Exposición Individualsept 2017 - nov 2017· Por Max Hernández-Calvo

Alan Poma

Museo Mario Testino – MATE

La instalación multimedia que Alan Poma presentó en el Museo Mario Testino (MATE), Enemigo de las estrellas, toma su nombre de una obra de teatro experimental escrita por el artista británico Wyndham Lewis en 1914; partiendo de ella, reinterpreta el sentido de las relaciones de oposición y complementariedad de la obra original, apostando más bien por asociaciones inventivas y lúdicas. Dichas asociaciones tienden un puente entre Lewis y el mismo Poma, es decir, entre un artista moderno de la Inglaterra de principios del siglo pasado y un artista contemporáneo del Perú de hoy.

Este tipo de aproximación por parte del artista tiene un precedente claro en La victoria sobre el sol, la adaptación que hiciera Poma en 2011 de la primera ópera futurista del mismo nombre, de 1913 (compuesta por el pintor y compositor ruso Mikhail Matyushin, con libreto del poeta Aleksei Kruchenykh y escenografía de Kazimir Malevich).

Exposición Individual: Alan Poma — imagen 1
Alan Poma. Enemigo de las Estrellas, 2016-2017. Video instalación. Dimensiones variables.

A raíz del descubrimiento del cuadro de Lewis El pájaro y el inca (1933), Poma orientó el proyecto hacia la idea del encuentro entre momentos y lugares completamente ajenos entre sí, bajo el horizonte del futuro.

Para ello, Poma pone en perspectiva sus referentes: para los Incas, Lewis vendría del futuro, pero el presente desde donde Poma ve el vorticismo sería el futuro para dicha vanguardia de comienzos del siglo XX. De hecho, el vorticismo que fundó Lewis (el “Enemigo de las estrellas” fue publicado originalmente en Blast, la revista del movimiento vorticista) llevaba ya la marca del futuro en el papel catalizador que tuvo el Futurismo italiano en sus orígenes. Sin embargo, el futuro al que alude Enemigo de las estrellas no es aquel que pronto ha de llegar, sino más bien el futuro de las estrellas, tan lejano de nosotros en 1914 como en 2017.

Dos proyecciones y tres televisores transforman la galería del museo mediante juegos lumínicos y cromáticos y las imágenes de los videos. Dichos efectos visuales apuntan a un extrañamiento perceptual que nos sitúa simbólicamente en otras coordenadas espacio-temporales.

Poma proyecta un futuro estelar surgido del pasado ancestral y milenario del Perú en la fantástica trayectoria de un “pájaro andino del futuro”, recurso narrativo concebido por el artista que conduce su proyecto. La instalación nos invita a seguir el recorrido de esta ave imaginada –de la que somos una suerte de copilotos–, a manera de una peculiar meditación con tintes psicodélicos.

La secuencia de tomas articula el paisaje andino, el cosmos, ruinas arqueológicas precolombinas y el universo tecnológico (vía imágenes abstractas creadas por computadora), en un viaje en el que convergen lo sideral y lo terrenal, el mundo digital y la naturaleza, el pasado y el futuro.

En cierta forma, este vuelo de 23 minutos corresponde al reconocimiento de unos dominios de dimensiones inabarcables. Geográficamente, su extensión va del espacio exterior a los Andes cusqueños y, temporalmente, comprende el pasado milenario –evocado por las ruinas de Pikillaqta, la Huaca Teteq’aq’a y el complejo arqueológico de Saqsaywaman– y el futuro distante insinuado por los guiños de ciencia ficción de la instalación.

Pero este ámbito también abarca el mundo natural (por ejemplo, la laguna de Urcos), el mundo artificial del presente y futuro (propio de las imágenes digitales) y la cosmogonía andina, emplazada por la idea de este “pájaro andino” que nace del reflejo del sol sobre las aguas de Urcos y recorre templos y fortalezas incas (coincidentemente Saqsaywaman significa “Lugar donde se sacia el halcón”).

Si bien Alan Poma establece nexos imposibles entre espacios y tiempos irreconciliables, al hacerlo los transforma radicalmente. En ese sentido, el viaje que nos propone es uno de descubrimiento: el artista no solo evita la zona arqueológica más célebre del Perú –Machu Picchu–, sino que las vistas cenitales que ofrece de las ruinas registradas las transforma en patrones abstractos de diseño (¿acaso más cerca de las vanguardias artísticas del siglo XX que del pasado milenario o, incluso, de su condición actual de publicidad turística?). Poma sugiere un pasado que ha roto con su pasado (el Incanato, la Conquista) como si lo hubiese olvidado. Pero también propone un futuro que ha roto con su futuro: la expectativa científica y la imaginación cinematográfica (la NASA y la ciencia ficción), porque tiene algo de místico y, paradójicamente, de ancestral.

La trayectoria de Alan Poma es una invitación a recorrer un mundo imaginario donde pasado y futuro se retroalimentan mutuamente, como quien anticipa su nacimiento y, acaso, como quien busca invocarlo.

MAX HERNÁNDEZ-CALVO

Alan Poma, por Max Hernández-Calvo | artnexus