La música es mi casa es la inusual exposición del artista y diseñador gráfico Gastón Pérsico (Buenos Aires, 1972), que alude, examina, la cultura disco, y más. Los visitantes que la recorrieron la modificaron con su sola presencia, con sus vivencias. La percepción de La música es mi casa no sólo dependía del bagaje cultural de los observadores sino también de la fecha en la que fueron a MALBA - Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. La muestra cambió en cinco ocasiones gracias al ciclo Featuring, presentaciones de Lucio Capece, los DJ Pareja, David Lamelas, Miguel Mitlag, Pablo Schanton.
La música… fue curada por Mariano Mayer, argentino de Madrid. La actualidad de la propuesta sonora y visual y la notoriedad de los invitados seguramente acercaron nuevo público al museo; fue desplegada en el primer nivel, con entrada gratuita. Mientras que algunos niños se divirtieron persiguiendo luces de colores, y observadores más tradicionales la miraron con cierta perplejidad, los más jóvenes la disfrutaron y fueron a verla varias veces.

La exposición funcionó como espacio social, ofreciendo experiencias, antes que objetos para la contemplación. El escenario sugerido era el de una disco, no menos por la atmósfera otorgada por la penumbra y los destellos lumínicos. Pero los fulgores no eran tan similares ni tampoco la arquitectura recreaba exactamente una discoteca. La instalación invitaba a un ensayo sensorial de cierta dislocación. Luces, paredes, columnas de iluminación –en distinto estado de construcción, destrucción–, emitían y creaban formas abstractas, con el acento puesto en lo geométrico. Así, se ingresaba a un recinto oscurecido que parecía un club nocturno a medio hacer, deshacer. ¿Y la música? Solo se escuchaba un DJ-set de música House (música electrónica bailable) traducida al español. Las letras se repetían, estáticas, por momentos sonaban íntimas, desfasadas, emotivas.
Pérsico “se caracteriza por proponer escenarios en los que confluyen diversos intereses personales. […] La música, la literatura, las subculturas, la vida nocturna, la amistad y sus redes de influencia son, para el artista, materiales artísticos. Investigar los archivos de la cultura contemporánea, para vincular temas y zonas de encuentro de distintos campos”, apunta Mayer. En efecto, esta muestra contiene sus preocupaciones y tiene el mismo espíritu de intersección entre diferentes disciplinas, como la revista SCRIPT (Madrid-Buenos Aires) que Pérsico edita desde 2007, junto a Mayer y Cecilia Szalkowicz. Ellos fueron los curadores del proyecto Fundación Proa Isla de ediciones en arteBA 2017, con libros de editoriales y sellos independientes vinculados al arte contemporáneo.
Los invitados de Pérsico se lucieron. Lucio Capece, que domina varios instrumentos, aquí tocó dos composiciones de su autoría. Con escasos elementos y un uso demorado de la emisión del sonido construyó la estructura rítmica de RX22. El músico sorprendió sumando fragmentos de textos de Maurice Merleau-Ponty; Keith Rowe en Cosas y Lenguaje, centrada en la misma investigación. La instalación sonora La música es mi casa (DJ Pareja Remix) de DJ Pareja –dúo con base en Buenos Aires, esencial a la hora de definir la nueva escuela del latin techno– retomó la propuesta de Pérsico y amplió el panorama del discurso y entusiasmo de las letras de house volcadas al español.
En conexión con las luces que revoloteaban por el lugar, Pérsico incorporó Límite de una proyección (1967), del consagrado David Lamelas (“un foco de luz emitido desde el techo y proyectado en el piso, en un espacio a oscuras, produce un nítido círculo de luz blanca”). Esa misma iluminación fue instalada durante un único día y presentada igualmente como mecanismo de acotación. Los visitantes que se colocaron debajo del haz de la potente luz probaron su imaginación y su finito contorno.
Miguel Mitlag modificó el ingreso a la sala de La música… durante una sola jornada y según su deleite, con gestos mínimos que subrayaron el protagonismo de lo insignificante: alfombras negras, bancos y un cenicero con arena prolijamente emparejada. El investigador especializado en rock y música electrónica Pablo Schanton puso a todos a pensar. Ofreció una “Conferencia performática” planteando preguntas acerca del tiempo, suscitadas por el trabajo del artista: ¿va a haber fiesta, está ya terminó, aún no comenzó? El crítico musical asoció luego los hashtags #discoteca y #muerte, y entonces descubrió disquisiciones que lo llevaron a transitar desde el Medioevo hasta hoy.
Dos publicaciones impresas acompañaron la experiencia: La música es mi casa -con las letras que forman parte de la pieza sonora– y Featuring, con textos teóricos –alrededor de los ejes que trata la instalación– de Mayer, Pablo Schanton, María Salgado, Marina Zuccon, y una conferencia de Yves Bonnefoy. El cierre de la exposición –con chicas bailando en los espacios comunes del museo y cola para ingresar al sitio tras ser “tatuados” por los controladores de sala– fue tan performático como las intervenciones de los invitados. Pérsico, feliz, y no estaba actuando.
VICTORIA VERLICHAK
