La exposición Ni héroes ni mártires de Juan Fernando Herrán es un impulso al análisis desde la experiencia sensible de fenómenos político-económicos de deterioros sociales en Colombia y es también un agente de distanciamiento crítico de la Historia Oficial de ese país, como dispositivo de poder. Y su reflexión aplica para los países latinoamericanos.

En sus creaciones y los procesos para producirlas, que se remontan en esta exposición desde 1996 hasta 2015, el artista colombiano sitúa lo marginal en primer plano enfatizando pérdidas, ausencias, silenciamientos, lo que no se cuenta, a través de diversas estrategias plásticas, para cuestionar discursos hegemónicos de la historia del país y denunciar así el uso narrativo y retórico-ficcional de lo monumental y lo ritual que perpetúa estereotipos heroicos, corrupción política-económica, descaros publicitarios. Señalando estos fenómenos desde las obras, les opone antídotos desde perspectivas humanistas genuinas, como pugnan en el texto introductorio las curadoras de la muestra Albertine de Galbert, Elena Lespes Muñoz y Ananay Arango, quienes además aportan a lo largo de la exposición lúcidos textos explicativos y de investigación en torno a cada proyecto presentado.
Juan Fernando Herrán ejerce acciones que bien podrían ser emblemáticas de un arte que resignifica la cultura material y visual de diversos procesos históricos revisados en esta muestra sin peticiones de principio, acentuando la capacidad de prácticas artísticas actuales a las que este creador se adscribe, para estimular desde la percepción sensorial de los espectadores sus propias operaciones mentales indagatorias en relación con los sucesos evocados en las piezas.
Así lo articula la densidad informativa que portan obras como Cajas Fucsia (1996-2008), sobre el proceso judicial suspendido sin veredicto, contra políticos y el presidente Ernesto Samper, acusados de financiar su campaña de 1994 con fondos del narcotráfico; Armedes II (2017, a partir de una primera versión hacia 1990 con una pistola del abuelo del artista) alude al cuestionamiento del uso de las armas dentro de la historia de la violencia en Colombia; Tríptico judicial (1999), con fotografías de cetros de cápsulas de amapola rayadas que recrean ornamentos indígenas y la extracción de goma opiácea, franqueando el retrato de cultivadores capturados; Campo Santo (2006), memoria fotográfica de la proliferación de cruces y tumbas improvisadas para campesinos muertos por la confrontación entre población civil y paramilitares en distintos lugares rurales; la videoproyección La Vuelta (2012-2013), con entrevistas a sicarios motorizados dentro de la cultura del narcotráfico en la ciudad de Medellín en las décadas de 1980 y 1990; o el video Ecos tutelares (2015), que retoma el traslado, primero marítimo, y luego por tren, a distintas ciudades en Colombia de monumentos hechos en Europa a los héroes de ese país, como parte de las celebraciones del Primer Centenario de su Independencia, en 1910.
Detenerse en estos eventos es no dejar en un plano solo formal los recursos expresivos de Juan Fernando Herrán: investigación-creación, dibujos en muros y en secuencias de videos, y en estos, planos fijos y voces en off; apilamiento de cajas o destrucción de un objeto de un familiar como motivos escultóricos; la exploración del potencial connotativo de lo fotográfico, ya sea por intertextualidad o por un encuadre como totalidad. Todas estas son herramientas para alentar los ejes reflexivos centrales en esta muestra.
Es relevante particularizar en dos proyectos con fuerza expresiva decisiva y que abarcan casi por completo el rango temporal de la trayectoria de Juan Fernando Herrán aquí considerada.
Heaven is Under the Shadow of Swords (1997), una instalación realizada con madera, aluminio y focos eléctricos, participante en la Quinta Bienal de Estambul. La frase que la titula es el fragmento de un hadîth o conversación no incluida en el Corán sobre el profeta Mahoma. Su traslado a un espectacular recurso visual de origen publicitario juega con el carácter no canónico de ese dicho dentro de su tradición y que se presta a usos islámicos diversos, de un modo tan ambiguo, fantasioso y manipulador como los manejos persuasivos que hace la propaganda.
Héroes mil (2015) es una instalación escultórica en madera que retoma parcialmente pedestales de esculturas de héroes colombianos realizadas en los festejos del Primer Centenario de la Independencia, en 1910. Su materialidad –distinta a lo pétreo que suele perpetuar hegemonías, las soluciones estructurales aparentes y la falta de esculturas sustentadas que enfatizan irónicamente al elemento secundario de base– confirma un recurso continuo en esta exposición y en la trayectoria de Juan Fernando Herrán: el afán de desenmascaramiento de mecanismos de poder, entendido como la intención de incidir desde una posición hegemónica en la construcción del sentido de lo significativo histórico y social. Los ensamblajes expuestos y rasgos de otros proyectos que conforman la exposición son la metáfora de la incitación constante de este artista a cuestionar todo aquello que se nos presenta como algo dado, legítimo y naturalizado.
EUGENIA MACÍAS
