“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso”, dice el libro de Mateo el Evangelista (6:22), en una edición de 1569. Quizás es de aquí de donde proviene la romántica sentencia que sostiene que son los ojos las ventanas del alma. Al margen de lo anterior, pero con una relación ineludible, Lorena Espitia (Bogotá, 1983) presentó para el Programa C del MAMM un conjunto de obras que llamó Deja de seguirme, estrella mañanera, y que contó con el acompañamiento curatorial de Catalina Lozano.

Esta investigación, que se fundamenta en los descubrimientos que el anatomista Johannes Purkinje adelantó durante el siglo XIX, cuando logró descifrar parte de la estructura interna del globo ocular y dio a conocer una serie de imágenes fantasmas que reflejan el ojo –que posteriormente fueron llamadas las Imágenes Purkinje–, despliega sus resultados en una suerte de gabinete, integrado por múltiples medios. Todos ellos versan sobre la relación subjetiva que hace a cada individuo algo único e irrepetible, donde los ojos son más que protagonistas; se trata del espacio liminar que separa y comunica nuestro universo interior con el afuera, común a todos los demás seres.
El gabinete está conformado por dos espacios. En concordancia con las dinámicas que hacen fluir información entre el exterior y el interior, un corredor angosto hace el preámbulo al ingreso de la sala principal, donde se termina de desarrollar la puesta en escena.
Afuera, la muestra se despliega en tres componentes. Una serie de cinco pinturas abstractas que copian azarosamente experimentos que la autora ha realizado con sus ojos y que resultan casi musicales en su alegoría al movimiento, al tiempo. Un video que muestra nuevamente a Espitia intentando producir fuego con dos piedras; una de ellas dorada, como si se tratara del sol en las manos del hombre. El experimento no surte efecto. Arriba de la pantalla donde rueda el video se puede ver una pintura al óleo instalada de manera poco convencional. El vértice que conforman las tres superficies de la esquina superior derecha de esta antesala sostiene esta pintura realista que recrea el GPS Block IIIA, una nueva generación de satélite que debió ser enviada al espacio en 2014 y que, por problemas de los controladores de navegación, se ha postergado hasta el 2018. De nuevo, el afuera hace referencia a lo que hay adentro, justo donde un observador objetivo ve el globo terráqueo.
El segundo espacio, ya en el interior, invita a experimentar precisamente la noción de "adentro." Aquí se reta nuestra capacidad de percepción al cerrar los párpados y tratar de ver esas imágenes que describió Purkinje. Estamos dentro del ojo, y dos series más de pinturas, ambas abstractas, levemente buscan trastocar nuestra percepción y hacernos mirar desde adentro para más adentro. Algo así como una introspección profunda que pretende generar conciencia de quiénes somos, al margen de la apariencia de nuestro exterior.
Una de las series, la que se ubica justo al frente de la entrada, está compuesta por cinco pinturas circulares que parecen levitar sobre la superficie. Un aura que proviene de atrás de cada una de ellas matiza cromáticamente sus contornos, mientras cada formato se resuelve con círculos concéntricos que poco a poco se acercan al centro con ligeras variaciones de color. El efecto es casi hipnótico.
Sobre la pared derecha se sitúan nueve pinturas cuadradas con formas aleatorias predominantemente claras con colores apastelados. Cada una es un ensayo de lo que pasa adentro.
En el centro de la sala, ligeramente desplazada a la izquierda, pende una intrincada danza de bastones con variaciones formales y cromáticas que evocan los impulsos neuronales. Tenue resulta el ritmo que plantea este movimiento que raya con la poesía.
En la esquina que se opone a las paredes donde están las dos series de pinturas, un formato curvo conecta las dos superficies; se trata de una pintura de retículas dibujadas con colores iridiscentes que recorren el espectro lumínico de forma vertical sobre madera. El resultado es tan sosegado como fascinante.
Para salir de ese ojo nos topamos con una videoproyección que recrea las imágenes vistas desde adentro hacia lo más profundo: las Imágenes Purkinje.
La pintura no es el fin en sí mismo de esta entrega del programa C, como asevera la curadora de la muestra. No obstante, es gratificante ver que su poder de presentación, en comunión con la ciencia, ve ampliada su infinita capacidad para hablarnos de cosas necesarias, de asuntos que incluso hemos pasado por alto por lo evidentes que resultan.
Deja de seguirme, estrella mañanera es una declaración poética de una joven pintora que no teme segar su visión de un mundo bien sabido, al detener su mirada en las chispas de dos piedras que, como la yesca, tienen el poder de transformar lo que ha estado intacto desde siempre; es una invitación a acoger una mirada renovada que comienza desde muy adentro y se sabe ventana del alma, una hendija que abre paso a misterios eternos, espacio donde el arte sabe muy bien perderse.
OSCAR ROLDÁN-ALZATE
