Exposición Individualsept 2017 - nov 2017· Por Verónica Flom

Teresa Burga

SculptureCenter

Mano mal dibujada es el título de la exposición de la artista peruana Teresa Burga en el SculptureCenter. Hace referencia a las nueve esculturas en acero que representan la propia mano de la artista y que se exhiben por primera vez en el contexto de esta muestra.

Desde los años sesenta, Teresa Burga (1935) se abocó a un arte fuertemente conceptual, incorporando materiales no tradicionales. Para fines de la década, Burga integraba el circuito de artistas de vanguardia limeña. En 1968, cuando le es concedida la beca Fulbright, viaja a Estados Unidos para estudiar en el School of the Art Institute de Chicago; regresa a Perú en 1971. A partir de entonces, su obra entra en un camino de incomprensión, y sus trabajos permanecen por décadas ocultos y resguardados en su propia casa.

Exposición Individual: Teresa Burga  — imagen 1
Teresa Burga, vista de la instalación Mano Mal Dibujada, 2017. Dimensiones variables. SculptureCenter. Fotografía: Kyle Knodell.

Parte de la notoriedad que obtuvo Burga en los últimos años se debe a la revisión encarada por los investigadores Miguel A. López y Emilio Tarazona, quienes desde hace más de doce años han comenzado un trabajo de reivindicación histórica de su obra. Incluyeron algunos trabajos suyos en la muestra La persistencia de lo efímero (2007), y tres años después co-curaron su primera retrospectiva en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Lima. Allí presentaron material inédito de los setenta que Burga no había conseguido mostrar en el momento de su ejecución. Recientemente, Burga participó en bienales, como la de Estambul y la de Venecia, y su obra fue exhibida en instituciones internacionales de Buenos Aires, México, Stuttgart y Berlín.

La muestra del SculptureCenter, curada por Ruba Katrib y presentada como la primera exposición individual de Teresa Burga en un museo de Estados Unidos, recoge piezas que van de los sesenta hasta la actualidad. Con una mayoría de obras recientes y preeminencia del lenguaje pop, la exposición hace foco en la idea de juego, en las problemáticas de género y el cuerpo femenino, y en el contraste entre las etapas de infancia y vejez. Siguiendo el tópico del juego, la serie de esculturas Prismas (1968/2013) consiste en poliedros cuyas caras son imágenes infantiles, y no sólo infantiles: ramas de un árbol, un conejo y un sol conviven con señales viales y fragmentos de publicidades, yuxtaponiendo sentidos. Junto a ellos se exhiben, hechos en papel, versiones bidimensionales de estas piezas.

El dibujo pasó a ser, desde los setenta, el medio predilecto de la artista. También incorpora la metodología de registrar en los márgenes de la hoja la fecha, y el momento exacto –con precisión de horas y minutos– del inicio y de la finalización de cada dibujo, haciendo hincapié en la práctica artística concebida como proceso. Este ejercicio persiste en obras más recientes, como en sus dibujos a partir de fotografías de periódicos, donde copia paisajes urbanos y edificios en estado de abandono. En Escombros totales (2013) y Graffiti (2012), Burga observa la ciudad de Lima a partir de estas reproducciones y las dibuja, copiandolas a la manera puntillista. A su vez, continúa la utilización de la fotografía como fuente en una serie de dibujos de personas haciendo las compras en los mercados limeños; un mismo marco encierra la fotografía y su versión dibujada.

Una tercera serie también rigurosamente fechada insiste en un procedimiento similar. Burga copia dibujos realizados por niños. Los títulos de estas obras incluyen el nombre del joven autor, así como su edad y el año en que se realizó el dibujo. El contraste entre las dos imágenes no sólo cuestiona la idea de autoría, sino que contrapone infancia y vejez. El hecho de que estos dibujos de chicos sean imitados por una artista mayor de 80 años hace repensar ideas acerca de la copia, el juego y las instancias de la vida.

VERÓNICA FLOM

Teresa Burga, por Verónica Flom | artnexus