Guillermo Paneque, el curador de esta exposición, es un artista que por serlo se diferencia del común de los curadores actuales que suelen ser críticos, historiadores de arte o directamente especialistas en la organización y el montaje de exposiciones. El dato es importante porque determina el carácter de esta exposición colectiva realizada en las salas de exposiciones situadas en la sede de Iberdrola, un rascacielos diseñado por el arquitecto argentino César Pelli situado junto al Museo Guggenheim de la ciudad de Bilbao, en España. Paneque no ha pretendido representar una escuela o una tendencia artística, ni darnos una muestra representativa de una etapa o de una coyuntura importante de la historia del arte mexicano, sino simplemente ofrecer una visión muy personal del arte y de la cultura mexicanos que se corresponde bien con el título elegido. Porque lo que él ejecuta son "variaciones" sobre un tema tan amplio e inabarcable como es el propio México. Que es ciertamente un país pero también un "oscuro objeto del deseo" –para decirlo con el título de una de las mejores películas de Luis Buñuel– que ha atraído sobre sí la mirada soviética de Serguei Eisenstein, la surrealista de Antonin Artaud, André Breton y Leonora Carrington, o la constructivista de Josef Albers, para mencionar solo las más sobresalientes entre todas las de quienes sintieron fascinación por el país azteca. La mirada que Paneque arroja sobre México es la de un artista posmoderno que no hace distinciones entre etapas históricas, géneros, escuelas o tendencias y que por lo tanto es capaz de reunir en el mismo espacio expositivo esculturas precolombinas provenientes del Museo Nacional de Arte de Ciudad de México, libros de naturalistas y viajeros europeos, fotografías anónimas de escenas campesinas o callejeras, fósiles, artesanía popular, piezas de los muralistas mexicanos, obras de artistas modernos y de artistas contemporáneos. Eso sin contar al cine, que está representado por citas, documentales y películas de cineastas como el mencionado Buñuel, Gabriel Figueroa, Alfredo Robert o Carlos Reygales. Y sin limitarse a los artistas mexicanos: de hecho, hay pinturas del español Ignacio Zuloaga, del austríaco Arnulf Rainer o del canadiense Alan Glass, fotografías de la italiana Tina Modotti, un video del belga Julien Devaux y una pintura de campo expandido de su compatriota Francis Alÿs, entre otros. Paneque ha intentado ordenar este conjunto heterogéneo dividiéndolo en los siguientes capítulos: La mirada inquieta, Travesías, A punto de suceder, Ritos, Fósiles, Cajas de doble fondo, El objeto redimido, Como una pintura nos iremos borrando y Epílogo. Y ha logrado notables puntos de intensidad con los videos de Edgardo Aragón, Joachim Koester y Chantal Peñalosa, una videoinstalación de Teresa Margolles y una de las ya clásicas esculturas de Damián Ortega compuesta por un Volkswagen deconstruido: Ghost. El catálogo de esta exposición es un libro. Se titula México: ensayo de un mito, y los escritos y ensayos de dieciocho intelectuales reunidos en él se dedican a explorar y diseccionar ese mito viviente.