Bienal10 de febrero de 2017

XVII Bienal de Fotografía

"Anacronismo de las imágenes: documentos y recuperaciones" es el título que ha recibido la exposición que presenta a los ganadores y finalistas de la XVII Bienal de Fotografía. Y no es para menos, si se considera la diversidad de campos que definió el perfil de los concursantes y que puede apreciarse en la selección hecha por el jurado, formado por figuras como la gestora Patricia Mendoza, el artista visual Yoshua Okón, la fotógrafa Ivonne Vemegas y los curadores Amanda de la Garza e Irving Domínguez. Estos últimos fueron también los curadores de la exposición, que tiene como eje temático, precisamente, ese anacronismo en el que se confunde el documento histórico o referencial y aquel que define la actualidad siempre cambiante. La selección, que incluye trabajos que van desde lo que puede denominarse técnica mixta hasta la instalación, acaba por tener como común denominador los mecanismos de la imagen impresa: el rastro impreso que deja la exposición de un cuerpo sobre otro, ya sea o no sensible a la luz. Así, las piezas van desde la representación (o derivación) pictórica de la imagen periodística de la serie La pirámide y su sombra de Víctor Sulser hasta la suma de elementos para una narrartiva (el video que documenta la quema de un castillo de fuegos artificiales con la palabra DESAPARECIDOS, acompañado de las cenizas que quedaron y de una instalación que emula en sala el castillo) de la pieza FracturaMX de Bruno Bresami, y la recuperación de escombros físicos y visuales como memoria en el libro objeto, y las cajas de luz que conforman A particular windy day… de Pavka Segura; y los poemas visuales en gran formato armados a partir de la superposición multicromática de tickets de calculadora de las cifras que se discutieron durante el secuestro del artista morelense Jesús Jiménez para su rescate, a los que llamó, literalmente, Apuntes de una negociación; y también el rastro del pelaje del ganado vacuno en las alambradas que recoge Carlos Iván Hernández Álvarez. Debe destacarse que también figuraron artistas que recurrieron a formas de impresión más ortodoxas: la documentación de tejido cutáneo de Adriana Calatayud, la documentación de los restos de un hotel abandonado en Ciudad Juárez que hizo Azahara Gómez y el documento íntimo que hace Abigaíl Marmolejo del espacio que habita con su madre. Brillan entre las menciones la instalación Punto ciego de Isolina Peralta, armada con instantáneas turísticas mal tomadas y páginas transcritas de su diario, y la narrativa tan violenta como entrañable que crea Mauricio Palos con las fotografías de La familia Hernández de Guerrero y Queens. El primer premio fue otorgado a Sofía Ayarzagoita por Cada noche temo ser la cena, serie fotográfica que retrata el colorido de la vida de los migrantes, y a Diego Berruecos, quien emula a Ed Ruscha con 26 Used To Be Gasoline Stations in México. La exposición ha causado polémica y controversia en redes sociales entre fotógrafos, artistas y críticos. El fotoperiodista Ulises Castellanos descreyó y descalificó la exposición desde su columna en el periódico El Universal ("Amarga Navidad", 17 de diciembre de 2016) por no atenerse a los cánones que determinaron la fotografía construida y documental hasta finales del siglo pasado, pero fue ponderada desde la revista Código, donde Iván Ruiz dijo que no es tanto una ruptura como "una sobreposición temporal con un hecho intolerable" para los retrógrados c...

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