Cada vez que veo una instalación que intenta hacer múltiples asociaciones sociales y políticas, pienso en uno de los dichos favoritos de mi abuelo: “No lo hagas más complicado de lo que es”. Eso es exactamente lo que Erick Meyenberg ha hecho en esta sinecdótica instalación, titulada The Wheel Bears no Resemblance to a Leg (La rueda no se parece a una pierna), una figura del lenguaje que tiene sus orígenes en el modernismo europeo temprano a través de personajes como Apollinaire, Erik Satie, Jean Cocteau y Francis Picabia, todos implicados aquí en el modernismo mexicano. Y esto es solo el comienzo de la compleja disposición de asociaciones buscadas a través de múltiples capas de imágenes, sonidos y sentimientos.
La simple descripción de esta colaboración de dos años, una estrategia en el corazón del proyecto, es lo suficientemente compleja: una banda juvenil de bachillerato (Banda de Guerra Lobos, en el Colegio Hispanoamericano de Ciudad de México), compositores, músicos invitados, diseñadores de vestuarios, varios curadores y un equipo de producción de video. A lo cual hay que agregar las declaraciones realizadas por su relación con el modernismo mexicano, las cuestiones de eficiencia estructural por parte de un Estado administrado a través de sus atavíos simbólicos y pedagógicos, como el militarismo, uniformes, e incluso la educación, para producir un cuerpo de máquina modernista. Tal amplitud produce irónicamente un borde muy fino sobre el que balancearse, no siempre con éxito.

La mayoría de estas itinerancias nómadas, especialmente de artistas jóvenes (por encima de los 30 años), fracasan en su intento de inventar formas que tienen una clara relación con requerimientos de relevancia cultural y (especialmente) sociopolítica. Por supuesto, el lado opuesto de la moneda de la creatividad también es cierto: el arte transformado en documental es demasiado literal. Pero el sentimiento general que aquí se evoca –nos guste o no, el sentimiento (no el sentimentalismo) es la base de la cultura– es establecido exitosamente en el video, parte central de su instalación.
La literalidad viene a través de la filmación en los tres lugares elegidos para las actuaciones de la banda. Dos de ellos claramente marcados por sus conocidos matices políticos en Ciudad de México: el Monumento a la Revolución Mexicana de 1910 y la Plaza de Tlatelolco, más conocida desde 1968 por la masacre de Tlatelolco de estudiantes que protestaban e inocentes espectadores. El tercero es el moderno centro comercial Forum Buenavista, utilizado por el grupo de adolescentes de la banda por obvias conexiones con la globalización internacional de los mercados y el capital. Mi conjetura es que Meyenberg no pasó por alto la ironía de los carteles y las estatuas kitsch de figuras revolucionarias mexicanas en el centro comercial.
Pero esto es de conocimiento local, tanto más poderoso cuando se conocen detalles específicos, ninguno de los cuales se proporcionan explícitamente en la instalación. Aunque podría estar en desacuerdo, entiendo la suposición de que para los artistas tal literalidad disolvería o anularía la expresión creativa. Y aquí es donde la mayoría de los proyectos vacilan porque las asociaciones se afirman, pero ningún sentido equivalente de estas es suficientemente desarrollado. El video de Meyenberg supera eso.
La proyección de video de tres canales, cada uno con su propio monitor colgante y altavoz, fue colocada en un pequeño recinto triangular que obliga al espectador a competir con vistas y sonidos bastante calculados. Una vez más, tales sobrecargas sensoriales generalmente suelen ser fallidas, pero esta deja al espectador con un sentido indiscutible de las cosas. Y resulta ser más importante el sentido general de las “cosas” que las cosas mismas. Y esa es la clave.
La banda tocó en todos los sitios una composición original tonificada militarmente de Alejandro Castaños, en ritmos variados, desde suave a dominante. Sus crescendos eran emocionantes pero pesarosos, debido a la sensación de que el patriotismo se estaba convirtiendo al nacionalismo como una forma de propaganda musical.
La banda y su director fueron filmados en diferentes momentos, marchando y reuniéndose en un acto relámpago (en el centro comercial), vestidos con y sin uniformes, que Meyenberg combinó e intercalo con videos transversales para establecer un sentido caótico que evocara y se opusiera a la precisión militar y su organización. El resultado neto es que el espectador “lo entiende”, el sentido de las cosas, con todos sus equívocos. Esta es la fuerza de lo visual, en un momento cuando, para bien o para mal, reconocemos que el mayor poder está en el sentimiento, más que en los hechos. El buen arte demuestra que los dos no son excluyentes.
Ojalá pudiera decir lo mismo de los otros elementos, como las banderas (la serie Banderas) y algunos artefactos y documentación, pero realmente no son “piernas” útiles como complementos adicionales. Lo más provocativo son las muchas referencias, en otra sala, a las formas biomecánicas de Francis Picabia (La Grand Machine, 2015), que pretendían evocar los argumentos de Meyenberg de “el cuerpo como una máquina” dentro del contexto de ideas de “objetos parciales” del Dadá y el Surrealismo. Los lazos de unión y desarrollo futuro están aquí, pero aún sin la fuerza necesaria.
Los dos años (2014-2016) necesarios para pensar, colaborar y reunirse fueron en gran parte provistos por Meyenberg a través del nuevo espacio de proyectos in/Site, en Casa Gallina, Ciudad de México, donde se provee residencia a artistas comprometidos socialmente para trabajar a través de procesos grupales de dominio público. La instalación, primera muestra personal de Meyenberg en Estados Unidos, fue activamente construida entre el artista y las dos curadoras, Lucia Sanromán –directora de Artes Visuales del Centro Yerba Buena de San Francisco (YBCA), autodenominado Centro Creativo para la Transformación Social– y Gabriela Rangel, jefa curadora de Americas Society, cuya misión es promover el diálogo social a un nivel global. Meyenberg cumplió las expectativas puestas en él por las tres instituciones.
RICH LESLIE
