Exposición Individualsept 2017 - nov 2017· Por Caridad Botella

Lydia Azout

Alonso Garcés Galería

La exposición Umbrales reúne una serie de obras de la artista colombiana Lydia Azoud que posicionan al espectador en dos contextos distintos con respecto a su relación con la obra de arte. Empecemos por aquí. Porque la obra de Azoud siempre comienza a debatirse por su gusto por la forma, la trama, los volúmenes, las líneas, el tiempo, pero en esta ocasión, estos temas que permean sus obras –hasta volverse identidad– comparten el protagonismo con el espectador mismo. 

Exposición Individual: Lydia Azout — imagen 1
Lydia Azoud. Umbral dinámico, 2017. Acero oxidado. 2.75 x 2.72 x 7.00 mts. (108 17⁄64 x 107 3⁄32 x 275 19⁄32 pulgadas). Fotografía: Ramon Giovanni.

La exposición está dividida en dos espacios: la gran sala de la galería, en la que encontramos tres obras de gran formato, y la sala pequeña en el mismo piso, que –a modo de compendio de la obra que Azoud lleva realizando desde hace cuarenta años– contiene obras de pequeño formato, que invitan al espectador a recorrerlas desde distintos puntos de vista, caminando entre ellas una y otra vez, volviendo a recorrer un camino no establecido y dominando la mirada sobre las piezas. Se pone en marcha un andar que lleva al análisis, a la reflexión o simplemente a abandonarse a las formas de las obras. Estas son las formas y las tramas –que para Azoud son caminos de comunicación– que más le han interesado a la artista desde siempre: las que evocan lo femenino, lo masculino, la energía y fuerza de las geometrías sagradas diseccionadas y reinterpretadas desde intereses personales. A través de estas tramas, la artista hace visible lo invisible, lo misterioso que en potencia casi ni se puede nombrar. Esta es una apuesta por un espectador que deambula por el espacio y las obras teniendo un cierto control sobre su rol como tal. Es en la sala grande en la que el espectador se ve engullido por las obras, especialmente por Umbral I y Umbral II, tornando la visita en una experiencia a la cual rendirse. Umbral I es como una espiral de acero oxidado que surca el suelo de la galería. La obra permite que el ojo construya lo que no es visible, como si el hierro penetrara el piso del espacio. La recorremos, pisándola, por dentro y, de forma más distante, por fuera. Nos situamos en sus extremos y, de pie, en cada uno de ellos tenemos una perspectiva diferente. Este espacio dinámico y participativo que constituye Umbral I es liminar, un pasillo de tránsito entre una esencia y otra, una conexión entre dos mundos que transforma algo en el que lo ve. Al poder entrar y salir en la obra, al sentirnos tragados por esta, perdemos el control que teníamos en la otra sala. O en esta ganamos en control que no teníamos en la sala grande. En cualquiera de los dos casos, las escalas cambian y nos convertimos por un momento en Gulliver: un instante somos sujeto y al otro objeto. Esta sala lleva la investigación por las formas y la energía o las fuerzas que ellas invocan, a una escala muy efectista. Es como si uno tuviera la oportunidad de adentrarse en una de las obras de menor escala y pudiera sentir desde dentro lo que Azoud quiere que veamos desde fuera. Si la comunicación suele sugerirse entre las tramas geométricas, en este caso se abre un canal de comunicación entre las escalas, entre las mismas ideas que Azoud ha venido desarrollando desde hace décadas. Después de recorrer esta pieza se abre otro umbral –este más incómodo y retador– con la obra Umbral II. Aquí cuenta el gesto de pasar por debajo de esta pieza –arrinconados y casi contra la pared–, que introduce la asimetría en esta sala, que, de otra forma, nos convencería de que la armonía tiene puntos proporcionados y equidistantes. Umbral II y Trazo (la tercera pieza en sala, que “dibuja” un sendero que al ser recorrido nos arroja unas curvas) añaden algo al discurso de las obras de pequeño formato. Entendiendo la diagonal y lo asimétrico como la perfección en la estética japonesa, aquí nos recuerdan que esta, la perfección, puede entenderse de distintas maneras, abriendo una diversidad de posibilidades más allá de lo que la artista ha venido planteando. En este caso, encontramos que la exposición funciona en sí como un umbral dentro de la obra de la artista, ya que nos sitúa entre dos mundos, dos caminos que se vuelven infinitos por las tantas veces que se pueden recorrer. Por un lado, nos invita a abandonar la razón y dejarnos llevar por la experiencia y lo desconocido, en un recorrido mucho más guiado por nuestro cuerpo y el lugar que este ocupa entre las obras de gran formato que nos van transformando; por otro, nos brinda un mundo aparentemente mensurable que encierra energías ancestrales entre sus tramas y ángulos. Umbrales es, en últimas, un ejercicio de sinceridad e introspección del que somos parte como espectadores.

CARIDAD BOTELLA

Lydia Azout, por Caridad Botella | artnexus