El ángel exterminador, obra del artista paulista Nelson Leirner, fue expuesta en la Pinacoteca de São Paulo, con la curaduría de José Augusto Ribeiro. La instalación se ambientó en el Octógono, que queda en el segundo piso del museo.
La obra reunió cerca de 2.500 piezas entre estatuillas y bibelots alineados en dos grupos colocados frente a frente y separados por un puente. El número de piezas en cada uno de los lados es aproximadamente el mismo, pero no exactamente; están organizadas en dos formaciones triangulares que se encuentran cada una en uno de los lados del puente.

Más allá de una relación matemática o geométrica, lo que hay en El ángel exterminador es la apuesta de la creación de una especie de tablero, un campo de batalla donde se encuentran dos grupos, como en un juego de ajedrez, por ejemplo. La crítica al consumo es un distintivo en el trabajo de Nelson Leirner desde la década de 1960.
El artista, para la composición de sus obras, echa mano de objetos producidos en masa, vendidos en tiendas de comercio popular. Eso se da especialmente porque la práctica artística de Leirner está enfocada en la crítica al propio sistema de las artes. Forman parte de la creación del artista, con el sentido de una reflexión sobre los hábitos cotidianos, la parodia y la apropiación de imágenes y objetos comunes, materiales de la cultura de masas e ítems decorativos, como cuadros, estatuillas y sellos adhesivos. Muchas veces con alusiones a obras, escuelas y estilos canonizados por la Historia del Arte, de Miguel Ángel a Fontana, del barroco a los Young British Artists, de Duchamp y del neoplasticismo a Beuys y al arte conceptual. Todo eso mezclado a un repertorio en el que entran anuncios publicitarios, la figura de Mickey Mouse, el distintivo del equipo de fútbol Corinthians, etcétera.
Así, el uso de esos objetos, como en El ángel exterminador, está ligado a una postura iconoclasta e irónica en relación con las jerarquías del gusto, con la predilección por los materiales nobles, y aun hasta con las nociones de autoría y originalidad.
“La idea de una sociedad que no deja romper sus propios límites o que reproduce distinciones entre grupos de individuos es común al film de Buñuel y a la obra del artista brasilero. Esa instalación de Leirner es también una de sus primeras obras en recurrir a ese procedimiento de acumulación y distribución de pequeñas esculturas en una escena que recuerda a una procesión”, explica el curador del museo, José Augusto Ribero.
La primera concepción de esa obra fue desarrollada en 1984, y presentada en el MAM RJ, llamada, en aquel momento, El gran desfile, con un número mucho menor de estatuillas, esculturas y objetos que el de la formación actual. La instalación fue remontada en años siguientes con nuevas configuraciones y bajo otros títulos: El gran combate, de 1985; El gran entierro, de 1986, entre otros. En el 2011, en la exposición Nelson Leirner: 2011-1961 + 50 años, el artista retomó el agrupamiento de objetos, esta vez organizándolos en dos bloques iguales, de formato triangular, conectados mediante un pequeño puente de jardín japonés, con el título Paulista a la vista, adicionando elementos que reaparecen en la instalación del 2014, con la adopción del título de la película de Luis Buñuel: El ángel exterminador.
La referencia al tema del film El ángel exterminador agrega al conjunto de objetos la idea de una confrontación entre individuos, cada uno con su individualidad y su lugar determinado dentro de un grupo social y cultural específico. El puente entre los dos grupos y las banderas de Brasil y de Estados Unidos que figuran en cada uno de los lados del puente sugieren también un encuentro o hasta un combate cultural, y enfatizan la noción de juego sugerida por ese formato de instalación.
El proceso de Nelson Leirner involucra asuntos claves del arte contemporáneo, tales como las jerarquizaciones de buen y mal gusto, las relaciones sobre autoría, los criterios de validación de una obra de arte, la participación del espectador, el uso de materiales no tradicionales, además del uso de un vasto repertorio ligado a la cultura de masas y de consumo. La escogencia del espacio Octógono para el montaje de la instalación relaciona esos aspectos, lo que fue decisivo para la curaduría; exponer la instalación en un espacio amplio y central del museo ofrece la oportunidad de una lectura crítica respecto a las demás exposiciones del museo y permite una gran reflexión sobre la obra de Leirner, contextualizada en la colección de la Pinacoteca paulista.
El ángel exterminador es una obra ya inscrita en la historia del arte brasilero, que dialoga con la colección de la Pinacoteca, incluso con otra obra de Leirner: El puerco, de 1967, presentada en la exposición Vanguardia brasilera de los años 60: colección de Roger Wrigh”, también en el primer piso del museo.
HÉLCIO MAGALHÃES
