El artista brasileño Jaildo Marinho presenta su más reciente trabajo en la Pinakotheke Cultural/Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. La exposición se organiza en torno a la instalación que ha desarrollado in situ y que da título a la muestra: Cristalização (2017). Se trata de una contundente propuesta que configura y sintetiza la apariencia de un cuarzo de amatista. El artista construye una suerte de geoda o cavidad rocosa, en cuyas paredes normalmente consiguen cristalizarse minerales de gran tamaño, solo que esta vez han sido tallados en mármol a gran escala distintos elementos concebidos según la inteligencia humana, con la ayuda y practicidad que brindan diferentes herramientas de última generación.

Lejos de crear una anécdota, y más inclinado a plantear una reflexión, el artista nos propone un ejercicio que sitúe en un primer momento al ser humano por encima del reino mineral, que puede utilizar a su antojo, desprender bloques de mármol de sus canteras naturales y poseer un desarrollo técnico que le permita pulir y moldear este mineral en la forma que haya decidido previamente. No obstante, jamás conseguirá el ser humano –en su corta existencia– superar los plazos de acción dados en la naturaleza.
En comparación con el color violáceo que aporta la concentración de hierro en las formaciones naturales de amatista, Jaildo Marinho aplica pigmento violeta sobre determinados cantos de estos elementos marmóreos, siguiendo un estricto rigor geométrico y respetando el equilibrio compositivo diseñado previamente.
La síntesis de dichos elementos y la repartición de cuadrados biselados dispuestos según sus respectivos cortes, el esquema de distribución del peso, el sentido de rotación, así como la presencia de cantos color violeta que se prolongan en la superficie casi reflectante del mármol blanco, hacen de Cristalizaçao un claro ejemplo del impacto de nuestras decisiones y del peso que tienen, frente al delicado equilibrio que ha tomado a la madre Tierra milenios de gestación.
El artista plantea de manera contrastante la enorme brecha que existe entre una estructura creada por el hombre, sin el afán de copiarla, pero con la clara intención de comprimir su esencia en un esquema geométrico, versus la dilatada condición temporal y espacial necesaria en geología para que los procesos minerales formen a la perfección los cristales de roca. No obstante, la naturaleza puede ser analizada desde la armónica repetición de patrones, con lo cual podemos encontrar en las matemáticas, ciertamente, el secreto que consigue unir procesos tan dispares.
Jaildo Marinho desde sus inicios consagra su trabajo artístico al mármol de Carrara, tallando y equilibrando la nobleza de este material para otorgarle un carácter concreto, racional y ambivalentemente orgánico.
El emblemático mármol le confiere peso a la instalación, así como la extraña sensación de equilibrio/desequilibrio que caracteriza sus esculturas monumentales.
Marinho, siguiendo su particular línea creativa, se opone a cualquier chance librado al azar y controla con rigor cada una de las variantes compositivas.
Presenta una serie de cuadros en los que enmarca y descompone la idea del vacío, concepto fundamental en su obra.
Así mismo, el artista presenta un interesante conjunto de palets de mármol negro y blanco que fungen como elegantísimos pedestales (pese a la convencional forma en madera como elemento vulgar de la construcción), y sobre ellos, dispone sendas esculturas geométricas, las cuales se encuentran librando la desafiante distribución del peso de sus volúmenes, como si burlaran las leyes de gravedad, clásico en la propuesta de Jaildo Marinho. Metáfora del delicado equilibrio natural que el ser humano puede descomponer en cuestión de pocos minutos.
Es interesante que podamos apreciar nuestras limitaciones como especie, frente al complejo reino mineral. Consideremos esta invitación del artista a reflexionar sobre la perfección que solo el tiempo consigue labrar, y cuya belleza queda comprimida en una roca hueca, a través de la cual se han logrado permear los elementos indispensables para colorearla en violeta.
Jaildo Marinho, consecuente con sus postulados artísticos, decide exaltar la simplicidad y la armonía, y presentar un cuerpo de trabajo basado en la racionalidad y el orden, con la particularidad de dejar una reflexión profunda sobre todo aquello que escapa a nosotros; el tiempo prolongado que sólo la naturaleza se puede permitir, el cual nos sobrepasa.
ELISA RODRÍGUEZ CAMPO
