La exposición, comisariada por Elizabeth Thompson Goizueta, que puede visitarse hasta el 29 de septiembre de 2024, examina a los artistas y la producción artística del Taller de cerámica de Santiago de Las Vegas, de 1949 a 1959, un espacio ubicado en las afueras de La Habana. Una década de experimentación artística, principalmente por parte de mujeres ceramistas poco conocidas, tuvo profundas repercusiones tanto en la aceptación de la cerámica como una forma de bellas artes en Cuba, así como en la relación simbiótica que floreció entre las ceramistas y los pintores, en su mayoría hombres, que visitaban el Taller para aprender el oficio. Los pintores, a su vez, aplicaron nuevas técnicas y metodologías a su producción bidimensional, considerada hoy sinónimo de vanguardia cubana.
Al frente del Taller estaba un médico, Juan Miguel Rodríguez de la Cruz, que formaba y cocía la cerámica y contrataba principalmente a mujeres, muchas de ellas educadas en la prestigiosa Academia San Alejandro y otras escuelas de Bellas Artes, para decorar las piezas. Estas ceramistas crearon sus propios estilos, estableciendo un movimiento artístico que obtuvo reconocimiento nacional e internacional. Rebeca Robés Massés, Marta Arjona, María Elena Jubrías, Mirta García Buch, Amelia Peláez y muchas otras fueron ceramistas clave en el Taller. Además, acogieron la participación de renombrados pintores modernistas, como René Portocarrero, Wifredo Lam, Raúl Milián, Luis Martínez Pedro y Mariano Rodríguez.
“La generación perdida. Mujeres ceramistas y la vanguardia cubana” muestra por primera vez muchas de las mejores cerámicas del Taller en conversación con docenas de pinturas de Peláez, Portocarrero, Lam, Martínez Pedro, Mariano y otros. La exposición está organizada por el McMullen Museum of Art del Boston College. Para más información, visite:
The Lost Generation | Patricia & Phillip Frost Art Museum (fiu.edu)