Colectiva9 de julio de 2009

TRANz

Desde hace varios años Gustavo Zalamea viene organizando una serie de exposiciones colectivas que giran en torno a un tema o a un concepto específico que actúa como detonante para la realización de obras muy diversas. La escogencia de los participantes se ha venido haciendo bajo el criterio de ¿curaduría blanda¿ que pone en cuestión la selección rigurosa y funciona más como una convocatoria abierta, en la que han participado artistas y personas provenientes de otras disciplinas. Este criterio parece acorde a su concepción del arte contemporáneo en términos de ¿un catalizador, fundador y constituyente de un territorio de libertad donde no hay normas inflexibles.¿ Este nuevo proyecto contó con la participación de trece invitados y se articuló en torno al concepto de ¿transposición¿ a partir de la pintura La isla de los muertos de Böcklin. La exposición se realizó en el primer piso del museo lo que permitió ubicar las obras en cuatro espacios, cada uno con su propio carácter. La imagen que convoca a los artistas es poderosa, es una de las más potentes del romanticismo que con el manejo de la luz y la sombra, con su iconografía, así como con su título que fue puesto por un galerista, nombra la condición finita del hombre que tanto perturbó a los hombres de la época. Pero hoy, cuando tenemos tanta información acumulada, cuando estamos poseídos por un cierto desencanto del mundo y tenemos derecho a mirar el mundo con una cierta ironía, esa imagen sublime se convierte en la posibilidad de hacer múltiples comentarios, como de hecho lo hicieron los invitados a esta muestra. Afín a esa misteriosa atmósfera romántica, una de las salas estaba completamente en penumbra y albergaba tres obras, todas dispuestas sobre el piso y cada una con su propio foco de luz. A la derecha una pintura de Gustavo Zalamea iluminada por una lámpara de mesa que se había colocado detrás de la tela, repetía el impacto lumínico que caracteriza la pintura de Böcklin. En el centro de la sala, la vídeo instalación de Nelson Vergara, daba otra versión del paisaje: la pantalla de un televisor mostraba las ondulaciones de un mar embravecido con imágenes en blanco y negro, delante de él, un ciprés dentro de una matera, parecía un testigo mudo mientras una multitud de cables regados por el piso de la sala lo rodeaban a la manera de un ¿mar de tecnología¿. El extraño silencio de esta obra, donde se veía rugir el mar pero no se escuchaba ningún sonido, hacía un juego interesante con el trabajo sonoro de Mauricio Bejarano dispuesto al otro extremo de la sala. Allí una pequeña luz iluminaba un bafle puesto sobre el piso, cubierto de sal marina excepto en el centro, este vacío conformaba una especie de isla negra de la que emergía una voz que con tono misterioso pronunciaba la palabra isla; el sonido se expandía por la sala que tenía una atmósfera solitaria. Esta sala misteriosa que con humor y en penumbra evocaba el espíritu romántico, contrastaba con la placidez y la luminosidad de la sala principal donde estaban dispuestas dos poltronas para que el visitante se sentara cómodamente a ver el vídeo de Gustavo y Julián Zalamea, titulado TRANz REM. Este vídeo recoge imágenes y lugares que hacen parte del contexto en el que se mueve Gustavo Zalamea: su casa, su familia, el perro, ¿una nevera que no lo conoce¿; así como la Universidad Nacional, que aparece como locación, y también la escuela de arte está presente a través de objetos como una Venus de peluche rojo de Rodolfo Galindo, una columna trunca de Miller Lagos, que son referencias sobre el arte, realizadas desde el arte. Como un elemento constante del video está una partida de ajedrez y un televisor prendido. La pantalla trae escenas del cine: Hitchicock, Bergman de quien se muestra una escena de El Último sello, donde el protagonista juega ajedrez con la muerte. Estas imágenes se desdoblan, se suceden y frecuentemente aparece la Isla de los muertos gracias al montaje que sigue una estructura que evita la narraci...
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