y colores neutrales, la sensación atemporal de las naturalezas muertas del pintor Giorgio Morandi. Tal como los jarrones del artista italiano, estas pequeñas torres verticales compuestas por filtros, con la forma de torsos y faldones, parecen evocar las relaciones entre seres humanos, que aquí se encuentran cerca, pero no en contacto. Con su típico sentido del absurdo, el artista las llamó Las meninas.

A través de sus procesos de arqueólogo moderno, su manera de encontrar belleza en lo inusual y sus interesantes juegos epistémicos, Vallecillo convierte objetos cotidianos y anónimos en emisores de mensajes tanto conceptuales como personales. Su delicado dibujo, tenues tonalidades y pureza abstracta ofrecen un placer sensorial inmediato, pero una mirada más cuidadosa y sensible revela una interpretación de los temas sociológicos de nuestra época. Su quietud, austeridad y pulcritud hacen un eco inverso de estos tiempos de inexorable movimiento, excesivo consumo y preocupante contaminación.

MÓNICA E. KUPFER PH.D.

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