El libro Une passion mélancolique selon Frida Kahlo, escrito por Christine Frérot, hace parte de la serie “Le roman d’un chef-d’œuvre” de la editorial Ateliers Henry Dougier, de París, la cual presenta obras maestras de la historia del arte en forma de novela. En este caso, Frérot combina la narrativa romántica y sus conocimientos sobre el arte mexicano, en un texto que presenta la vida y la obra de la icónica Frida.
A partir de la descripción y el análisis de una de sus pinturas más complejas, El abrazo de amor del Universo, la Tierra (México), yo, Diego y el señor Xólotl, de 1949, la autora, personificando a Diego Rivera, relata la historia de la artista en capítulos cortos, sin seguir necesariamente un orden cronológico.
A modo de introducción, Diego (Frérot) describe los principales elementos representados en el cuadro: Frida, vestida con un traje rojo de tehuana, sosteniendo en sus brazos a un Diego con cuerpo de bebé y cabeza de adulto; México, con su vegetación tropical y su arte precolombino, y uno de sus perros, el señor Xólotl. De igual forma, hace un detallado análisis de la composición y de su compleja simbología, la cual está ligada a la vida de la artista y a su arraigo por la tierra y la cultura mexicanas. La artista compila en esta imagen los distintos temas que representa en su obra pictórica: su relación con Diego, el amor, la traición, su pasión por México, su interés por el pasado precolombino, y las dificultades y los sufrimientos que experimenta a lo largo de su vida por problemas de salud.
En el segundo capítulo, Diego relata brevemente sus inicios como pintor y la forma como conoce a Frida. De ahí en adelante, se dedica a narrar experiencias, viajes y encuentros con personajes del ámbito político y artístico que de una u otra forma marcan sus vidas y el desarrollo de sus obras pictóricas.
En forma afectiva, Diego explica cómo, siendo muy joven, Frida quedó inmovilizada por varios meses, debido a un accidente. Por esa razón, comenzó a escribir y a pintar. Citando el diario y cartas de la artista, describe los inicios de su relación de pareja y los altibajos que experimentaron a lo largo de sus vidas. Diego comparte con el lector detalles sobre las dolencias físicas y emocionales que afectan a la artista, en especial, las relacionadas con sus infidelidades, y cómo estas definen el carácter íntimo y autobiográfico de sus autorretratos.
Entre las experiencias que la marcaron significativamente, menciona el viaje realizado por la pareja a Estados Unidos en la década de los treinta, durante el cual Frida sufre un aborto y múltiples desilusiones por las infidelidades de Diego.
Uno de los capítulos más importantes, titulado “Frida, Trotski, Breton: política, romance y manifiesto”, presenta dos temas fundamentales. Por un lado, el comunismo, con el cual Frida y Diego se identifican, y por otro, el surrealismo, con el cual Frida ha sido asociada, a pesar de no considerarse una pintora surrealista ni identificarse con los postulados de su manifiesto.
Con respecto al desarrollo profesional de Frida, Diego habla sobre los viajes realizados por ella a Estados Unidos y Francia a finales de la década de los treinta. En Nueva York, presentó una exitosa exposición individual (1938). En París, invitada por André Breton, expuso en una muestra colectiva (1939), pero tuvo poco reconocimiento. Pasó más de una década hasta que realizó su primera muestra individual en México (1953).
A pesar de las múltiples separaciones e infidelidades por parte de ambos, existieron entre Diego y Frida un gran amor y una mutua admiración. La obra de Frida es, esencialmente, autobiográfica e intimista, mientras que la de Diego se caracteriza por ser, sobre todo, un testimonio histórico de las luchas políticas y sociales. Ambos comparten el gusto por el mundo indígena, el arte precolombino y el arte popular, representados en muchas de sus obras.
Al final, Diego (Frérot) hace un análisis de la representación pictórica que cada uno hace del otro. El muralista incluye el retrato de Frida en varios de sus murales, representándola como una mujer luchadora e independiente, pero también como una artista que, con paleta en mano, hace parte de la historia de México. Por su parte, Frida lo representa de distintas formas, según el estado de su relación, comenzando con el cuadro que los inmortaliza como pareja, titulado Frida y Diego Rivera (1931), y finalizando con El abrazo de amor del Universo... (1949), en el cual ella aparece como una figura materna que sostiene en sus brazos a Diego, quien siempre, de una u otra forma, ocupó el centro de su constelación.
El libro culmina con una breve posdata que menciona la donación que hizo Diego Rivera al pueblo mexicano después del fallecimiento de la artista, en 1954, la cual incluyó su colección de objetos precolombinos y la Casa Azul, en la que residió Frida en Coyoacán. La publicación incluye un apéndice con citas de varios autores relacionadas con El abrazo de amor del Universo..., una cronología de la vida de la artista, una corta bibliografía y la lista de obras de Frida Kahlo mencionadas en el texto.