Maná, del hebreo (מן), significa, según el libro del Éxodo, pan enviado diariamente por Dios los cuarenta años que estuvieron los Israelitas en el desierto. Elegido para declarar ¿Qué es esto?, el maná tenía el sabor y la apariencia de aquello que uno más deseaba. Fue brevemente mencionado en el Corán, en las azoras al-Baqara, al-Araf y Ta ha.
Actualmente, maná es, además, término de juegos de roles y ficción; energía limitada de color azul, que invoca hechizos y/o conjuros. Suele representarse como poción mágica que devuelve poderes a través de la meditación. No solo magos, personajes guerreros de muy alto rango también usan el maná. Su lúdica proviene del concepto religioso.

En los anales de la humanidad, del mismo modo que en los juegos de roles, el constructo de la historia es un hecho. Los vencedores recrean sus glorias; los creadores deconstruyen esas líneas, y en las estrías plantan significados frescos que aportan sustanciación al vetusto discurso adormilado.
José Manuel Mesías (La Habana, 1990) desmiembra en su obra con precisión quirúrgica tradiciones, enfoques, visiones, relicarios, tabúes y amuletos que cargamos de generación en generación de cubanos insulares y expandidos. Cual maná que nutre amén del Orbis.
Factoría Habana honra hoy su retadora estrategia curatorial al incluir un proyecto como este, en su seductor y arriesgado espacio arquitectónico. Índice de imágenes descarna la trama visual del conocimiento histórico cubano asentado por siglos. Sobre ella, nos siembra una nueva invención, con la anuencia del arte, para ilustrar, cuestionar, esparcir y centuplicar la urdimbre del tejido embrionario en la representación visual y discursiva de la Nación cubana. La muestra abarca los tres pisos del edificio. Su diversidad factual y visual establece niveles de conocimiento, que exploran y atrapan la capacidad sensorial del cubano común y el más erudito.
Índice de imágenes compendia historia patria y protagonistas. Complementan cuatro subíndices: Ejército Libertador, Herbario, Bestiario, Relicario, que, trenzados cual hilos de Parca, “entrelazan figuras, hechos, contextos y referentes históricos, míticos, artísticos, lingüísticos y domésticos” que “hacen recordar aquellos gabinetes o cuartos de maravillas donde se agrupaban los hallazgos [...] procedentes de las exploraciones de los viajeros, y que hicieron las delicias de curiosos y coleccionistas”1.
Deudor de la academia pictórica cubana, influido por los que llegaron a costas de esta ínsula a vivir nuestro cuento y lo recrearon como “historĭa mundi”; inspirado en los bocetos de los bestiarios medievales y los formativos libros de pintura (a falta del contacto visual directo con los originales); encontramos un Mesías que exhuma, colecta y reorganiza con afán renovador restos connotados de la historia de nuestra nación y sus personajes insignes. Para nutrir a los que gustemos de jugar al “tetris cubano” con fichas imantadas por una auténtica taxidermia política, histórica y natural.
Los títulos levantiscos con que el autor designa sus obras, nos convierten de antemano en nuevos exploradores. Parafraseando una máxima del contemporáneo catalán Antoni Muntadas, la percepción requiere involucrarse2, se me antoja pensar que cada título sentencia una cofradía con el espectador: La imposible representación del rostro de Ignacio Agramonte, de 2012; Cabeza de caballo, de 2017; La insubordinación del Coronel A, de 2017; Majá con machete dentro, de 2017; El letargo de la ciénaga, de 2017; El médico del espacio, de 2016; La expiación de Calixto, de 2017, entre otros muchos, nos llegan repletos de alegorías que desnudan, disfrazan y travisten el acervo de nuestra conciencia social y nuestras verdades históricas.
La teatralidad museográfica que despliega esta muestra descubre un territorio fértil para replantar nuevos y diferentes significados. Enfática en la autovaloración de objetos encontrados y reagrupados por el artista con la intención forjadora de la palabra nueva. Esa que solo la devoción por el arte (cual religión provocadora) nos dará la fe.
Sólidamente nutrido de Lydia Cabrera, Samuel Feijoó, José Lezama Lima, José Miró Argenter, Fermín Valdés Domínguez, Esteban Pichardo, Fernando Ortiz, Serafín Portuondo Linares, y de otros tantos repertorios previos que abrieron grietas, Mesías exhala aire reparador en su creación, incluso al encarnar “la imagen del otro” con visión propia.
La dramaturgia de esta visualidad histórica remonta nuestros sentidos a los más recónditos escollos del ser social, donde la duda de santo Tomás no es suficiente; aun viéndolo aquí, titubeamos.
Esta trama filosófica es potencialmente anárquica y variable. Depende del conocimiento previo que tengamos del hecho o protagonista histórico en sí; de cuánto gocemos penetrando nuestra “manigua” y de cómo hayamos decidido dejar marcado nuestro trillo de regreso.
Cubanos en todo el mappa mundi, sin miedo al azul, inundémonos del maná de Mesías y juguemos nuestros roles mientras esperamos la hora indicada.
NOTAS
1. José Manuel Mesías, Índice de imágenes. Factoría Habana, La Habana, 2017.
2. Antoni Muntadas, Obra múltiple. Warning: Perception requires involvement. Nueva York, 2003.
MEIRA MARRERO
