Quizá la mataron por gusto. Al entrar en la sala en penumbra, una voz en off relata a través de un audífono la historia de Karla La Borrada, una mujer transexual de Ciudad Juárez que ejercía la prostitución y fue asesinada. La voz corresponde a Martina, que cuenta las extrañas circunstancias de la muerte de su amiga. Al lado, una fotografía de tamaño natural nos presenta a la víctima. Nos mira con desparpajo y despreocupada, en blanco y negro, sobre uno de los solares que acogió, uno de los múltiples clubes en los que trabajó, y que hoy ha desaparecido a causa de la gentrificación.
El relato prosigue: “la llevaron al lado de una tapia. Habían tomado ‘agua celeste’. Allí la golpearon con una piedra hasta desfigurarle el rostro”. Al lado del retrato de Karla hay un bloque de granito en el suelo. El primer contacto con Pistas de baile, la muestra de Teresa Margolles en CentroCentro Cibeles, es impactante. En la pared hay un acta de defunción, donde vemos las circunstancias de la muerte de Karla y la fecha del brutal asesinato: 22 de diciembre de 2015.

Teresa Margolles (Culiacán, Sinaloa, 1963) se ha centrado en los últimos años en los crímenes cometidos contra las mujeres en Ciudad Juárez. Dada su formación como forense, el interés por la violencia y la muerte ha marcado su obra. En 1990 fundó el colectivo artístico Proyecto SEMEFO (Servicio Mexicano Forense), donde utilizaban como producción artística tanto fluidos corporales como objetos forenses e incluso cuerpos, para reflexionar sobre la violencia en México. A partir de entonces, su trayectoria ha estado marcada por la denuncia ante los crímenes machistas y la pasividad de las autoridades. En 2006 realizó una de sus obras fundamentales en la Bienal de Venecia: ¿De qué otra cosa podríamos hablar?, en la que empleaba sangre derramada en la guerra contra el narcotráfico en México. Margolles ha expuesto en espacios como el Museo de Arte Contemporáneo de Fráncfort, la Bienal de Venecia, el LACMA de Los Ángeles y el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, entre otros.
Pistas de baile forma parte del programa expositivo La exaltación del ser. Una mirada heterodoxa, comisariado por Alberto García- Alix dentro del Festival PhotoEspaña. Una muestra que además ha coincidido con el World Pride que se ha celebrado en Madrid durante el mes de julio.
Después de la historia de Karla, la exposición continúa con una serie de retratos de prostitutas transexuales en solares derruidos, en los que hubo clubes nocturnos donde se ejercía la prostitución. Con la intención de desplazar este tipo de actividades del centro histórico de Ciudad Juárez, las autoridades han destruido muchos de esos espacios, entremezclándose en este proceso de degradación la violencia entre cárteles de droga y la especulación inmobiliaria.
Las fotografías no pueden ser más elocuentes: cuerpos invisibilizados por la sociedad –desplazados al margen– sobre las ruinas del consumo y del ocio. Así, leemos en los créditos los siguientes locales: Club Hollywood, Bar La Cruda, El Extranjero, Las Vegas, Mona Lisa, Nancy, La Madelon, Irma’s, Virginia’s. Todos ellos títulos que nos llevan a un imaginario lejano y exótico: escenarios de cine, llenos de neón, colores, y un ambiente irreal. El propio dispositivo de la exposición apoya esta idea: la iluminación en penumbra, la maqueta roja del suelo y la parcelación en habitaciones. En las fotografías vemos una mezcla de alegría relativa, los ecos de la música de Juan Gabriel y los vestigios de una determinada atmósfera nocturna. A la luz del día solo quedan las evidencias: la violencia ejercida contra unos cuerpos en proceso de transformación, la desolación de los espacios vacíos – condenados a ser meros vertederos– y el silencio respecto a los crímenes de la violencia machista.
En un rincón, unos dispositivos introducen el espacio sonoro en la muestra. Se trata de registros auditivos que Teresa Margolles ha ido documentando en los lugares donde se han cometido crímenes contra prostitutas transexuales. La instalación resulta muy dramática, porque precisamente la ausencia de marcas de violencia es lo que pone de manifiesto la invisibilización de los asesinatos. Oímos pájaros, coches que pasan, voces que hablan: la vida cotidiana de Ciudad Juárez imperturbable frente a un silencio ensordecedor. De manera paradójica, sólo el crimen, la sangre y la violencia arrojan luz y visibilizan la realidad de las mujeres en Ciudad Juárez.
ANA FOLGUERA
