Exposición Individualsept 2017 - nov 2017· Por Alessandra Simões

Rodrigo de Castro

Um Galeria

Líneas, colores y formas como centro de gravedad de su arte. Es así como la curadora Vanda Klabin determina el trabajo del artista Rodrigo de Castro, recientemente expuesto en una individual, en Um Galeria, en Río de Janeiro. Para la ocasión se presentaron cerca de quince pinturas inéditas, hechas este año por el artista nativo de Minas Gerais, que actualmente vive en São Paulo.

Exposición Individual: Rodrigo de Castro — imagen 1
Rodrigo de Castro. Sin título, 2017. Óleo sobre tela. 120 x 100 cm (47 1⁄4 x 39 3⁄8 pulgadas).

Continuando con la investigación sobre los colores y el espacio, trabajo que desarrolla desde el inicio de su trayectoria, De Castro enfatizó en este trabajo reciente los diálogos con las áreas de color y las proporciones. La mayoría de las pinturas fueron compuestas con colores fuertes y vibrantes, pero había algunas obras en blanco y negro, y otras con pequeños puntos de color.

“Como componente esencial, el color es tratado por sus cualidades visuales, ya sea para organizar la superficie de la tela, ya sea para dinamizar el ritmo de la construcción y de la geometría, con infinitas posibilidades de ordenamiento del espacio. La construcción de extensas áreas cromáticas, indicadoras de sus luminosidades y contrastes, trae la predominancia de los colores primarios –rojo, azul y amarillo– o los no colores, negro, gris y blanco”, afirmó la curadora.

Además de formas geométricas y de grandes áreas de color, también aparecen líneas finas de diversos colores en varias pinturas. Dispuestas de forma horizontal o vertical, sirven para acentuar las relaciones métricas proporcionales y amplificar las zonas cromáticas. Todos los elementos que componen el cuadro tienden a contraerse o a dilatarse hasta encontrar su equilibrio, formando una superficie homogénea.

La obra de De Castro va al encuentro de los principios elementales del concretismo, lenguaje compuesto exclusivamente por elementos plásticos. Estructuras, planos y conjuntos relacionados hablan por sí mismos, agitando el problema de la bidimensionalidad del espacio pictórico introducido por el Cubismo al definir el cuadro como soporte sobre el que se reconstruye la realidad, susceptible de ser aprehendida desde múltiples ángulos.

De Castro, como otros artistas brasileros de la misma vertiente, representa los desdoblamientos de la influencia de los movimientos concretistas europeos, que en América Latina adquirieron perfiles propios, constituyendo un sesgo bien reconocido. En el inicio de la década de 1980, como otros artistas del grupo Casa 7, realizó obras que presentaban afinidades con la producción del neoexpresionismo y del neoplasticismo, y también con la obra del pintor norteamericano Philip Guston. En esa época, Rodrigo de Castro pintaba telas de gran formato, con pinceladas amplias y matéricas y colores contrastantes. Al final de los años noventa, la producción del artista pasa por grandes cambios; surgen telas monocromáticas rectangulares o circulares dispuestas sobre superficies neutras.

Una mirada a su recorrido revela resonancias de artistas como Kazimir Malevich, Piet Mondrian, Josef Albers, Henri Matisse, Mark Rothko, entre otros. Rodrigo de Castro resalta que también recibió influencias de su padre, Amilcar de Castro (1920-2000), y de artistas amigos de él, con quienes convivió desde la infancia. Entretanto, a lo largo de su trayectoria, fue creando un lenguaje propio.

De Castro inició su carrera en la década de 1980. Empezó su formación en el taller de Sergio Fingermann en São Paulo, en 1977, y el año siguiente frecuentó el Studio of Graphics Arts, en Glasgow (Escocia). Estudió dibujo con Carlos Fajardo en 1981, y participó en cursos de grabado y pintura en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes en París, entre 1981 y 1982. De vuelta al Brasil, se integró al grupo de Casa 7, entre 1982 y 1985.

Participó en importantes exposiciones colectivas en el MAM Rio, en el Centro Cultural de São Paulo y en la Funarte, donde fue premiado en el 11° Salón Nacional de Artes Plásticas, en la década de 1990. Entre sus proyectos futuros está la exposición 5 artisti brasiliani geometria, que tendrá lugar en noviembre, en el Palazzo Pamphili, en Roma. La exposición, que incluirá a Maria-Carmen Perlingeiro, Suzana Queiroga, Luiz Dolino y Manfredo de Souzanetto, seguirá hacia la Casa-Museo Medeiros de Almeida, en Lisboa, en el 2018.

La muestra en Um Galería reafirma el propósito del artista de investigar la relación fluida de los campos cromáticos. Las pinturas al óleo contraponen ritmos y cuestionan el espacio interno aliado a un juego riguroso de derivaciones geométricas. Los núcleos de colores, distribuidos asimétricamente, refuerzan la idea de movimiento. Pintura que absorbe la mirada e impone una lentitud perceptiva, pues las unidades cromáticas descentradas no establecen un foco y proponen un recorrido del disfrute, que se pierde y se sumerge en las profundidades del color.

Su pintura es rigurosa; sugiere precisión. Pero el artista rechaza la asociación de su trabajo con lo matemático y lo científico. Le gusta lo que llama “geometría sensible”. Alineadas por sus singularidades, sus telas poseen un expresivo campo de fuerza visual y hacen reverberar la actualidad de su poética.

ALESSANDRA SIMÕES

Rodrigo de Castro, por Alessandra Simões | artnexus