Exposición Individualsept 2017 - nov 2017· Por Eugenia Macías

Pablo López Luz

Arróniz Arte Contemporáneo

En la muestra Frontera de Pablo López Luz, la mirada se topa con las sinuosidades azarosas de orografías de territorios y las huellas de sus vejaciones por adaptaciones humanas para asentamientos, extracción de recursos, y la demarcación de la frontera entre México y Estados Unidos.

El medio expresivo significante que enfatiza este caso específico de relación política entre naturaleza y cultura es fotografía panorámica o de paisaje de gran formato, una práctica creativa profundamente cultivada por Pablo López Luz a lo largo de su trayectoria, en la que ha convertido en motivos contemplativos sus revisiones críticas –es decir que inducen nuestro mirar a cuestionar los mecanismos intrínsecos de lo que observamos–, de diversos procesos de intervención humana en entornos, ya sea la reinvención arquitectónica de tradiciones constructivas indígenas (serie Pyramid), el despliegue hegemónico de servicios turísticos sobre ecosistemas (Acapulco), nexos afectivos-experienciales con la naturaleza (Natura), las irrupciones de obras de ingeniería en rasgos de los terrenos (Terrazo), sólo por mencionar algunos de sus proyectos anteriores que guardan relación con su producción en Frontera.

Exposición Individual: Pablo López Luz  — imagen 1
Pablo López Luz. San Diego - Tijuana XI, Frontera USA - México, 2015. Impresión Digital, inyección de tinta. Ultrachrome K3 Ink. 120 x 143 cm (47 1⁄4 x 56 19⁄64 pulgadas). Cortesía del artista y Arróniz Arte Contemporáneo.

La diversidad de formatos a lo largo de la historia de la fotografía, que comenzó a producirse con escalas relativamente pequeñas vinculadas a usos de sociabilidad, estatus y registro científico, contrasta con la amplitud dimensional de las obras de Pablo López Luz en Frontera y sus anteriores proyectos, que corresponden a la fotografía modernista y a una práctica fotográfica actual, en la que la experiencia sensible a la que invita la imagen tiene un estatuto interpretativo-reflexivo, más que la condición que se propagó al inventarse la fotografía, pretendiendo que fuera un “reflejo objetivo” de la realidad.

La limpieza del montaje en Arróniz Arte Contemporáneo acentúa esta fuerza intencional que Pablo López Luz da al potencial contemplativo que estimula la imagen fotográfica de gran formato como único elemento en sala, lo cual induce el recorrido visual en detalle de los espacios dentro del encuadre, para acceder a la connotación como energía que irradia la fotografía contemporánea.

Un homenaje a la tradición histórica fotográfica es la recapitulación tecnológica que señala la hoja de sala explicando que estas fotografías se produjeron a finales de 2014 y el verano de 2015 en cuatro vuelos en espacio aéreo de México y Estados Unidos, en un helicóptero R44 Raven II, con recorridos de 2.083 km, a una velocidad entre 80 y 95 nudos y altitud entre 300 y 1.676 metros sobre el nivel del mar. La fotografía implica generalmente un reto operativo y técnico que incide en los alcances expresivos de las imágenes, y los trabajos exhibidos en esta exposición no son la excepción.

La resolución de estas piezas, producidas bajo estas condiciones aéreas, determina también las cámaras y los implementos utilizados y la manera de operarlos en cuanto a velocidades, aperturas de diafragma, cantidades de disparos y otras acciones, que nos conectan por estas cualidades y sus manejos de una manera única con lo sublime y lo inmenso.

Estas expresividades ineludibles en paisajes y panorámicas son la vía para la operación crítica reflexiva que Pablo López Luz propone traspasando la literalidad de las imágenes.

Lo sublime se despliega como una disparidad radical entre la escala de la corporalidad humana y los rasgos de la naturaleza, en una vista inconmensurable en las piezas de Frontera en texturas de suelos, elevaciones y cañadas, sus estrías y oquedades, las variaciones cromáticas por la aleatoria densidad de vegetación o aridez. La bruma y las sinuosidades y los planos del horizonte, así como los encuadres montañosos rebasados, han sido aprehendidos precisamente por la altura y la distancia. Hay un constante contraste entre el azar natural y las regularidades y retículas de la intervención humana, en las huellas de los caminos o carreteras, una y otra vez trazados y recorridos, o en los hacinamientos de las áreas urbanizadas y en los acentos coloridos de tuberías, construcciones, almacenes, depósitos o cuanto dispositivo extractivo colocado en medio de un territorio.

En Frontera de Pablo López Luz, estos rasgos no son un mero ejercicio formal. Se comenzó este texto señalando como vejación esta presencia humana en un entorno. La ubicación geográfica de esta serie en los lindes entre México y Estados Unidos obliga a no eludir la complejidad política y los maltratos sociales en esta área. Piezas como San Diego - Tijuana XI, Frontera USA - México, de 2015, o Tijuana - San Diego County III, Frontera México - USA, de 2014, alientan la denuncia de la materialización de límites simbólicos trazados hegemónicamente en La línea, la barrera concreta que discrimina poblaciones y separa a la nación desarrollada erigida sobre territorio que pudo arrebatar a la nación precaria por las contradicciones de esta. Indagación que en esta serie corre paralela a la conciencia de la alteración de la naturaleza que ha suscitado la presencia humana en el mundo.

EUGENIA MACÍAS

Pablo López Luz, por Eugenia Macías | artnexus