Nota de Arte4 de febrero de 2019

Trío Loxon PROA21Celebración de la pintura

PROA21 es el nuevo espacio de experimentación, investigación y exhibición de Fundación Proa, a unos cien metros de su sede original, junto a la calle Caminito; su frente con chapa acanalada sigue la tradición arquitectónica del barrio de La Boca. Allí estaba el taller de los maestros Fortunato Lacámera, Miguel Ángel Victorica, Julio Vergottini y Quinquela Martín (con museo propio en las cercanías). Posee dos pisos y dos instancias de trabajo, una de laboratorio con novísimos artistas que realizan obras de sitio específico y otra de exploración histórica sobre el arte argentino, para –en palabras de Santiago Bengolea, director de PROA21– "hacer visibles los hilos de continuidad entre las diferentes generaciones". Abrió sus puertas con una exposición de jóvenes artistas y obras experimentales en su jardín y con "Proyecto para el día que me quieras" del artista visual, escritor y realizador argentino Leandro Katz, que estudiaba el vínculo entre el documento fotográfico y la historia. En esa misma línea, actualmente exhibe Trío Loxon, obras del grupo conformado durante los años ochenta por los artistas Rafael Bueno, Guillermo Conte y Majo Okner, que surgieron de la escena alternativa de Buenos Aires. Pinturas, fotos y material del grupo Loxon dialogan con trabajos de artistas actuales como Juan Becú, Nahuel Vecino, Claudia Zemborain, y otros. Se trata de revisitar e intentar "recuperar el gesto vanguardista de estos artistas, para a su vez trazar líneas de transferencia, de tradiciones o de herencias discontinuas que apelen a las prácticas contemporáneas", tal como apunta Bengolea. En Argentina se vivió durante la década del ochenta un momento de recuperación de la pintura, caracterizado por la conciliación y la mezcla de distintos estilos artísticos anteriores. Entonces, tuvieron preponderancia corrientes como la transvanguardia y el neoexpresionismo. Esos años marcaron la vuelta a la democracia de muchos países de América latina, como en Argentina en 1983, luego de la derrota militar frente a Gran Bretaña en la guerra de las Malvinas (1982). Las obras del grupo Loxon fueron mayormente intervenciones y performances de tinte neoexpresionista, realizadas en vivo en el entonces reconocido Café Einstein y en La Zona –un subsuelo que fue taller de Bueno y terminó convertido en punto de reunión y acción del trío y otros– con pintura de látex, acrílico comercial utilizado para paredes interiores, marca Loxon, sobre plástico transparente. Fue un trabajo colaborativo que no fue pensado para perdurar ni tampoco para buscar un estilo, una marca propia. Se desarrolló como experiencia liberadora, como gesto performático. Compartieron el escenario con músicos y actores. Híbridas y efímeras, las expresiones del grupo celebraron la pintura y enriquecieron la escena porteña al calor de los aires democráticos que hicieron florecer las artes visuales, el teatro, la música, las publicaciones, la moda, la apertura sexual.
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