La imaginación del desastre

Miguel Harte. La furia loca, 2009. Fotografía. 42 x 60 cm (16 17⁄32 x 23 5⁄8 pulgadas).

Colectivasept 2017 - nov 2017· Por Victoria Verlichak

La imaginación del desastre

Con semejante título, La imaginación del desastre (… o qué y cómo hacer con la maldad), la muestra en Arte x Arte, quizá reciba visitantes con expectativas de ver truculencias varias. Con semejante texto, firmado por los curadores: “Crímenes, sátiras, monstruosidades concretas y deliberadas, abstractas y sugeridas, insultos, lamentaciones. Este podría ser el muestrario [en cursiva en el original]. En todos los casos y por supuesto, en un registro ficcional. Mostrar el lado izquierdo de la empresa humana, la crueldad agazapada detrás del manto de la civilización, la inclinación hacia eso que el sano juicio considera el mal y, que tal vez ha sido, en buena medida, mal entendido”, tal vez otros esperen conocer expresiones políticas. Pero, Pablo Orlando y Jorge Zuzulich tratan la noción del mal anclado a la cuestión vital, quizá desde lo antropológico, hasta psicoanalítico: “[…] el objeto de esta muestra es darle cuerpo al malestar pero ya puesto en escena como vía de escape para el descontento”.

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Alfredo Prior. Orpheo, 2008. Acrílico y esmaltes sobre tela. 200 x 180 cm (78 47⁄64 x 70 55⁄64 pulgadas). Cortesía: Galería Vasari.

Susan Sontag “tutela” esta muestra; es autora de “La imaginación del desastre” –que revelan las películas de ciencia ficción–, ensayo incluido en Contra la interpretación (1966). Su estudio sobre este género sostiene que “Las películas de ciencia ficción no tratan de ciencia. Tratan de la catástrofe, que es uno de los temas más antiguos del arte. […] Vivimos bajo la continua amenaza de dos destinos igualmente temibles, pero en apariencia opuestos: la banalidad inagotable y el terror inconcebible”.

Orlando y Zuzulich retoman este saber y aportan la frase (… o qué y cómo hacer con la maldad) a la presentación de 23 artistas contemporáneos que despliegan fotografía, video, pintura, grabado, instalaciones, videoperformance, música (audio, actuaciones en vivo y videoclip), textos. A tono con la idea de disrupción de formatos y saltos temporales, los curadores infringieron la regla no escrita de la institución que alberga la muestra.

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Olivier de Sagazan. De la serie Transfiguración, 2010. Fotoperformance. 150 x 70 cm (59 1⁄16 x 27 9⁄16 pulgadas).

Arte x Arte, Fundación Alfonso y Luz Castillo, está planteada como lugar de exhibición y de estudio de la fotografía y nuevos medios (nuevas tecnologías). La edición 2017 del Premio Arte x Arte incluyó foto de Florencia Levy, con código QR al pie contando otro costado de la vista. Pionera del barrio Villa Crespo –ahora en auge para galerías de arte–, la Fundación inauguró en 2002. El director artístico de este espacio de 1.800 metros cuadrados –tres pisos de exposición, sala de lectura y consulta de video, laboratorios y archivo, auditorio de conferencias– es el artista Eduardo Médici.

La imaginación del desastre… es una exposición claramente imaginada por curadores que comparten cátedras de Estética en Universidad Nacional de las Artes y Universidad Nacional de Tres de Febrero. Orlando y Zuzulich no lo pueden ni quieren ocultar. En la primera hoja y media del texto del catálogo citan a Lukács, Sontag, Bataille, Nietzsche, Cioran.

Son tres niveles

Las obras desplegadas en tres pisos escenifican distintos modos de la tensión existencial, desarrollan diferentes poéticas y soportes, multiplican maneras del humor y el desasosiego, representan ciertas anomalías y alteraciones físicas; transitan varias temporalidades y abren un diálogo formal entre ellas.

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Alejandro Kuropatwa. Sin título de la serie Fuera de foco, 1982. Fotografía blanco y negro. 70 x 100 cm (27 9⁄16 x 39 3⁄8 pulgadas). Cortesía: Galería Vasari.

La planta baja recibe al visitante con un fragmento de El tercer hombre, la película de Carol Reed que transcurre en la Viena de la posguerra y ofrece mucho más que una intriga policial, con un traficante que adultera penicilina y lleva a la muerte a miles. Los curadores la eligieron porque la maldad en acto condensa el sentido de la muestra, al igual que una fotografía de Olivier de Sagazan (con más obras en el 2° piso), cuyo trabajo resume de algún modo el alcance de la exposición.

Allí, el texto del filósofo y escritor alemán Rüdiger Safranski es una provocación: “El arte, que procede de la nada de la imaginación libre, puede hundirse de nuevo en esta nada. En el interior del arte se forma un potencial de destrucción y autodestrucción. Entonces se habla de la crisis de la narración, del fragmento sin intención, de la disolución de las formas […] Y por eso precisamente está amenazado de manera especial por la nada de la carencia de sentido”.

Algún sentido debe encontrarle Juan Cuello a su work in progress sobre una pared del blanco espacio de la exposición. El placer de sentir culpa (2017) desparecerá ni bien termine la muestra. Entre la ironía, la persistencia y la vanidad, los trazos crecen frente al público mientras Cuello dibuja una figura cuyos testículos son uno, y está muy inflado. Mientras que la letra del videoclip The killing moon (1984) de Echo & the Bunnymen hermana al deseo con una hipotética muerte, en la milonga Amablemente (1963), con letra de Iván Diez recitada por Edmundo Rivero, la muerte efectivamente sucede de la mano del varón que apuñala a la mujer por serle infiel: ¡un femicidio cantado en público y sin que nadie levante ni una ceja!

