Exposición Individualsept 2017 - nov 2017· Por Juan José Santos

Paz Lira

Museo Nacional de Bellas Artes de Chile

El título de esta muestra, Transparencia sonora, intenta resumir de forma esencial la propuesta de Paz Lira: la transparencia de un material creado por seres vivos, cuyo sonido es capturado y traducido. La artista chilena ha traído al Museo de Bellas Artes 450 panales de abejas, conformando con ellos un gran muro cromático de once metros de alto por cuatro de ancho. Dispuestos sobre un muro en blanco, en una gran sala oscura, generan un efecto “caja de luz”, jugando con los contrastes entre las diferentes tonalidades de la miel, matizadas por su antigüedad. La artista prosigue en una línea de interés hacia el mundo natural, el trabajo con materiales de desecho y la combinación del color y el tono, que tiene como antecedentes otras obras como Trastocado silencio, del 2012, o Palimpsesto, del 2003 –en la que su materia prima fueron desechos de una salmonera–, ambas también en el mismo museo, o su trabajo pictórico, caracterizado por la abstracción.

Exposición Individual: Paz Lira — imagen 1
Paz Lira. Transparencia sonora, 2017. Instalación: 450 panales de abejas y sonido. Dimensiones variables. Fotografía: Juan Carlos Gutiérrez.

Esta exposición es contemporánea de Cómo atrapar el universo en una telaraña, que presenta el argentino Tomás Saraceno en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Tanto esta como la de Lira comparten muchos elementos. Saraceno ha dejado trabajar a cientos de arañas para que crearan sus composiciones de seda, que, tras meses de labor silenciosa, han invadido una de las grandes salas del edificio. Las telarañas tienen banda sonora: el ruido minimalista que uno de estos insectos produce al crear. Paz Lira también aprovecha el trabajo “artístico” de un insecto, la abeja, e interviene lo menos posible para componer un muro ocre y negro. A su vez, reproduce un audio generado por un dispositivo electroacústico que imita el sonido que emiten las abejas al fabricar miel. Lo que une ambas experiencias es, además de aspectos conceptuales y técnicos, la búsqueda de la monumentalidad. Sin embargo, lo que en Saraceno es investigación, cruces con el mundo científico, natural y artístico, en Lira es experiencia sensorial y extrasensorial. Tanto en alusiones textuales a Transparencia sonora, con pasajes alusivos a los peligros subyacentes por la disminución de la población mundial de las abejas, o atribuciones sensoriales de la instalación poco contrastables –o que al menos a mí se me escaparon en mi visita, como la exacerbación de los cinco sentidos, incluido el olfativo, con un presunto aroma dulce que no percibí–, como en declaraciones en entrevistas, incluidas digresiones extrasensoriales o energéticas, de difícil validación.

El sonido producido por las abejas mientras fabrican la miel se reconstruye con un dispositivo electroacústico, denominado Luminist Garden, algo, el elemento tecnológico artificial, que quizás no encaja del todo con esas voluntades anteriormente citadas. Pero la labor –que duró cinco años– de Paz Lira en esta instalación no es invasiva ni evasiva: se limita a favorecer la contemplación de esas “obras de arte involuntarias” de “artistas involuntarios”, que muchas veces nos dan lecciones más valiosas de lo imaginable. Los espectadores se acercan como abejas a la miel, a este gran panal de luz y color, en búsqueda de una experiencia estética, relajada e intrascendental, por mucho que el ruido ajeno pretenda elevar a priori factores indomeñables.

JUAN JOSÉ SANTOS

Paz Lira, por Juan José Santos | artnexus