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Liliana Porter. Wrinkle, 1968. Fotograbado. Cada uno(34,5 x 41 cm (13 37⁄64 x 16 9⁄64 pulgadas). Cortesía: Galería Ruth Benzacar.

Las fotos de El concilio (2016) con las que trabaja Juan Manuel Fiuza carecen doblemente de identidad; son retratos policiales anónimos (bajados de internet), intervenidos por el artista de manera tal que resultan indescifrables y que, en su deformación, se cruzan con lo siniestro de Orpheo (2008), pintura de osito de peluche de Alfredo Prior que habla ¿del abandono del mundo infantil, de la pérdida del amor? Violencia primaria en las bocas abiertas de la serie Monstruos y potencial violencia sexual en objetos de la serie Bondage con elementos religiosos de autoflagelación y juguetes sexuales.

En el primer piso aparece nuevamente la aparente intención de suplicio en la videoperformance de Vito Acconci Pryings (1971), consistente en intentar durante 17 minutos abrir el ojo de una mujer. La imagen convoca incluso el terror de que aparezca la navaja (y rasgue el ojo) de El perro andaluz de Buñuel. To pry es entrometerse; ella no quiere abrir ni divulgar su intimidad; batalla perdida en estos tiempos de redes sociales. Hay otra forma de lo religioso en la confesión de la cantante Liliana Felipe, quien en segundos (de un registro de un recital en vivo) admite con ironía sus defectos y culpas pero (va): Voy a misa (2007). La irreverencia también en Letrina (2015) –cruz, vaginas, torso con dos cabezas, inodoro– de Marcelo Bordese, con varias pinturas más como Cabeza (2010), que lejos de la simetría sugiere cierta revuelta escatología. Tampoco existe armonía en la foto casi movida de una muchacha con cuencos por ojos, por el efecto Fuera de foco (1982), serie de Alejandro Kuropatwa trabajada durante sus años neoyorquinos.

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Vito Acconci. Pryings (Entrometidos), 1971. Video monocanal ByN. Fotografía: ©Acconci Studio. Cortesía: Electronic Arts Intermix (EAI).

El texto de sala es de Georges Bataille: “Si no tenemos la fuerza de destruir nosotros mismos la energía que sobra, tampoco podrá ser utilizada. Y, como un animal salvaje que no se puede controlar, es ella la que nos destruye, es decir, nosotros mismos hacemos inevitables los peligros de la explosión”.

Mala energía en la durísima canción Mother (1983) de The Police: “está sonando el teléfono, ¿será mi madre llamándome?... cada vez que salgo con una chica se termina pareciendo a mi madre”. Como dice un comentario en YouTube, esta (terrible) canción parece escrita por Freud. En blanco y negro, la videoperformance de Luciana Arias –desnuda y con máscara de lucha mexicana– y las fotos de Néstor Baltodano aportan cuerpos y otra cuota de lo sombrío e indiscernible.

Textos del poeta Nicolás Olivari y de Ambrose Bierce dan la bienvenida al segundo piso. Nuevas alusiones místicas en la actuación de Tom Waits en el programa de David Letterman. Con un megáfono que recrea los gestos de antiguos predicadores, con humor y voz cascada, Waits comprende al niño que no quiere ir al servicio religioso dominical. Le recomienda ir a la tienda de golosinas a comprarse un Jesús de chocolate, que eso sí le va a gustar. Luego, se ve una entrevista televisiva de 1958 al pensador francés Bataille, a propósito su libro La literatura y el mal (1957). Entre otras consideraciones, la culpa que sienten los escritores al escribir es porque “es lo contrario de trabajar”. Kafka y Baudelaire son culpables de no cumplir el mandato familiar, de infantilismo: “se han sentido en la situación del niño ante sus padres. Me parece que si la literatura se aleja del mal, muy pronto se vuelve aburrida. […] Hay que darse cuenta enseguida de que la literatura debe activar la angustia, que la angustia siempre está basada en alguna cosa que va mal…”.

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Marcelo Bordese. Cabeza, 2010. Acrílico sobre lienzo. 30 x 30 cm (11 13⁄16 x 11 13⁄16 pulgadas).

Leo Masliah no aburre; en un par de minutos traza una vida menesterosa para su descendiente; Imaginate m’hijo (1980) no podría ser más pesimista. Miguel Harte representa la naturaleza bajo otra luz, como en la fotografía La furia loca (2009): mundos híbridos, ¿fábulas poco ortodoxas o espantosas pesadillas? Hay algo de fantasmagórico en la turbadora instalación multimedia de Alfonso Castillo, quien, en un espacio en penumbra, proyecta sobre unas livianas telas imágenes de maniquíes en distinto estado de desintegración; suena un canto gregoriano y las figuras se mecen apenas con el ingreso de los espectadores.

El políptico Arruga (1968), fotograbado de Liliana Porter, “es un instructivo para conformar algo con la disconformidad. Se trata de la destrucción y de su –posible– imposibilidad”. La videoperformance y las fotos de Olivier de Sagazan –integran dos series distintas (2010 y 2014) de Transfiguración, una de ellas tapa del catálogo– aparecen como el epítome del mal y sus efectos. Pero el artista concilia su práctica escultórica con su inmersión adentro de la escultura. En el tránsito de volverse él mismo una escultura se transfigura de un ser racional hacia un ser dionisíaco, ¿demoníaco?

La imaginación del desastre es una exposición que pone a trabajar al observador. Este será más rico por haberla visto, por los inesperados hallazgos e inteligentes enunciados que subrayan el desafío de la propuesta.

VICTORIA VERLICHAK

La imaginación del desastre, por Victoria Verlichak | artnexus